Impresiona ver en la mayoría de las portadas de hoy las fotografías de los soldados de la Guardia Nacional de los Estados Unidos por el suelo del Capitolio, sede de las dos cámaras del Congreso, el Senado y la Cámara de Representantes. Están ahí para proteger la toma de posesión del presidente Joe Biden y la vicepresidenta Kamala Harris, el próximo 20 de enero. Es penoso, si lo piensas bien, porque la ceremonia de este año será tristona: sólo pueden asistir los 100 senadores, los 435 representantes y un invitado de cada uno. Es decir, en el Capitolio habrá más soldados que electos. Es la primera democracia moderna del mundo y duele ver esas primeras páginas, en que la inauguración del nuevo presidente tiene el ambiente y la escenografía de una república o de una monarquía bananera cualesquiera.

La Guardia Nacional no son cuatro pelados con fusiles, gafas oscuras tipo mosca y protecciones de fútbol americano. Es una fuerza de reserva militar de unos 467.000 voluntarios. El gobernador de cada estado es su comandante en jefe, pues es una milicia estatal, aunque supervisada por el Pentágono, como se llama al Departamento (ministerio) de Defensa. Su armamento y equipo, incluidos tanques y aviones, es el mismo que el del Ejército y la Fuerza Aérea (la Armada no dispone de Guardia Nacional) y algunas unidades incluso han sido desplegadas en zonas de guerra.

Encima, la Cámara de Representantes votó ayer que el presidente Trump sea juzgado por el Senado por promover una insurrección. Le llaman impeachment. Es el segundo que cae sobre el actual presidente. Tradicionalmente, los estadounidenses ven a su país como la ciudad puesta sobre la montaña, a city upon the hill, de la que habla Jesucristo en el Evangelio de San Mateo, en la parábola que arranca: "Vosotros sois la sal de la tierra. (…) Vosotros sois la luz del mundo". Al presidente le lleman "líder del mundo libre", tanto en serio como en broma —y no te rías mucho porque a nadie se le ocurriría llamárselo a... Bueno, dejémoslo—. Imagínate el disgusto de muchos norteamericanos y de los que, a pesar de todos los pesares, saben apreciar el legado de los Estados Unidos. Ayer, La Vanguardia decía en un titular que "El Ejército apoya a Joe Biden", como quien habla de algún país inestable del Tercer Mundo. El otro día, un diario de Kenia tenía el estómago de titular así un reportaje sobre el asalto al Capitolio: "Y ahora ¿quién es la república bananera?". Del árbol caído todos hacen astillas o, como dicen en las Baleares, amb ses herbes mortes, tothom s'hi frega es cul.

Quizás estás pensando: "A qué viene ahora todo este rollo?" A nada, sólo para documentarte cuando quieras comparar el mal momento institucional de los Estados Unidos con los trances de la Democracia Consolidada™ y la Monarquía Moderna™, que ha rechazado por sexta vez la formación de una comisión parlamentaria que investigue al rey emérito Juan Carlos I en su papel de comisionista y defraudador fiscal. De todo esto, las portadas de los diarios de Barcelona y Madrid no dicen nada, salvo El Punt Avui. Por suerte, tampoco lo lleva ningún diario keniano.

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