La misión Artemis II, que el pasado martes completó su periplo lunar que la llevó a la cara oculta del satélite, culminará el regreso a la Tierra en unas horas, después de haber hecho historia llevando de nuevo a la humanidad hasta la Luna 54 años después. Los cuatro tripulantes de la nave Orion, Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, regresarán a casa diez días después del despegue, pero antes deberán superar uno de los momentos más críticos y peligrosos del viaje: un descenso vertiginoso que durará apenas 13 minutos y en el que cualquier desviación podría resultar fatal. En este tiempo, la nave Orion pasará de viajar en el vacío del espacio a precipitarse hacia el océano Pacífico, frente a las costas de San Diego (California). La cápsula impactará contra la atmósfera terrestre a 40.000 km/h (aproximadamente 30 veces la velocidad del sonido, o Mach 32), descendiendo a 10.600 metros por segundo, con la nave convertida literalmente en una bola de fuego. El momento del amerizaje está previsto a las 20.07 de este viernes, hora de la costa este de EE. UU. (2.07 de la madrugada del viernes al sábado, hora peninsular). La cobertura oficial y gratuita de la NASA comenzará unos 90 minutos antes del amerizaje. Se podrá seguir en directo, con comentarios de expertos, a través de la plataforma NASA+, el canal oficial de YouTube y la web de la agencia espacial.
Un desafío extremo contra las leyes de la física
Los expertos de la NASA consideran que el reingreso y el amerizaje del Orion son la fase más crítica de Artemis II porque concentran, en unos 13–14 minutos, casi todos los riesgos más exigentes de la misión: calor extremo, fuerzas G elevadas, posibles fallos del escudo térmico o de los paracaídas, pérdida de comunicaciones y una recuperación compleja en mar abierto. Esta velocidad generará temperaturas superiores a los 2.760 °C en la superficie exterior de la cápsula, poniendo a prueba de manera intensa el escudo térmico. Durante el descenso, los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen experimentarán fuerzas de hasta 3,9 G (casi cuatro veces la gravedad terrestre), con picos que podrían llegar hasta 7-7,5 G en situaciones de contingencia. El margen de entrada en la atmósfera es extremadamente reducido. Si el ángulo es demasiado bajo, la nave podría rebotar y quedar atrapada en el espacio. Si es demasiado pronunciado, los riesgos térmicos y estructurales aumentan de manera crítica. Para ajustarlo con precisión, se realizará una última maniobra unos 16,5 minutos antes de la reentrada, clave para garantizar una trayectoria segura. Una vez dentro del corredor de reentrada, durante este descenso extremo, la fricción con la atmósfera generará un plasma sobrecalentado alrededor de la cápsula, que bloqueará las comunicaciones con Houston durante unos seis minutos. Durante este período en el que la nave pasa por el temido “apagón de comunicaciones”, los astronautas permanecerán en silencio absoluto, con la cabeza inclinada hacia abajo para mantener la referencia del horizonte, mientras supervisan constantemente los sistemas de la nave. La incertidumbre no se disipará hasta que los 11 paracaídas se abran de manera progresiva y reduzcan la velocidad de la nave hasta los 27 km/h, lo que permite un amerizaje suave.
Cambios en el escudo térmico y en el ángulo de entrada
Una de las grandes incógnitas es cómo se comportará el escudo térmico de la nave Orion, que es la principal y única barrera entre la tripulación y las temperaturas extremas de la reentrada. La NASA ha diseñado la base de la nave con un material ablativo avanzado, que se consume progresivamente para disipar el calor. Durante la misión no tripulada Artemis I, en 2022, el escudo térmico protegió correctamente el interior de la nave, pero no se comportó exactamente como se esperaba: el material se desprendió de manera irregular durante el descenso. Este problema obligó a la NASA a llevar a cabo una investigación exhaustiva y fue uno de los principales motivos del retraso de Artemis II hasta este año. Ahora, con la misión en marcha, la atención se centra en comprobar que las mejoras introducidas garantizan un retorno seguro de la tripulación, en uno de los momentos más críticos de todo el viaje.
Además, después de los problemas técnicos del escudo térmico en el Artemis I (más de 100 puntos de grietas y desprendimientos de material), la NASA tomó una decisión clave: abandonar la técnica de skip reentry (entrada con rebote) utilizada en 2022. En lugar de rebotar contra las capas altas de la atmósfera para enfriarse de manera progresiva, la Orion hará una reentrada directa, con un ángulo más pronunciado de -5,8°. Este cambio elimina el rebote que provocaba una acumulación de calor en el interior del escudo térmico y prioriza así la seguridad de la tripulación.
Conscientes de los riesgos, pero no les deja dormir
En una rueda de prensa pocas horas antes del regreso, el piloto Victor Glover y el comandante Reid Wiseman confesaron que la idea de “montar en una bola de fuego a través de la atmósfera” no les deja dormir desde que fueron asignados a la misión en el 2023. Los tripulantes son muy conscientes de que un solo error en el ángulo de reentrada podría hacer que la nave rebote hacia el espacio o se desintegre, lo que hace que este tramo sea extremadamente tenso para ellos. Han estado preparados para este momento, y también sus familias. “Desde que empecé en el programa… hemos estado hablando con el equipo sobre este problema en todo momento y nos han acompañado en la investigación”, ha asegurado Amit Kshatriya, administrador asociado de la NASA, que ha explicado que los riesgos que conlleva el amerizaje de este viernes se han analizado desde el inicio del proceso. Además, ha añadido que la tripulación ha hablado de cualquier riesgo con sus seres queridos. “Sé que están bien preparados… el coraje que demuestran las familias durante estas misiones es tan grande o incluso más que el que demuestra la tripulación cuando va”.
Amit Kshatriya ha asegurado que la NASA confía en que el amerizaje será un éxito. “Todos los sistemas que hemos puesto a prueba en los últimos nueve días —soporte vital, navegación, propulsión y comunicaciones— dependen de los últimos minutos de vuelo”, ha explicado. “Tenemos plena confianza en el sistema, en el escudo térmico, en los paracaídas y en los mecanismos de recuperación que hemos desarrollado. La ingeniería lo avala, igual que los datos de vuelo de Artemis I, las pruebas en tierra y nuestros análisis”, ha añadido. Sin embargo, Kshatriya ha reconocido que los astronautas pondrán «sus vidas en juego con esta confianza”.
Las etapas del descenso y el amartizaje
Jeff Radigan, director de vuelo de Artemis II, ha detallado la secuencia del amerizaje. En primer lugar, el módulo de tripulación y el módulo de servicio se separarán hacia las 18.33 horas (horario de la costa este; 7 horas más en la península). “Haremos una maniobra para alejar ligeramente el módulo de tripulación del módulo de servicio mientras inicia el descenso”, ha explicado. La tripulación entrará en un período de inactividad a las 18.53 h y, unos diez minutos más tarde, a las 19.03 h, se desplegarán los paracaídas de frenado. Acto seguido, a las 19.04 h, se abrirán los paracaídas principales. Finalmente, el despliegue completo de los paracaídas permitirá reducir la velocidad hasta el amerizaje, previsto para las 19.07 h. Los tripulantes se comunicarán con el centro de control y con los equipos de recuperación (helicópteros, barcos y buzos) para confirmar el estado de los sistemas, la ausencia de fugas o gases peligrosos (como amoníaco del sistema de refrigeración), y el estado de salud básico. Se instalará un collar inflable para estabilizar la cápsula, y una balsa inflable bajo la escotilla lateral que servirá de plataforma para extraer a la tripulación. Solo después de confirmar que es seguro acercarse y abrir, se autorizará la extracción, se abrirán las escotillas y los astronautas serán extraídos de la cápsula uno a uno, ayudados por los buzos, y subirán a la balsa y luego serán trasladados en helicóptero hasta el USS John P. Murtha, el barco de recuperación, para las evaluaciones médicas.
