Abrazar al PP como tabla de salvación para conseguir de una vez obtener algún diputado en el País Vasco. Es la estrategia de Inés Arrimadas, que ha conseguido convencer a Pablo Casado para una coalición en Euskadi con la oferta de sumar también en Catalunya, donde Ciudadanos tiene la sartén por el mango y los populares van más necesitados. Consolidado el pacto, hoy han trascendido los huecos que el PP vasco cede a los naranjas. Replicando los resultados del PP de 2016 querría decir que Cs se quedaría con dos escaños.

El acuerdo prevé finalmente que se reservarán a Cs los números 2 por Vizcaya y los tres por Álava y Guipúzcoa. Si nos fijamos en lo que pasó en las últimas elecciones celebradas en el Parlamento vasco, este reparto implicaría que el partido que lidera Arrimadas se haría con las sillas de Vizcaya y la de Álava. Y es que hace cuatro años, el PP recogió 9 escaños, de los cuales 5 en Álava, 2 en Vizcaya y 2 en Guipúzcoa. Todo ello si no es que se confirman los pronósticos de las primeras encuestas que se están publicando, que prevén un porrazo de la suma PP+Cs. Según un sondeo reciente para Público, perderían 4 escaños.

La alianza con Cs ha pasado factura al PP vasco. Tanto es así que quien hasta ahora había sido su jefe de filas, Alfonso Alonso, se vio forzado a dar un paso al lado. Su oposición a como la dirección del partido impuso desde Génova el pacto con los naranjas hizo que Casado lo apartara como candidato y pusiera en su lugar a Carlos Iturgaiz, un histórico aznarista.

Iturgaiz, que ha contado con la bendición pública de Aznar, es el candidato a lehendakari que ha hecho un mejor papel en la historia del PP vasco. Fue en el año 2001, cuando consiguió 19 escaños, 10 más de los que tienen los populares vascos actualmente.

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