Dar clase con más de 30 grados en el aula ya no es una excepción, sino una realidad cotidiana en centenares de centros educativos catalanes. La plataforma Aules que Cremen denuncia que 185 de los 287 centros escolares que monitoriza superaron este martes los 30 grados de manera sostenida, una situación que considera incompatible con unas condiciones mínimas de salud y bienestar para alumnos y docentes. Los datos son todavía más contundentes si se miran aula por aula. Según los registros de la plataforma, 614 de las 628 aulas monitorizadas superaron los 30 grados, es decir, casi el 98% de los espacios analizados. El colectivo alerta de que estas temperaturas vulneran las recomendaciones sanitarias y convierten las escuelas en espacios especialmente vulnerables durante los episodios de calor extremo. Este miércoles, coincidiendo con una nueva jornada de temperaturas disparadas, algunos centros han registrado valores propios de una ola de calor en plena calle. Según los datos recogidos por la plataforma, el Institut Santa Eulàlia de l'Hospitalet de Llobregat ha llegado a los 40,1 grados poco antes de las dos del mediodía, mientras que el Institut de Terrassa ha marcado 39,7 grados. Otros centros tampoco se han escapado del calor sofocante. El Institut Bisbe Sivilla de Calella ha registrado 38,7 grados y el Institut Castellbisbal, 37,8.
El #Top10 de la vergonya d'avui.
— Aulesquecremen (@aulesquecremen) June 16, 2026
Avui, 185 escoles de les quasi 300 que monitorem han superat els 30 graus.
Fins quan @educaciocat ? Fins quan @treballcat ? pic.twitter.com/VjguR2wp4Z
La situación no es puntual. Los datos acumulados de los últimos siete días muestran episodios todavía más extremos. Si se miran las temperaturas de los últimos siete días, la recopilación muestra una temperatura máxima de 43,9 grados en la Escola Rocafonda de Mataró, pero la hora a la que se alcanzó eran las 18:15, fuera del horario escolar. En la Escola Àngels Garriga del Vendrell, por ejemplo, se registraron 41,5 grados a las 9:37 de la mañana, en pleno horario lectivo.
¿Qué temperatura debería haber en las aulas?
La plataforma recuerda que la normativa laboral establece que, en espacios de trabajo sedentarios, la temperatura debería oscilar entre los 17 y los 27 grados. Aunque esta regulación está pensada para entornos laborales, Aules que Cremen considera que es una referencia clara del riesgo que comporta dar clase con temperaturas muy superiores. Además, diversas sociedades médicas y pediátricas alertan de que el calor excesivo afecta la concentración, el aprendizaje y el rendimiento académico, e incrementa el riesgo de deshidratación, mareos y golpes de calor, especialmente entre niños y adolescentes.
Sensores para combatir la "opacidad"
Para documentar la situación, la plataforma ha desplegado una red de sensores en casi 300 centros educativos de Catalunya. Los datos se publican en tiempo real en una página web abierta al público. Los impulsores de la iniciativa explican que el objetivo es disponer de información objetiva ante lo que consideran una falta de transparencia de las administraciones sobre las condiciones climáticas en los centros escolares. La plataforma asegura que presentará notificaciones y "denuncias masivas" ante la Inspección de Trabajo cada vez que se detecten incumplimientos de los límites de temperatura. También defiende que los centros tienen cobertura legal para interrumpir la actividad o evacuar determinados espacios cuando el calor ponga en riesgo la salud de los alumnos y del personal. Aseguran que ejercerán el derecho a detener la actividad cuando se ponga en riesgo la salud, siguiendo la Ley de prevención de riesgos laborales y la legislación de protección del menor.
Un problema que va más allá de una ola de calor
El debate llega en un momento en que los expertos alertan de que los episodios de calor extremo serán cada vez más frecuentes a causa del cambio climático. Muchos centros educativos catalanes, construidos décadas atrás, no disponen de aislamiento adecuado, sistemas de climatización o espacios adaptados a las nuevas condiciones meteorológicas. Por ello, las entidades que impulsan la campaña reclaman medidas estructurales e inversiones urgentes para adaptar las escuelas a un clima cada vez más cálido. Mientras tanto, miles de alumnos continúan terminando el curso en aulas que, en algunos casos, ya se parecen más a un invernadero que a un espacio para aprender.
