"Nos vemos el próximo verano; o al menos lo intentaré". Así se despedía este pasado miércoles Pedro Sánchez de los periodistas en una rueda de prensa en Palma, después de la habitual reunión que el presidente del Gobierno mantiene con el rey en el mallorquín Palacio Real de la Almudaina; justo antes de las vacaciones de verano. El líder socialista ya ha dicho por activa y por pasiva que pretende agotar la legislatura, presentarse a las próximas elecciones generales y, las gane o no, conseguir ser investido y alargar su estancia en la Moncloa cuatro años más. ¿Lo conseguirá? Las quinielas recomiendan apostar a lo contrario, pero en política nunca se sabe; especialmente si se trata del currículum vitae de Pedro Sánchez, un superviviente político que ha remontado escenarios que parecían imposibles. Para conseguir la hazaña, el presidente español necesita ponerse las pilas en septiembre y recuperar algunas asignaturas que le quedan pendientes: tribunales, estabilidad parlamentaria y demoscopia.
La demoscopia, al fin y al cabo, es lo más importante de todo. Sánchez ya consiguió vencer los malos pronósticos de 2023; y las urnas del 23-J le permitieron gobernar una legislatura más. Pero actualmente el panorama es desolador para los socialistas. El CIS dirigido por el socialista José Félix Tezanos sitúa al PSOE casi ocho puntos por encima del PP. Pero los laboratorios demoscópicos privados dibujan el escenario contrario: hay consenso en que la suma de PP y Vox se aproxima a los 200 escaños, sobradamente por encima de la mayoría absoluta. Parte de este desbarajuste para Sánchez se debe, también, al desgaste del espacio a la izquierda del PSOE. Se trata, de hecho, de otro de los frentes abiertos; qué pasará en este espacio después de Yolanda Díaz, que ya ha confirmado que no se presentará a las próximas elecciones generales. Las formaciones que actualmente integran Sumar ya tienen conversaciones para elegir su futuro liderazgo; mientras Podemos se lo mira desde la distancia y Gabriel Rufián, líder de ERC en Madrid, aboga por un frente común en todo el Estado.
Tribunales
En cualquier caso, el desgaste del PSOE que acreditan casi todas las encuestas ha sido provocado, en buena parte, por la tormenta judicial que asedia al presidente español. En el caso de los tribunales, Sánchez continuará arrastrando este septiembre la piedra en el zapato que le acompaña desde el principio de la legislatura: los casos que afectan al PSOE. El Tribunal Supremo ya ha dictado sentencia en la pieza de las mascarillas del caso Koldo: 24 años de prisión para el exministro José Luis Ábalos, y 19 años para su exasesor. Mientras tanto, en la Audiencia Nacional se cuecen dos derivadas igual de peligrosas: la rama del caso Koldo que afecta al exsecretario de Organización Santos Cerdán, y sobre todo el caso Leire; con Cerdán también como protagonista principal. Paralelamente, a Begoña Gómez ya se le ha confirmado que, si nada cambia, será juzgada con un jurado popular. La acusación unificada liderada por Hazte Oír le pide trece años de prisión por tráfico de influencias y malversación. El presidente español defiende que el caso de su esposa es un buen ejemplo de lawfare; también el de su hermano, David Sánchez, que ya ha sido condenado: nueve años de inhabilitación por prevaricación, a pesar de evitar la prisión.
Y todavía hay más. El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero continúa investigado en la Audiencia Nacional por el caso Plus Ultra, con sus hijas también bajo sospecha. Su amigo y socio le ha delatado y ha ratificado ante el juez que fue el expresidente del Gobierno quien lideró este entramado internacional basado en el tráfico de influencias. Y ha explicado que el exlíder socialista negoció con Plus Ultra una comisión del 1% a cambio de conseguir el rescate de la aerolínea durante la pandemia del coronavirus. A causa de esta investigación, la policía encontró en su despacho joyas valoradas en 1,3 millones de euros. De momento, Zapatero lo niega todo, pero no da ninguna explicación. Y Sánchez se obstina en cerrar filas con su antecesor en el cargo.
Debilidad parlamentaria
Si Sánchez suspende en tribunales, también lo hace en parlamentarismo; como mínimo en el apartado de la (no) estabilidad que le complica la gobernabilidad. Estas últimas semanas la mayoría alternativa de PP, Junts y Vox le ha tumbado los objetivos de estabilidad, el primer paso para elaborar los presupuestos generales del Estado. El partido de Carles Puigdemont ha cumplido desde hace ya muchos meses la promesa de romper con los socialistas a causa de los incumplimientos de los acuerdos de investidura, y esto ha convertido el Congreso de los Diputados en un terreno de múltiples derrotas para Sánchez. Ante la inestable mayoría parlamentaria, Sánchez ha aprobado ya este 2026 veinte reales decretos.
Mientras Junts y el PNV le invitan a anticipar elecciones pero a la vez no se suman a ninguna moción de censura de Alberto Núñez Feijóo, Sánchez intenta legislar con medidas que, haciendo unos equilibrios olímpicos, tiene alguna posibilidad de sacarlas adelante. El decreto de vivienda es un buen ejemplo. Debía aprobarse el 28 de julio en Consejo de Ministros y se ha acabado aplazando a septiembre, porque Junts ya tumbó uno que incluía prórrogas a los alquileres y ahora amenaza con hacer lo mismo si no se incluyen medidas fiscales y contra la ocupación. Habrá que ver si Podemos sitúa en los incentivos fiscales para los propietarios su línea roja; pero hay una cierta esperanza para el acuerdo.
Por otro lado, el Gobierno espera que un pronunciamiento favorable a Puigdemont y su amnistía por parte del Tribunal Constitucional; así como la eventual —para nada confirmada— aplicación de esta ley por parte del Tribunal Supremo facilite un regreso del president en el exilio. Sánchez confía en que esto sane las relaciones entre el PSOE y los independentistas, a pesar de que los juntaires insisten en que la ruptura se debe a los incumplimientos, y que nada de lo que pase con el líder de su partido hará cambiar nada.
La vía de los presupuestos 'fake'
Ante la asfixia parlamentaria y judicial que sufre Sánchez, fuentes de la sala de máquinas de la Moncloa explican que la presentación de unos presupuestos condenados al fracaso es una vía para controlar mejor el relato de un adelanto electoral; hacer ver que no se ve obligado a convocar elecciones por culpa de los casos de corrupción. El presidente español pretende diseñar unas cuentas expansivas y repletas de medidas sociales que, aun sabiéndose abocadas a la derrota, le permitirían desviar el foco de la corrupción hacia un supuesto "bloqueo político" de sus socios y de la oposición, traspasarles la responsabilidad de haber frenado medidas sociales y elegir el mejor peor momento para convocar las urnas.
También con esta voluntad de liderar el debate, Sánchez ha vuelto a ofrecer en los últimos días al PP un pacto de estado contra la emergencia climática a raíz de los incendios de este verano. Feijóo, sin embargo, le ha respondido recordando que se trata de la misma propuesta que Sánchez ya puso sobre la mesa hace un año y que acabó retirando del mismo Congreso al constatar que ni siquiera sus propios socios le daban apoyo. Fuentes de la dirección de los populares admiten que no tienen ninguna intención de negociar el pacto ofrecido por Sánchez.