El papa León XIV ha reivindicado este domingo la voluntad de la Iglesia de mantener un papel activo en los grandes debates del siglo XXI y de continuar dialogando con la sociedad contemporánea para afrontar los desafíos de la modernidad. Durante el encuentro Tejer Redes celebrado en el Movistar Arena de Madrid con representantes del mundo de la cultura, el arte, la economía y el deporte, el pontífice ha advertido de los riesgos de una sociedad cada vez más centrada en la producción y la tecnología, pero menos preocupada por el sentido último de sus acciones. En este contexto, ha alertado de que el mundo actual corre el peligro de convertirse en una comunidad de "expertos en los medios y eficaces para producir, pero inciertos sobre el porqué, para qué, con quién y para quién se produce". Ante este escenario, ha defendido que "la Iglesia, consciente de sus aciertos y sus errores a lo largo de la historia, anhela permanecer en diálogo con el mundo contemporáneo".
El pontífice ha situado este diálogo como una herramienta indispensable para construir una sociedad más cohesionada y orientada al bien común. León XIV ha insistido en que "la Iglesia no se desentiende de nada de lo que es verdaderamente humano" y ha reivindicado el papel de la institución en ámbitos que van mucho más allá de lo estrictamente religioso. "En el ADN de la humanidad está radicado el deseo de bien, belleza y verdad y es a partir de esta aspiración profundamente humana que la Iglesia propone caminos para una vida digna", ha afirmado. En este sentido, ha recuperado las palabras de San Pablo VI ante las Naciones Unidas para defender que la misión de la Iglesia continúa estrechamente vinculada a las inquietudes y necesidades de la sociedad.
"¿Qué herencia estamos dejando al futuro?"
León XIV también ha proyectado la reflexión hacia el futuro y ha invitado a los asistentes a cuestionarse qué legado se está construyendo para las próximas generaciones. "Surge una pregunta: ¿qué herencia estamos dejando al futuro y, por lo tanto, qué tipo de comunidad estamos construyendo?", ha planteado el Papa, que ha reconocido la gran capacidad de los seres humanos para "producir, innovar y comunicar", pero ha advertido de que este progreso solo tiene sentido si va acompañado de una reflexión ética y comunitaria. Por ello, ha defendido la necesidad de "tejer redes" basadas en la cooperación y la responsabilidad compartida ante los retos sociales, económicos y culturales del presente.
En la parte final de su intervención, el pontífice también ha mirado atrás para reivindicar la influencia del cristianismo en la configuración de la identidad europea. Recordando figuras como Tomás de Aquino, ha insistido en que "tejer redes significa servir de manera desinteresada" y se ha preguntado hasta qué punto Europa sería hoy la misma sin la huella espiritual que ha marcado su historia. "¿Es posible creer que la Europa que tanto amamos sería ella misma sin la huella de la fe? ¿Por qué temer que la eternidad impregne la cotidianidad?", ha planteado. Finalmente, ha recuperado una de las expresiones más conocidas de sus predecesores: "No tengáis miedo, abrid de par en par las puertas a Cristo. Jesucristo no nos quita nada y nos lo da todo".
