En Catalunya, el racismo sigue siendo un tema tabú. Es un hecho observable que las desigualdades raciales no se encuentran en el centro mediático catalán. De hecho, para muchos catalanes parece que no lo haya, o que el tema sea demasiado incómodo para discutirlo. Mientras el feminismo se solidifica como el movimiento social con más tracción del momento, las mujeres racializadas (mujeres que forman parte de una minoría racial) son las grandes olvidadas. A pesar de eso, parece que las movilizaciones masivas como las del 8-M empiezan a crear espacios para estas cuestiones, gracias a la adopción de una perspectiva interseccional del feminismo. Este año, la jornada reivindica la diversidad en la lucha feminista y pone en el punto de mira las desigualdades de las mujeres inmigrantes y racializadas, cuestiones que demasiadas veces son pasadas por alto.

Desirée Bela-Lobedde (Barcelona, 1978), comunicadora y activista afrofeminista, lo ha vivido de primera mano. En un artículo para la revista Idees, Bela-Lobedde reflexionó sobre la famosa frase del presidente Pujol, que en un arrebato de liberalismo característico de la época declaró que "es catalán quien vive y trabaja en Catalunya, y quien lo quiere ser". La activista, que es honesta con su experiencia en este país, lo refutó: "la realidad es que hay mucha gente que vive y trabaja en Catalunya que quiere identificarse como tal y, finalmente, ha desistido, como es mi caso".

 

Desirée Bela-Lobedde / @ainapahe

Bela-Lobedde nos habla de la experiencia de las mujeres racializadas a Catalunya desde su ciudad natal, Vilanova i la Geltrú, donde en la plaza de la Vila todavía se erige la estatua del indiano Tomàs Ventosa. Este lugar recuerda la capacidad de los catalanes para evitar mirar nuestro pasado colonialista a los ojos, hecho que, cuando menos, agrava su herencia en la sociedad e imposibilita poder avanzar de forma constructiva. Ignorar o encubrir la realidad no sirve de nada, eso los catalanes ya lo sabemos lo bastante bien.

¿Qué es el feminismo interseccional?

El término 'feminismo interseccional' lo usó por primera vez la académica norteamericana Kimberlé Crenshaw en 1989, respondiendo a la necesidad de dirigir las desigualdades sufridas por las personas en la intersección género-raza.

Si concebimos todos los elementos identitarios con los cuales nos identificamos (o los imponen desde el nacimiento) como una dialéctica entre opresiones y privilegios, se evidencia la necesidad de un feminismo que tenga en cuenta el conjunto de experiencias vividas por las mujeres. Por ejemplo, una mujer blanca, trans y de clase alta vivirá de manera muy diferente la sociedad de hoy en día que una mujer negra, heterosexual de clase trabajadora. En los dos casos, cada mujer sufrirá desventajas en áreas de su vida en las cuales la otra lo tendrá más fácil. Las soluciones que nos brinde el feminismo, por lo tanto, tienen que responder a todos estos matices en particular y sin distinción.

Por lo tanto, el problema del feminismo mainstream, el más visibilizado por el 8M y adoptado por las instituciones, es la falta de consideración por las experiencias de las mujeres racializadas, LGBT+, de clase trabajadora o con diversidad funcional.

Los retos del feminismo interseccional

En Catalunya, la falta de reconocimiento de los problemas sufridos por las mujeres racializadas, explica Bela-Lobedde, muestra nuestro atraso en estos ámbitos. Desde l'afrofeminisme reivindica "la necesidad de entender el racismo como un hecho estructural". El hecho que en Catalunya no nos percibamos como sociedad racista y por lo tanto no creamos que sea un problema real, nos indica que todavía tenemos que dar el primer paso hacia el cambio: reconocerlo.

Aunque no esté en el orden del día, el racismo en Catalunya existe. Según datos de los Mossos d'Esquadra, en el 2017 un 54,1% del total de identificaciones policiales se hicieron a personas extranjeras, una cifra totalmente desproporcionada, ya que estas sólo representaban un 13,70% de la población catalana. Pero esto no es sólo un problema de la policía, los policías también son ciudadanos de aquí, crecidos y educados en Catalunya, con prejuicios, conductas y aprendizajes similares al resto de ciudadanos.

"No se puede negar que hay una resistencia a reconocer el racismo como una cuestión de estructura"

Más concretamente, Bela-Lobedde habla de la discriminación sistemática de los inmigrantes perpetrada por medidas como la ley de extranjerismo, o la existencia de los CIEs. Las personas nacidas aquí nunca vivirán de primera mano estas discriminaciones, hecho que dificulta que sean noticia o que estemos informados debidamente. Pero eso no quiere decir que el racismo no exista. Precisamente es esta falta de interés de la mayoría, esta falta de vigilancia ciutadana a las instituciones que les permite seguir actuando de forma racista.

Poco a poco vemos más diversidad en los medios, hecho que sin duda visibiliza y normaliza a las personas racializadas. Aun así, apunta Bela-Lobedde "continuamos con esta dificultad por aceptar que el racismo es real". Combatir el racismo "no es sólo responsabilidad de las personas que lo sufrimos". En el momento que lo aceptamos como un problema real, nos abriremos al cambio real

Un sistema que invisibiliza a las mujeres racializadas

A pesar de ser uno de los factores más comunes en la perpetración de los delitos de odio, violencia policial y discriminación, el Instituto de Estadística de Catalunya (Idescat) no proporciona datos demográficos de la población en términos de raza. El censo se limita a dividir en la población por nacionalidades, hecho que hace imposible conocer con exactitud la situación económica y social de mujeres con la nacionalidad española pero de raza no blanca, como es el caso de Bela-Lobedde. De hecho, ni siquiera podemos saber con cifras oficiales cuántas personas de raza negra viven en Catalunya.

Esta falta de investigación, o más bien, la falta de herramientas para facilitar la investigación, invisibiliza la realidad vivida por las personas racializadas del país. De hecho, esto evidencia un problema de carácter estructural, que retrata la falta de compromiso real con la lucha contra las desigualdades: si el estado no facilita datos, la tarea de análisis sobre las injusticias raciales se dificulta y, en la práctica, es no como si no existieran.

"La gente cree que Catalunya no és racista, por que esta mayoría identifica como racismo sólo la máxima expresión: el insulto, la agresión. Eso sólo es la punta del iceberg"

Precisamente es por eso que la tarea de organizaciones como SOSRacisme es esencial para dar voz a estos colectivos. Gracias a sus informes, se da a conocer los sesgos sistemáticos que sufren las minorías del país. Con respecto a las mujeres que también forman parte de minorías raciales, desde la oenegé denuncian que el feminismo en este país margina a las mujeres racializadas.

Las consignas del 8-M suelen reivindicar el reconocimiento del trabajo doméstico, el papel de la mujer en trabajos que implican el cuidado de las personas y la mejor compensación de estos trabajos que a menudo recaen en mujeres. A pesar de eso, a menudo se omite un matiz importante: el alto porcentaje de mujeres de descendencia africana y latinoamericana en estos ámbitos, que sufren estas igualdades de manera aun más desproporcionada.

Para ilustrarlo más claramente, los datos del Idescat hablan por sí solos: en el 2018 las mujeres catalanas cobraron un salario bruto medio 22.651,10 €, mientras que las mujeres con nacionalidad extranjera sólo cobraron 18.240,42 €.

Crisis de identidad catalana

Gracias al feminismo interseccional, sabemos que la experiencia relatada por mujeres como Bela-Lobedde revela una fisura en la construcción de la identidad catalana. Cuando nos negamos a asumir nuestro pasado imperialista silenciamos las vivencias de las personas racializadas. Esta falta de reconocimiento hace imposible investigar los sesgos racistas que afectan a las catalanas que no son blancas. A la larga, muchas de estas catalanas no se identifican con la catalanidad, ya que la idea no responde a su realidad, problemas e inquietudes. En la práctica, las mujeres racializadas son excluidas de la identidad catalana.

Por lo tanto, este 8-M nos tendríamos que replantear qué significa ser catalana en clave interseccional. ¿En el futuro, qué valores queremos asociar con la identidad catalana? ¿Cuando definimos la idea de la catalanidad, a quién estamos dejando fuera?

 

Foto principal: protestas antiracistas en Salt (Girona) el 2020 / ACN