La Vanguardia carga duro contra el president Quim Torra por dar la razón al diputado cupero Vidal Aragonés, que recordó ayer en la sesión de control los resultados de las actuaciones policiales de la semana pasada. Torra estuvo de acuerdo con Aragonés en las cifras —las mismas que ha publicado todo el mundo, incluida La Vanguardia-, y en la descripción de las acciones de los cuerpos de seguridad —las mismas que ha publicado todo el mundo, incluida La Vanguardia. El editorial califica a Torra de no apto como president, dice que tiene a los Mossos cabreados y que siega la hierba bajo los pies del conseller de Interior, Miquel Buch, al no dar apoyo decidido a las intervenciones policiales en las algaradas de estos días.

Está todo un poco cogido por los pelos, como se ve en el título del editorial ("La Generalitat debe apoyar a los Mossos"). Buch y otros consellers han salido a dar apoyo a los Mossos unas cuantas veces estos días. El titular de Interior volvió a hacerlo ayer mismo, en el Parlamento. ¿Será que estos consellers no son parte del Govern de la Generalitat? ¿Será que el diario se deja llevar por la interpretación que quiere dar al momento y/o por las ganas de ver Torra lejos de Palau, y acaba tomando el rábano por las hojas? Es una lástima, porque hay hechos para explicar las disensiones entre el president y el conseller: Ara da todo tipo de detalles y contexto en una magnífica crónica sobre cómo varios consellers frenaron las intenciones de Torra de forzar la dimisión de Buch. Con los hechos, Ara explica mejor la fragilidad del Govern que La Vanguardia con sus arabescos interpretativos.

Ara y El Periódico han preferido poner en primer plano las reclamaciones a los agentes políticos de Foment y Pimec, dos de las tres patronales catalanas relevantes: resolver el conflicto con diálogo y negociación y restablecer la paz social. La tercera patronal, Cecot, lo hizo el martes. La Vanguardia destaca que reclaman "seguridad jurídica". Estas elecciones retratan el carácter de cada diario.

Misterios de Madrid

Entre la prensa de Madrid es notable el título principal de La Razón. Es un misterio porque no se sabe adónde quiere ir a parar. ¿Qué sentido tiene trompetear una obviedad como que la mayoría del censo electoral no había nacido o tenía menos de 15 años cuando murió Franco?

Claramente, el diario quiere decirnos alguna cosa. Quizás le parece que si dos tercios de los votantes "son postfranquistas", el resto no y, por tanto, no se puede decir que España sea franquista. Esto hay que descartarlo, porque saben bien que ser franquista no depende de haber nacido en tiempo de Franco, como ese mismo diario demuestra a menudo. Quizás quiere quitarle importancia al hecho de que hoy se trasladan los restos del dictador —los franquistas no son tantos, no os pongáis así, etcétera—, pero esta interpretación casa mal con el hecho de que es el diario que más portadas ha dedicado a los avatares del traslado. Quizás es lo contrario y quiere destacarlo, pero entonces el título debería ser el opuesto ("Un tercio de los votantes todavía es franquista"), como queriendo decir alerta, tú, que se indigna al 36% del censo electoral. Quizás arrancan una serie donde nos informarán del porcentaje del censo electoral que "es post-colonial", "post-republicano" o "post-napoleónico". Es complicado.

ABC dice que los CDR son ETA. A la "exclusiva" del tabloide monárquico sólo le falta agregar que los CDR desayunan bebés asados, como  propone —sarcásticamente, cuidado— A Modest Proposal, un panfleto que Jonathan Swift escribió en 1729 sobre el conflicto entre Gran Bretaña e Irlanda. En fin. Dice Ignacio Sánchez-Cuenca que el sueño del nacionalismo español más intransigente es que el nacionalismo catalán se vuelva violento. Pues ya está todo dicho.

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