Un total de 104 científicos europeos independientes y expertos en salud pública han firmado una carta dirigida a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en la que reclaman que la futura regulación del tabaco y la nicotina se base en la evidencia científica y deje de tratar como equivalentes productos con niveles de riesgo claramente distintos.
En la misiva, los firmantes advierten de que el actual planteamiento europeo se apoya en una premisa no respaldada por la ciencia: asumir que todos los productos con nicotina conllevan riesgos similares a los del cigarrillo convencional. Según denuncian, este enfoque ha llevado a ignorar 131 estudios científicos relevantes que no han sido incorporados al análisis de impacto regulatorio de la Comisión Europea.
Los científicos subrayan que la evidencia acumulada es clara en un punto central: el principal daño del tabaquismo procede de la combustión del tabaco, responsable de la mayor parte de la mortalidad prematura y de las enfermedades asociadas al consumo de cigarrillos. Por ello, defienden que las alternativas sin combustión —como el tabaco calentado, los cigarrillos electrónicos o las bolsas de nicotina— deben evaluarse en comparación con seguir fumando, y regularse de manera diferenciada, siempre dentro de marcos estrictos y con la protección de los menores como prioridad absoluta.
Este debate no se limita al ámbito europeo. También empieza a abrirse paso en el entorno de la Organización Mundial de la Salud. En un estudio publicado recientemente en la revista Nature Health, tres referentes históricos de la salud pública con una larga trayectoria vinculada a la OMS —Robert Beaglehole, Ruth Bonita y Tikki Pang— reconocen que las políticas tradicionales de control del tabaco están avanzando demasiado lentamente para frenar una de las principales causas de muerte evitable en el mundo. Los autores defienden que integrar de forma explícita la reducción de daños, incluyendo un acceso regulado a productos de nicotina sin combustión para fumadores adultos, representa una oportunidad para acelerar el declive del consumo de cigarrillos y reducir de forma más rápida la carga sanitaria asociada al tabaquismo.
Este posicionamiento científico contrasta con la dirección que parece estar tomando actualmente Europa. Mientras la Unión Europea avanza hacia un modelo que tiende a homogeneizar la regulación de todos los productos con nicotina, otras agencias reguladoras internacionales están optando por un enfoque distinto, basado en la evaluación científica del riesgo producto a producto.
En Estados Unidos, la Food and Drug Administration (FDA) ha reafirmado recientemente este enfoque diferenciado. En sus resoluciones sobre productos de tabaco calentado como IQOS, la agencia reconoce explícitamente la diferencia entre combustión y calentamiento del tabaco. Según la FDA, “el sistema IQOS calienta el tabaco pero no lo quema, lo que reduce de forma significativa la producción de sustancias nocivas y potencialmente nocivas”, y añade que “los estudios científicos han demostrado que cambiar completamente de los cigarrillos convencionales al sistema IQOS reduce de forma significativa la exposición del organismo a sustancias nocivas o potencialmente nocivas”. En su revisión más reciente, la FDA concluye además que la evidencia disponible muestra que “una reducción medible y sustancial de la morbilidad o la mortalidad entre los usuarios de tabaco es razonablemente probable”.
Los 104 firmantes de la carta alertan de que confundir nicotina con humo no es un error menor, sino una distorsión que desinforma a la ciudadanía y puede desembocar en una mala legislación, comprometiendo incluso el objetivo europeo de alcanzar una “generación libre de tabaco”. En su opinión, ignorar la evidencia científica disponible puede acabar protegiendo el mercado del cigarrillo convencional, el producto más dañino, en lugar de acelerar su desaparición.
