Cerca de 30.000 personas que participan en una fiesta rave en el centro de Francia se encuentran en una situación de riesgo a causa de la proximidad del evento con una zona donde todavía hay municiones enterradas de la Segunda Guerra Mundial. Así lo ha advertido el prefecto del departamento de Cher, Philippe Le Moing Surzur, que ha alertado de la posibilidad de explosiones en las áreas boscosas que rodean la concentración. “Debemos estar preparados para lo peor y para nosotros lo peor sería la explosión de una munición de la Segunda Guerra Mundial que sabemos que todavía hay”, ha afirmado en declaraciones a los medios de comunicación, a los cuales también ha asegurado que las autoridades siguen con preocupación la evolución de la rave ante la dificultad de controlar una asistencia tan masiva.
La concentración se celebra cerca de Bourges, a unos 200 kilómetros al sur de París, y reúne a miles de personas en un antiguo campo de tiro militar, donde también se han acumulado miles de vehículos y se han instalado numerosas tiendas de campaña. Ante la magnitud del evento, las autoridades han desplegado hasta 600 gendarmes desde el viernes para garantizar la seguridad y “controlar” la situación. Por ahora, según el último balance oficial, al menos 32 asistentes han sido multados por posesión ilegal de drogas, mientras que 12 personas han sufrido heridas leves.
Este tipo de fiestas rave, habitualmente clandestinas a causa de las trabas legales para organizarlas, se celebran en espacios aislados, sean zonas naturales abandonadas o áreas urbanas remotas, y atraen a participantes de diversos países europeos que acuden para pasar días seguidos bailando música electrónica. El ambiente, a menudo marcado por el consumo de alcohol y drogas, forma parte de estas concentraciones multitudinarias que se alargan durante jornadas enteras. En los últimos años, este fenómeno se ha extendido a Francia, pero también ha generado una fuerte oposición, especialmente en entornos rurales, donde vecinos y autoridades denuncian las molestias, el ruido y el riesgo de incidentes asociados a estos encuentros.
El contexto de creciente polémica ha impulsado iniciativas legislativas para frenar este tipo de eventos en Francia. Una propuesta impulsada por el centroderecha francés ya está en tramitación en el parlamento con el objetivo de endurecer las sanciones contra los organizadores de raves. El proyecto de ley, que superó el trámite de la Asamblea Nacional en abril y aún debe ser validado por el Senado, contempla penas de hasta seis meses de prisión y multas de 30.000 euros para las personas implicadas, sea de manera directa o indirecta, en su organización.
‘Rave’ reivindicativa
La concentración de Bourges tiene un componente reivindicativo, ya que muchos de los asistentes participan en la rave como forma de protesta contra el endurecimiento legal en trámite. Según han difundido los organizadores del denominado Bourges Teknival mediante las redes sociales, el evento quiere denunciar una propuesta de ley que pretende “reforzar la criminalización de las fiestas rave no declaradas o prohibidas”. El mensaje, presentado en forma de falso decreto prefectural, apela directamente a la movilización del colectivo ante unas medidas que consideran restrictivas.
