Tal día como hoy del año 1640, hace 386 años, en Barcelona, y en el contexto de la gran crisis política, social y económica que conduciría a la Revolución de los Segadores (junio, 1640) y a la Guerra de Separación de Catalunya (1640-1652/59), se producía un gran revuelo popular que culminaría con el intento de asalto a las cárceles reales, situadas en una torre de la antigua muralla romana, en la plaza del Blat (actualmente plaza del Àngel).  

En aquellas mazmorras estaban recluidos Francesc de Tamarit, diputado militar o consejero-protector de la Generalitat (el máximo representante del estamento nobiliario y primera autoridad militar de Catalunya) y Francesc Joan de Vergós y Lleonard Serra, consejeros del Consell de Cent de Barcelona (el gobierno municipal de la ciudad), detenidos y encarcelados por orden del virrey Queralt, acusados de promover la disidencia contra el régimen hispánico de Felipe IV y de su ministro plenipotenciario Olivares.

Tamarit, Vergós y Serra —entre muchos otros— se habían opuesto a las levas forzosas decretadas por el gobierno hispánico, ya que suponían la ruina de las unidades familiares, que veían perder su principal fuente de recursos. Argumentaban que las Constituciones de Catalunya prohibían reclutar tropas entre la población civil para combatir fuera de las fronteras del país y, por lo tanto, conducir a aquellas fuerzas a combatir en el Languedoc (la vanguardia del frente) era una contrafacción.

En aquel momento, Catalunya estaba inmersa en un terrible escenario crítico que tenía tres facetas muy definidas. La política estaba causada por el gobierno central hispánico, que desde 1626 pretendía arrasar el régimen foral catalán. Para ello, Olivares había desplazado el principal frente de guerra con Francia, adrede, a la frontera catalano-francesa.

El social estaba relacionado con el político. Con el pretexto de la guerra, Olivares había introducido a 40.000 tercios en Catalunya, quienes, por falta de acuartelamientos, eran alojados en las casas particulares. Esta soldadesca hispánica se comportaba como un ejército ocupante: robando, agrediendo, violando y asesinando a la población civil. Y el económico, provocado por una serie de malas cosechas (alternancia de rigurosas sequías y devastadores aguaceros) que había colocado a la sociedad catalana en una situación extrema.

El 22 de mayo de 1640, el pueblo de Barcelona se concentró y rodeó la cárcel real, y el virrey Queralt, secretamente, ordenó la apertura de las mazmorras para facilitar la fuga de los presos. No obstante, proclamaría que el presidio real había sido violentado. Y de este modo se aseguraba otra causa para incrementar la represión contra la disidencia catalana al régimen hispánico.