Las diferentes olas de calor que afectan Catalunya tendrán sin duda su efecto en la presencia de setas en el Pirineo, como ya ha pasado otros años marcados por las altas temperaturas y la sequía. Precisamente del Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya (CTFC) tiene en marcha un estudio cuyos resultados preliminares apuntan que el cambio climático podría reducir hasta un 20% la producción de setas en los bosques del Pirineu de aquí a 2040. El estudio también sostiene que una gestión forestal adecuada podría frenar esta pérdida entre un 8% y un 10% y, a la vez, hacer los bosques más resilientes.
La investigación se basa en datos recogidos en parcelas experimentales de bosques de pino negro situadas entre los 1.600 y los 1.900 metros de altitud, donde se aplican tratamientos de gestión forestal —con clareos de entre el 25% y el 30% de la masa arbórea—. Se analiza tanto la producción como la diversidad de setas. Estas parcelas forman parte de una red de un centenar de puntos distribuidos por toda Catalunya, activa desde 1998, con un gradiente altitudinal que va de los 300 a los 2.000 metros, donde se estudia la productividad micológica en diferentes condiciones climáticas y se hacen estimaciones de su potencial económico. En el caso del Pirineo, los técnicos del Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya hacen seguimiento continuado en el bosque de Meranges desde 2015, uno de los puntos de referencia.
Análisis semanal
El muestreo micológico se realiza semanalmente durante la temporada de setas. Comienza en primavera, pero el período más intensivo se alarga de agosto a noviembre. Los investigadores Juan Martínez de Aragón y Àngel Ponce, especializados en micología y tubericultura, son los encargados de analizar tanto hongos micorrícicos —como el ceps, que viven asociados a las raíces de los árboles— como saprófitos, responsables de la descomposición de la materia orgánica. Las parcelas disponen de sensores de temperatura y humedad del suelo, y también de sistemas para medir la dispersión de esporas. Las muestras recogidas se analizan en el laboratorio para determinar su peso en fresco y en seco, la calidad y las interacciones con el resto del ecosistema forestal. El investigador Juan Martínez de Aragón explica que en las parcelas se alternan zonas gestionadas y no gestionadas para comparar los resultados. "Hemos observado que, cuando se gestiona el bosque, aumentan tanto la producción como la diversidad de setas", señala. En este sentido, apunta que una gestión adecuada puede ayudar a amortiguar los efectos del cambio climático sobre la productividad micológica.

Años desfavorables
Según las proyecciones del Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya, la bajada de producción de setas prevista responde a que los años desfavorables, marcados por el calor y la falta de lluvias en momentos clave, son cada vez más frecuentes. La producción media de setas en Catalunya se sitúa actualmente alrededor de los 60 kilos por hectárea, aunque existe una gran variabilidad según la zona y el año, con registros que pueden superar los 500 kilos por hectárea en zonas como Meranges.
Por su parte, Àngel Ponce subraya que el interés del estudio va más allá del valor gastronómico. "Los hongos tienen un papel clave en el funcionamiento de los ecosistemas forestales, tanto en el ciclo del carbono —incluida la fijación a través de los micelios— como en la descomposición de la materia orgánica", explica. En este sentido, destaca que esta función es esencial para reducir la carga de biomasa en los bosques.
Temporada de setas
En cuanto a la campaña veraniega actual, los dos técnicos indican que todavía no hay producción de setas, a pesar de las lluvias abundantes de este invierno. La fructificación depende de las tormentas de verano y de las bajadas de temperaturas, en un proceso que puede tardar entre 20 y 25 días una vez se dan las condiciones favorables.