Los medios controlados por el Estado ruso y los comentaristas afines al Kremlin han encontrado en el interés reiterado de Donald Trump por Groenlandia un nuevo hilo narrativo para erosionar la credibilidad de la OTAN y desacreditar los fundamentos de la soberanía europea en el Ártico. En los últimos días, diarios y canales oficiales han intensificado los comentarios que presentan las ambiciones norteamericanas sobre la isla como un precedente de anexión forzada y como una prueba de la fragilidad de la alianza atlántica.
Según recoge la televisión danesa TV 2, el diario Komsomolskaya Pravda, uno de los principales rotativos populares de Rusia y habitual altavoz de la línea del Kremlin, ha llegado a especular que Trump se “regalará” Groenlandia este mismo año como obsequio de cumpleaños, cuando cumpla 80 años el próximo 14 de junio. El tono irónico esconde, sin embargo, una lectura política mucho más agresiva.
El mismo diario compara explícitamente la estrategia de Trump con el Anschluss, la incorporación de Austria a la Alemania nazi en 1938. “Trump está preparando un ‘Anschluss polar’ rápido”, afirma el rotativo, utilizando un paralelismo histórico cargado de simbolismo y destinado a situar a Estados Unidos en el papel de potencia expansionista sin escrúpulos.
La propaganda rusa
Esta retórica no es nueva en el ecosistema mediático ruso, pero gana peso en un contexto de tensiones crecientes en el Ártico y de redefinición de los equilibrios geopolíticos globales. La posible anexión o compra de Groenlandia por parte de Washington —una idea que Trump ya había planteado durante su primer mandato— es presentada como una muestra de que el derecho internacional solo se aplica cuando conviene a Occidente.
En paralelo, diversos medios estatales insisten en que la OTAN se encuentra al borde del colapso. Según esta narrativa, la presión estadounidense sobre un territorio bajo soberanía danesa evidenciaría que la alianza es incapaz de garantizar la seguridad de sus propios miembros ante las ambiciones de Estados Unidos. El mensaje implícito es claro: si Washington puede amenazar Groenlandia, ningún socio europeo está realmente protegido.
Otro diario oficial, Rossiyskaya Gazeta, va aún más allá y cuestiona directamente la legitimidad de Dinamarca sobre la isla. Según el rotativo, el derecho danés en Groenlandia se fundamenta exclusivamente en un pasado colonial en el que “prevalía la ley del más fuerte”. Una interpretación que encaja con el relato ruso de desacreditar el orden internacional surgido después de la Segunda Guerra Mundial.
En un artículo publicado por el diario, el senador ruso Andrei Klisjas ridiculiza abiertamente Copenhague. "¿Quién considera fuerte hoy a Dinamarca, ese enano político charlatán?", se pregunta, en un ataque que combina desprecio personal y deslegitimación institucional. El mensaje apunta tanto a Dinamarca como, indirectamente, a la Unión Europea.
¿Qué implica esta ofensiva mediática?
Para los analistas, esta ofensiva mediática responde a varios objetivos. Por un lado, Moscú busca explotar cualquier fractura dentro del bloque occidental para reforzar la idea de que las normas internacionales son arbitrarias e hipócritas. Por otro lado, la comparación con el Anschluss nazi pretende neutralizar las críticas occidentales al expansionismo ruso, especialmente en el caso de Ucrania, mediante una estrategia de espejo: acusar al otro del mismo pecado.
En este sentido, Groenlandia se convierte en un símbolo útil. No por su futuro inmediato, sino como escenario discursivo donde el Kremlin puede presentar a Estados Unidos como una potencia imperialista más y a Europa como un actor débil, dependiente e incapaz de defender su propia soberanía.