“Aquí la clave es a qué renunciamos. ¿Qué sentido tiene que 14 izquierdas nos presentemos en el mismo sitio?” Es la gran pregunta con la que Gabriel Rufián interpeló a todo el espacio situado a la izquierda del PSOE en el acto que el martes coprotagonizó en la sala Galileo Galilei de Madrid con el diputado autonómico de Más Madrid Emilio Delgado. Otro díscolo. En medio de una amplia expectación mediática, el portavoz de ERC en el Congreso insufló esperanza a una izquierda asustada y tan dividida como casi siempre, que, de aspirar a asaltar el cielo ha pasado a enfrentarse a un futuro más que oscuro a la sombra del sanchismo. El proyecto de Sumar, que este sábado ha puesto en escena su propia refundación en clave post-yolandista, no suma, mientras Podemos, la antigua matriz y hoy rival implacable, va de cabeza a la residualización. Pero no es seguro, más bien nada seguro, que, más allá de sacudir el tablero del debate, la fórmula Rufián, en la que él insiste a pesar de que ni su partido, ERC, ni ningún otro la compra, consiguiera su propósito de movilizar y aglutinar electorados de izquierdas diferentes para frenar la extrema derecha de Vox. Como le han recordado con dureza desde Podemos, al final sería el PSOE de Pedro Sánchez el beneficiario de la llamada al voto útil de la izquierda.
Pero, ¿qué implicarían las renuncias que propone Rufián? La propuesta que finalmente concretó el líder parlamentario de ERC en Madrid pretende favorecer técnicamente la concentración de todo el voto a la izquierda del PSOE en cada circunscripción electoral (en el Congreso, 52, y en el Senado, 59). La fórmula pasa porque solo se presente una lista de izquierdas a la izquierda del PSOE en cada circunscripción, la mejor situada previamente, y el resto renuncie a competir para conducir a todos los potenciales electores hacia la misma candidatura. Se evitaría así la pena de Hondt, la atribución de escaños que castiga la fragmentación electoral, especialmente en provincias que eligen pocos escaños, y se podría frenar a Vox, que puede obtener el tercer diputado en disputa en muchas de ellas. Pero la vía Rufián es fácilmente objetable porque en política, y más aún en unas elecciones, la suma de dos y dos no siempre es cuatro. Este es precisamente el reproche que hizo Oriol Junqueras a Artur Mas en las elecciones plebiscitarias de 2015 después de que Junts pel Sí ganara en todas partes, pero se quedara lejos de la mayoría absoluta.
El caso de Junts pel Sí
Los números de las elecciones al Parlament de 2015 daban en parte la razón al líder de ERC. Mientras el bloque CiU + ERC tenía en el Parlament de 2012 la cifra de 50+21 diputados, Junts pel Sí, la lista unitaria del independentismo integrada por Convergència y ERC, además de independientes y otras formaciones, obtuvo 62. Se quedó a 8 de la mayoría absoluta. Una parte del electorado independentista prefirió votar por separado a la CUP, que obtuvo 10 asientos, y la posición determinante en el arranque del proceso independentista. Si Junqueras siempre se opuso a la “lista única” —en realidad, “unitaria”— ofrecida por Mas porque pensaba que ERC quedaría diluida, la fórmula Rufián para las próximas generales españolas aún sería más lesiva para los republicanos, dado que tendrían que renunciar a presentarse en la demarcación de Barcelona, la de más peso. La formación de referencia serían los Comuns, que fueron segundos, por delante de ERC, en las generales de 2023. Un escenario que Oriol Junqueras ha dado a entender que no comparte de ninguna manera. ERC sí que sería la fuerza de referencia en Tarragona, Girona y Lleida, pero está por ver si aquí los Comuns y, eventualmente, la CUP, renunciarían a presentarse para pedir el voto por los republicanos. La paradoja es que en Barcelona, Rufián no podría ser candidato de ERC. Como mucho, los Comuns tendrían que aceptar que encabezara la lista con sus siglas. Aunque quizás los planes de Rufián no pasen por presentarse en Catalunya si su idea prosperara.
Pero, ¿qué antecedentes de fórmulas de unidad más allá de coaliciones convencionales puede invocar Rufián? En realidad, la propuesta del diputado de ERC es una versión o evolución extrema de modelos anteriores de convergencia electoral, tanto de las izquierdas como de formaciones nacionalistas o independentistas, que han tenido resultados dispares, y, al mismo tiempo, se aparta de todos ellos. Se suele citar el caso de las europeas, en que ERC se integra en una coalición de izquierdas nacionales con Bildu o el BNG. Pero esos comicios se disputan en una sola circunscripción: todo el Estado. Si nos centramos en elecciones a Cortes españolas y al Parlament de Catalunya, se pueden establecer cuatro modelos principales en la relación entre las siglas y la marca electoral en coaliciones de ámbito estatal o solo catalán en el espacio de la izquierda, incluyendo también a los socialistas, y en frentes amplios y de centro. En el primer modelo, se renuncia del todo a las siglas en beneficio de una marca electoral-paraguas, si bien cada candidato aparece identificado con el partido al que pertenece; el segundo implica una renuncia parcial a las siglas en algunos territorios en favor de una coalición específica (modelo confederal); en el tercero, las siglas se comparten en algunos territorios (modelo federal centralizado) y en el cuarto se suman siglas, pero en coaliciones territoriales parciales.
Modelo 1. Renuncia total a las siglas con marca- paraguas
Se pueden incluir cuatro grandes casos:
La coalición Pacte Democràtic per Catalunya, en las primeras elecciones a Cortes generales después de la muerte de Francisco Franco, el 15 de junio de 1977, es el primer caso. La integraba Convergència, con Jordi Pujol como cabeza de lista; el PSC-Reagrupament con Josep Verde Aldea y la Esquerra Democràtica (EDC) de Ramon Trias Fargas, además del Front Nacional de Catalunya (FNC) de Joan Cornudella e independientes. Fue segunda fuerza detrás del PSC-PSOE. En las mismas elecciones se presentó la coalición Esquerra de Catalunya, en la que se tuvo que integrar Esquerra Republicana junto con el maoísta Partido del Trabajo de España y Estat Català por el hecho de que todavía no había sido legalizada como partido. Consiguió 1 escaño en el Congreso para su líder, Heribert Barrera.
El tercer caso es el de la coalición al Senado bautizada como Esquerra Catalana de Progrés, que reunió al PSC, ERC, ICV y EUiA entre los años 2000 y 2011, como avanzadilla y proyección de los tripartitos de izquierdas en la Generalitat, y ganó sistemáticamente todas las convocatorias, llegando a sumar 12 de los 16 senadores en juego por elección directa. El cuarto caso es el de la ya citada Junts pel Sí, la candidatura que reunió a CDC, ERC, Demòcrates, Moviment d’Esquerres, Avancem y Reagrupament Independentista, además de independientes y miembros de las grandes organizaciones civiles que iniciaron el proceso, la ANC y Òmnium. Fue primera fuerza en las 41 comarcas, las 4 provincias y sus capitales, Barcelona incluida, pero se quedó a 8 escaños de obtener la mayoría absoluta, que tuvo que completar con la CUP. La lista de Junts pel Sí la encabezaron, por este orden, Raül Romeva, en aquel momento exmiembro de ICV, Carme Forcadell, presidenta de la ANC, Muriel Casals, presidenta de Òmnium, Artur Mas, presidente de la Generalitat y de CDC, y Oriol Junqueras, de ERC, lo que da una idea de la novedad absoluta que representaba la fórmula.
Modelo 2. Renuncia total o fusión de siglas en algunos territorios (confederal)
Se ha aplicado en dos casos con una versión fuerte y otra más suave.
La versión fuerte es el caso de la denominada Operación Reformista o Operación Roca, en las generales de 1986, articulada alrededor del Partido Reformista Democrático (PRD). En realidad, se trataba de una coalición centrista y liberal de varios partidos estatales y autonómicos que se presentó con sus siglas en todo el Estado, excepto en Catalunya, donde lo hizo Convergència i Unió (CiU), y en Galicia, donde concurrió Coalición Galega. Se da la circunstancia de que el principal impulsor y candidato a la presidencia del gobierno español era el líder de CiU en el Congreso de los Diputados, Miquel Roca, el número dos de Jordi Pujol en CDC. Antonio Garrigues Walker era el presidente del PRD y Florentino Pérez, hoy presidente del Real Madrid, el secretario general. La Operación Roca fue un éxito para CiU y un completo desastre en el conjunto español, donde obtuvo 0 escaños. ¿Está jugando Rufián la carta de Roca con el PRD? Curiosamente, la Operación Reformista tiene similitudes con la de Rufián, pero está planteada justamente al revés: el PRD renunció a presentarse en Catalunya para que todo el voto se agrupara en CiU, que, a la vez, proporcionaba el candidato a la Moncloa. Ni a Roca, ni mucho menos a Jordi Pujol, se les ocurrió nunca renunciar a las siglas de CiU en favor del experimento reformista español, a diferencia de lo que ha puesto sobre la mesa Rufián para salvar a la izquierda española, al PSOE incluido, de una hecatombe a manos del PP y Vox.
El modelo confederal más suave es el de Podemos y las confluencias o mareas en las generales de 2015, 2016 y 2019 (2 convocatorias). En Catalunya, la fuerza estatal, Podemos, renunció directamente a sus siglas o las fusionó en la denominación de la candidatura en favor de la coalición catalana: En Comú, En Comú Podem, En Comú Podem-Guanyem el Canvi y En Comú Podem-Guanyem. En el caso de Galicia y el País Valencià optó por una solución más federal, encabezando el nombre de la coalición electoral con la fuerza o fuerzas coaligadas como siguiente componente de la marca: en Galicia, inicialmente, PODEMOS-En Marea-ANOVA-EU y en el País Valencià, Podemos-Compromís. El modelo tiene similitudes con el de Rufián, pero la misma fuerza política se presentaba en las cuatro demarcaciones catalanas. Fue el gran momento de la izquierda alternativa liderada por Pablo Iglesias y que estuvo al borde de hacer el sorpasso al PSOE. Los comuns ganaron las generales en Catalunya en 2015 y 2016 (2); ERC lo hizo en el 2019 y quedaron segundos tras el PSC y por delante de ERC, que fue tercera fuerza, en 2023.
Modelo 3: Siglas compartidas en algunos territorios (federal unitario)
El de las siglas compartidas en algunos territorios con predominio claro de la marca estatal es el caso de Sumar en las elecciones generales del 2023. La formación se constituyó como partido y coalición electoral a raíz de la ruptura entre Yolanda Díaz y Pablo Iglesias, aunque Podemos formó parte de ella inicialmente después de complejas negociaciones para confeccionar las listas. Se presentó como Sumar en todas las demarcaciones excepto en Catalunya, donde compartió la denominación, encabezando la marca, con los comunes como Sumar-En Comú Podem o en el País Valenciano como Sumar-Compromís. En las Islas Baleares sí que aceptó cerrar la denominación de la candidatura con la fórmula Més per Mallorca-Més per Menorca-Sumar. La formación de Díaz consiguió formar parte del gobierno de coalición con Pedro Sánchez, como Podemos en el 2020, pero no mejoró los resultados de Pablo Iglesias.
Modelo 4: Suma de siglas en coaliciones parciales
La agrupación del voto de toda la izquierda no independentista y sectores catalanistas progresistas era el objetivo de la candidatura del PSC-Ciutadans pel Canvi que Pasqual Maragall lideró en las elecciones al Parlament de Catalunya de 1999. El modelo fue la suma de siglas PSC-CpC-ICV, pero se aplicó solo en 3 de las 4 demarcaciones catalanas: Tarragona, Girona y Lleida. En Barcelona, Iniciativa per Catalunya, la formación ecosocialista de Rafael Ribó heredera del PSUC, se presentó en solitario. La no concurrencia de Esquerra Unida i Alternativa (EUiA) en la coalición posiblemente impidió que Maragall, que ganó las elecciones en votos, se impusiera también en número de escaños a la CiU de Jordi Pujol.
Un segundo caso de coalición de izquierdas territorialmente parcial, el más laxo de todos los apuntados, es la que forjaron el PSOE de Joaquín Almunia y la Izquierda Unida de Francesc Frutos en las elecciones generales del 2000. En este caso, las dos fuerzas pactaron un programa de mínimos, como también ha propuesto Rufián, e hicieron coalición en el Senado con la denominación PSOE-Progresistas en 27 circunscripciones de todo el Estado. El resultado fue un fracaso absoluto. El PSOE perdió 16 diputados; IU, 13, y el popular José María Aznar revalidó la presidencia, y, además, con mayoría absoluta.
En suma, la fórmula para recoser la izquierda española de la mano del jefe de los republicanos en Madrid chirría por muchas partes y diluiría a ERC en Barcelona, precisamente, la demarcación que encabeza Rufián. Hoy por hoy, nadie se apunta al invento. A la vez, la fórmula Rufián se separa de todos los modelos conocidos de agrupación del voto del mismo espacio ideológico con coaliciones de formato variable, lo que añade todavía más incertidumbre al resultado.
¿Quo vadis, pues, Gabriel Rufián? He aquí la pregunta que realmente cuenta y la incógnita principal de esta historia.
