El próximo día 9 de junio, León XIV se convertirá en el tercer papa que visitará Catalunya en la época moderna. Antes lo hicieron Juan Pablo II, en 1982, y Benedicto XVI, en 2010. Por más que las crónicas del momento fueron suaves y condescendientes con aquellas dos visitas, lo cierto es que ambas salieron mal. La primera, porque el elemento central de aquel desplazamiento y, sin duda, el más simbólico era el viaje al monasterio de Montserrat y que el Papa pudiera pulsar la singularidad de Catalunya y su identidad propia, después de haber pasado por Madrid. Además, el abad era Cassià Maria Just, que ocupaba el cargo desde 1966, en que sucedió a Aureli Maria Escarré, el abad que se había enfrentado al franquismo. En el caso de la visita de Benedicto XVI, el fracaso fue diferente: muchas calles de Barcelona se vieron vacías y el papamóvil hizo el trayecto por Barcelona en mucho menos tiempo del previsto. De hecho, generosamente le recibieron en las calles de la capital catalana unas 100.000 personas, cuando las previsiones eran de cuatro veces más.
En esta ocasión, el viaje del papa a Catalunya conserva algunos de los recorridos de los dos papas anteriores, como el desplazamiento hasta la Sagrada Familia, la visita a la tumba donde está enterrado Antoni Gaudí y una misa en la basílica. Después, el pontífice bendecirá desde el exterior la Torre de Jesucristo de la basílica. Benedicto XVI la consagró oficialmente al culto, realizando los ritos tradicionales, como ungir el altar con crisma, hacer lo propio con varias columnas, incensó el altar y el templo e iluminó la iglesia simbólicamente. Después de eso, la proclamó como basílica menor. Sirvió aquella visita del papa alemán para que el mundo entero conociera la descomunal obra del arquitecto catalán, que se ha financiado casi íntegramente de una manera muy singular, con donativos privados y entradas de visitantes, no con dinero público de una manera muy relevante. Se seguía así el catecismo de Gaudí: ralentizar incluso las obras antes que depender del Estado. Con la consagración, la Sagrada Familia se convirtió en una gran basílica viva de alcance universal.
Una jugada inteligente del gobierno español, si León XIV solo habla de las guerras y menos de posturas más doctrinales y pastorales
Pero León XIV deja su propio sello de la visita con la incorporación a la agenda del centro penitenciario de Brians 1, en Sant Esteve de Sesrovires, que, tras el cierre de la Modelo, concentra presos preventivos del área de Barcelona. Pero del papa norteamericano se esperan, al menos, un par de cosas: que utilice el catalán con mayor normalidad que sus antecesores y que, sobre todo, en los gestos, sea sensible a la identidad catalana. En aquella horrorosa visita de Juan Pablo II, en la que salió mal todo lo que podía salir mal, desde una niebla espesísima que impidió aterrizar su helicóptero en Montserrat, obligándole a volver a El Prat y desplazarse por carretera hasta el monasterio, hasta la muerte de dos jóvenes en un desprendimiento de tierras, una cosa remarcó aquella jornada. La lectura de un párrafo en catalán que tuvo que leer el papa polaco y que no se le había preparado para la dicción de un no parlante. Sus palabras: "Us preguem, oh Pare, que en aquesta basílica, on habita el vostre fill Jesucrist, fill de Maria, otorgueu abundosament la pau, la concòrdia i el goig…" Y aquí acabó la homilía, ya que le resultó imposible continuar. En Barcelona lo remató: "Estimados barceloneses y españoles todos".
Aunque, en muchos aspectos, la iglesia catalana de ahora, al menos la curia catalana, es menos catalanista que antaño, y el cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona, cargo que ocupa desde 2015, ha tenido más de una discrepancia por ello, y es visto como español en clave Conferencia Episcopal, algo que le ha provocado disgustos con el clero catalán. El abad Manel Gasch, que ha hecho declaraciones reivindicando el vínculo entre Montserrat y Catalunya, y ha hablado del espíritu catalán del monasterio, tendrá en este juego de equilibrios que siempre practica la Iglesia un rol importante. Llega León XIV a Catalunya en un momento importante de su papado, que se inició en el mes de mayo del pasado año, convertirse en un contrapoder moral a Donald Trump en la cuestión de la paz. Así, ha endurecido mucho su voz contra las guerras, especialmente las de Gaza e Irán, y en su oposición a la lógica de paz por imposición, como practica el inquilino de la Casa Blanca.
Este perfil más político es el que hace que sea el primer obispo de Roma que visitará el Congreso de los Diputados y pronunciará un discurso a las dos cámaras. Una jugada inteligente del gobierno español si León XIV solo habla de las guerras y menos de posturas más doctrinales y pastorales, en las que las diferencias con el gobierno español son importantes.