El periodista Manuel Chaves Nogales viajó en febrero de 1936 a Catalunya para explicar el regreso del Govern de Lluís Companys, tras su encarcelamiento por los hechos de octubre de 1934. ¿Qué pasa en Cataluña?, fue el primero de una serie de reportajes en los que el periodista andaluz explicó la situación y la dinámica política catalana. Uno de los reportajes describe la relación entre la Lliga y ERC a partir de una fábula. Se titulaba Después de haberse comido el sapo y explicaba la historia de dos aldeanos, uno de los cuales lleva una vaca, que van por un camino y se encuentran un sapo. Uno de ellos reacciona con una mueca, mientras el otro defiende al animal asegurando que no es más repugnante que otros que sirven de alimento a los hombres. ¿Tú te comerías el sapo?, responde el que lleva la vaca. Lo haría si hubiera necesidad, replica el otro, y comienzan una disputa que acaba con el propietario de la vaca apostándose su animal a que su interlocutor no es capaz de comerse el sapo. "La codicia y el amor propio fuerzan al aldeano a coger el sapo y comérselo", explica Nogales, que relata tanto las náuseas y la repugnancia que siente este, como el espanto del propietario de la vaca, que ve que está a punto de quedarse sin su animal. ¿Me devuelves la vaca si soy capaz de comerme el medio sapo que te queda?, le propone, en un ofrecimiento que el primero acepta inmediatamente. El de la vaca, cierra los ojos y se traga el medio sapo. Ambos siguen el camino y al cabo de un rato se detienen, se miran estupefactos y se preguntan: Y, ¿por qué nos hemos comido un sapo?.
Es posible que el president de la Generalitat, Salvador Illa, y el presidente de Esquerra, Oriol Junqueras, se hayan preguntado lo mismo tras protagonizar un pulso sobre la negociación de los presupuestos en que ambos habían asegurado que no cederían y sin embargo, finalmente, han tenido que hacer marcha atrás. Tras cuatro semanas de tira y afloja, Catalunya continúa sin presupuestos, pero Salvador Illa ha tenido que recular ante ERC y retirar el proyecto que presentó sin tener el apoyo garantizado de los republicanos; mientras que Junqueras ha renunciado a la exigencia de una garantía de Pedro Sánchez sobre la cesión del IRPF a Catalunya.
Illa ha visto cómo quedaba seriamente dañada la bandera de la eficacia, el orden y el buen gobierno con la que se había envuelto en el Palau de la Generalitat. Todo ello, además, cuando su ejecutivo tiene que combatir en varios frentes, entre los cuales la movilización en la calle de maestros y médicos, la crisis en Rodalies que no termina o la peste porcina que se extiende y preocupa al sector. Por su parte, Junqueras ha hecho evidente la debilidad de su exigencia sobre el cumplimiento de los acuerdos con la que intentó contrarrestar las voces de los críticos d'Esquerra, que no le perdonan haber hecho president de la Generalitat al líder del PSC a cambio de una financiación muy diferente a la que habían pactado.
Cuatro semanas
La pregunta que esta semana sobrevolaba el Parlament, pero también entre los agentes económicos y sociales, es cómo unos y otros han llegado a este extremo. Salvador Illa necesita imperiosamente aprobar este año presupuestos. No aprobó los de 2024, cuando llegó al Govern, ni los de 2025, y no tiene más remedio que aprobar los de este año porque el año que viene, en plena carrera electoral de las municipales, la negociación será mucho más difícil. Illa no se puede permitir pasar este año sin aprobar el proyecto.
Por su parte, ERC, que ha dado por bueno un acuerdo de financiación que ha hecho saltar chispas dentro de la formación, porque ni es singular ni sale del régimen común como se había prometido, necesita poder exhibir un compromiso sobre la cesión del IRPF en Catalunya, punto clave del acuerdo que firmó para investir a Illa. Esta cesión se debía haber materializado en el ejercicio tributario de este 2026, pero el Govern lo ha retrasado hasta 2028. ERC presentó una proposición de Ley en el Congreso para obligar al PSOE a comprometerse con la cesión. No obstante, a finales de febrero, ante la constatación de que no prosperaría, anunció que retiraba la propuesta para facilitar el acuerdo y reducía su exigencia a un "gesto" de Sánchez. Pero el gobierno español, a las puertas de las elecciones andaluzas y después de encadenar derrotas contundentes en los comicios de Aragón y Extremadura, ha dejado claro que no tiene intención de hacer ningún gesto. Lo ha asegurado en público y en privado; y Junqueras lo escuchó por boca del propio Pedro Sánchez en la Moncloa el 20 de febrero. Y esta fue la gota que colmó el vaso. Esquerra anunció la negativa a entrar en la negociación de los presupuestos y, tres días más tarde, Illa anunció que presentaría los presupuestos, a pesar de no tener el apoyo de Esquerra garantizado.
Convocar elecciones
El Govern estaba convencido de que ERC no aguantaría la presión, que cedería; pero el partido de Junqueras respondió doblando la apuesta y presentando una enmienda a la totalidad de las cuentas. Desde el Ejecutivo, incluso se hizo llegar a Junqueras, a través de los agentes económicos, que, si mantenía la enmienda y el pleno rechazaba los presupuestos, el Govern no descartaba convocar elecciones. Un adelanto electoral seria un escenario especialmente perjudicial para Junqueras, que continúa inhabilitado y no se podría presentar; pero que tampoco conviene al PSC, que ahora tiene en sus manos el Govern de la Generalitat en solitario.
No obstante, perder la votación de los presupuestos, habría hecho evidente también la debilidad del Govern. "Una cuestión de confianza encubierta", en palabras de la presidenta del grupo de Junts, Mònica Sales. Pero no solo era la opinión de la oposición. "Si caen los presupuestos, la legislatura está muerta", admitía estupefacto en los pasillos del Parlament un representante de los Comuns, un grupo parlamentario que con la actitud de ERC había conseguido multiplicar la fuerza negociadora de sus 6 diputados.
El Parlament alargó los plazos de la votación de los presupuestos para dar más tiempo a la negociación. Han sido cuatro semanas en las que la oposición ha contemplado expectante el pulso que ha desgastado al Govern, mientras ambas partes juraban y perjuraban que no cederían.
Reculada
Finalmente, sin embargo, este miércoles, el Govern ha retirado los presupuestos. Lo ha hecho al día siguiente de que tanto la portavoz del ejecutivo, Sílvia Paneque, como la consellera de Economía, Alícia Romero, negaran que el gobierno estuviera en este escenario. PSC y ERC hicieron público un comunicado a primera hora de la mañana en el que anuncian el acuerdo de sacar adelante el proyecto antes de que termine el período de sesiones, es decir, antes del mes de julio.
Y la cesión del IRPF? Este viernes, la consellera de Economia en declaraciones a TV3 instaba a ERC a que reclame a la Generalitat aquello que dependa de sus competencias —a pesar de que el acuerdo de investidura entre PSC y ERC sí que incluye cuestiones que afectan al gobierno español—, mientras que Junqueras en declaraciones a Catalunya Ràdio admitió que la cesión del IRPF ya no es una línea roja.
Al final, como en la fábula, el Govern no tiene presupuestos, y ERC no tiene ningún compromiso sobre la cesión del IRPF a Catalunya que había acordado a cambio de investir a Illa. En cambio, ambos han exhibido sus debilidades y se han sometido a un fuerte desgaste. Y la pregunta, de nuevo, es: ¿por qué se han comido medio sapo cada uno?
