Carles Puigdemont fue investido como 130º presidente de la Generalitat de Catalunya el 10 de enero de 2016, sucediendo a Artur Mas, y ejerció el cargo hasta el 27 de octubre de 2017, cuando fue destituido por la aplicación del artículo 155 de la Constitución española. En este día que se conmemoran diez años de su investidura, el líder de Junts per Catalunya reflexiona sobre el camino que ha recorrido el país y también él mismo desde que asumió el compromiso, siendo plenamente consciente de “las enormes dificultades con que nos encontraríamos”, y que le obligaron también a hacer sacrificios personales para seguir luchando por los valores y principios del país que marcaron su presidencia. En un escrito compartido a través de la red X, Puigdemont destaca la resistencia ante el "Estado profundo" español, que movilizó recursos lícitos e ilícitos para bloquear el avance catalanista. Subraya cómo la unidad y la generosidad permitieron logros como los presupuestos, la gestión de crisis y el referéndum del 1-O con declaración posterior del 27 “en medio de una durísima ofensiva del Estado, que nunca borraremos de nuestra memoria”. Y a pesar de todo, el presidente en el exilio insta a “seguir luchando" por el país que “tenemos derecho a soñar” reforzando “con convicción” y una “legítima autoestima” los valores y principios que defiende.

Las armas de la unidad y la generosidad

Puigdemont comienza recordando el día que hace diez años la mayoría del Parlament de Catalunya, “representante legítimo del pueblo catalán” lo eligió “presidente del país”. Sabía que no lo tendría fácil, porque “al frente teníamos no solo un gobierno muy hostil, sino también todo el aparato del estado profundo, movilizado a derecha e izquierda para impedir cualquier avance a través de cualquier medio, lícito o ilícito”. El presidente independentista destaca que a pesar de toda “esta movilización de recursos en contra”, consiguieron impulsar “nuestras propuestas” gracias a las armas poderosas de “la unidad y la generosidad”. Esto, destaca Puigdemont, es lo que permitió tener presupuestos, “en un contexto mucho más complejo que el de ahora”, o poder gestionar “tragedias como el accidente de Freginals y plantar cara a los terribles atentados de Barcelona y Cambrils, hasta el referéndum de independencia del 1 de octubre y la declaración del 27 en medio de una durísima ofensiva del Estado, que nunca borraremos de nuestra memoria”.

Exilio para seguir luchando

También recuerda el presidente investido hace diez años que “hace 8 años y dos meses que decidí exiliarme para continuar luchando por lo que defendí, con aciertos y errores, en los 21 meses de presidente”. Admite que muchas cosas han cambiado desde aquel octubre del 2017 en el que emprendió el camino del exilio. “Hoy las condiciones no son las mismas, ni las del país, ni las mías”, asegura Puigdemont, si bien lo que importa, afirma, es que “hay valores y principios que, a pesar de coyunturas y modas, resisten el paso del tiempo y por los cuales vale la pena continuar luchando. Y que, por más que nos amenacen y no se detengan en el intento de destruirnos, si es necesario a nivel personal, no son irrenunciables”.

“No podemos renunciar a ello”

Son los valores y los principios por los que sigue luchando desde Waterloo, los que “han hecho de Catalunya una nación capaz de sobrevivir a todas las amenazas que ha recibido a lo largo de la historia”, y que ahora están en cuestión por las posiciones hacia las que “el mundo bascula”. “Por eso no solo no podemos renunciar a ellos, sino que debemos reforzarlos con convicción, una legítima autoestima por lo que hemos sido capaces de hacer y con una esperanza insobornable por el país que tenemos derecho a soñar y a construir”, concluye Puigdemont.

Esperando el regreso para primavera

Hoy, el presidente investido hace diez años espera en su exilio de Bélgica que las decisiones judiciales en España y Europa lo retornen a Catalunya cuando se aplique la ley de amnistía sin riesgo de ingreso en prisión. El Tribunal Supremo mantiene la orden de ejecución provisional contra él por malversación en el 1-O, considerando que no le aplica la amnistía por "enriquecimiento personal" y afectación de fondos europeos, a pesar del dictamen favorable de noviembre de 2025 del abogado general del TJUE. Junts espera que en abril se pueda concretar la sentencia del TJUE sobre la ley de amnistía que podría rechazar las excepciones del Supremo y forzar su aplicación, mientras que el Tribunal Supremo debe suspender la orden de detención y evaluar el recurso de Puigdemont. Así, mientras esperan el retorno de su líder hacia la primavera, el partido sigue reorganizándose internamente para hacer frente al nuevo contexto político.