El monte Fuji registró su última erupción hace más de tres siglos, el 16 de diciembre de 1707, en un episodio que se alargó unas dos semanas. Aunque actualmente no hay señales que apunte a una activación inminente, sigue siendo un volcán activo y, por eso, las autoridades japonesas revisan periódicamente los protocolos de actuación ante una posible erupción.

Con 3.776 metros de altura y un volumen próximo a los 500 kilómetros cuadrados, el Fuji es no solo la montaña más alta de Japón, sino también el volcán mayor del país, que cuenta con 111 volcanes activos repartidos por su territorio. Su magnitud hace que una eventual erupción pueda tener un gran impacto más allá de las prefecturas de Shizuoka y Yamanashi, afectando también Tokio e incluso zonas de China.

Una gran columna de ceniza

Las simulaciones señalan que una gran columna de ceniza podría expandirse hasta 110 kilómetros a la redonda, con graves consecuencias: alteraciones en el transporte aéreo, terrestre y marítimo; interrupciones en las telecomunicaciones y el suministro eléctrico; y problemas de salud vinculados a la inhalación de partículas e irritaciones cutáneas.

Para sensibilizar la población, el gobierno japonés ha presentado un nuevo portal web y un vídeo que explican estos posibles escenarios. La iniciativa se estrenó el 22 de agosto, coincidiendo con los días previos a la jornada nacional dedicada en la preparación ante desastres volcánicos, conmemorada el 26 de agosto.