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La presencia del Ejército en las calles de Ceuta, una de las imágenes que ha dejado la crisis migratoria abierta desde finales de julio, queda ahora bajo sospecha. Una veintena de migrantes marroquíes denuncian haber sido apaleados, acosados, humillados o desposeídos de su dinero y teléfonos móviles por militares españoles, especialmente miembros de la Legión y de Regulares, según una investigación publicada por elDiario.es. A estos testimonios directos, el medio añade cerca de un centenar de casos, algunos de ellos menores de edad, detectados por organizaciones que trabajan sobre el terreno, como el colectivo Mutual Support Brigades. Se trata, de momento, de denuncias y testimonios que no han sido acreditados judicialmente, pero la información aporta fotografías de lesiones, testimonios presenciales y al menos un informe médico que recoge que uno de los heridos explicó haber sido agredido por soldados españoles. Fuentes gubernamentales consultadas por el mismo diario aseguran que "no tienen conocimiento de ninguna queja", condenan cualquier tipo de violencia y afirman que cualquier agresión que se haya podido producir será investigada.

Tres heridos y un menor de 17 años

Uno de los episodios más graves que relata la investigación se produjo la madrugada del 11 de septiembre en el barrio de Los Rosales. Cuando periodistas y activistas llegaron a la zona, había una docena de legionarios desplegados cerca de una casa en ruinas donde dormía un grupo de migrantes. Poco después aparecieron varios jóvenes heridos. Tres necesitaron ser trasladados al hospital. Presentaban golpes en la cabeza, la cara y las costillas. Uno de ellos tenía una herida de unos cuatro centímetros en la cabeza. Otro, Adam, de 17 años, tenía los labios ensangrentados y marcas de un golpe en la cabeza. "Soy menor de edad. Estábamos muy asustados, estábamos atrapados y se reían de nosotros mientras nos pegaban", explicó al diario que ha recogido estas agresiones antes de subir a la ambulancia.

Los migrantes sostienen que los soldados les habrían ordenado salir de un escondite con la promesa de que solo serían registrados y que los golpes habrían comenzado cuando el primero de ellos todavía estaba arrodillado. También denuncian teléfonos rotos o sustraídos y dinero desaparecido. Un adolescente asegura que le quitaron 180 euros que le había enviado su madre. El periodista de elDiario.es afirma haber visto restos de sangre en el edificio y móviles con las pantallas destrozadas.

Un informe médico recoge la acusación contra soldados

Otro de los casos aporta un elemento documental. Hassan —nombre ficticio— explica que el 8 de septiembre cinco soldados entraron en la cabaña donde dormía y uno de ellos le golpeó con una defensa. El periodista lo encontró horas después a las puertas del Hospital de Ceuta, con una parte de la cara hinchada y un diente roto. El informe médico describe las lesiones y deja constancia del relato del paciente: había informado de una agresión de soldados con una porra en la cara, una pierna y un codo. El informe acredita la existencia de las lesiones y el relato que el paciente dio a los médicos, pero no determina por sí mismo la autoría de los golpes. Hassan afirma también que, después de la agresión, los militares querían llevarlo hasta Marruecos y que consiguió huir entrando en el mar. Desde entonces dice que no se atreve a volver al lugar donde vivía por miedo a encontrarse nuevamente con las patrullas.

Cabellos cortados por la fuerza y amenazas de expulsión

Las denuncias no se limitan a las palizas. Varios migrantes describen prácticas humillantes, especialmente cortes de pelo forzados. En los almacenes del Tarajal, elDiario.es relata haber visto a varios jóvenes que, tras la retirada de una patrulla de legionarios, aparecieron con partes de la cabeza afeitadas. Tres aseguraron que los soldados les habían obligado a cortarse el pelo bajo la amenaza de ser enviados a Marruecos. Uno de ellos sostenía que los militares habían ordenado a un barbero que lo afeitara.

Otros dos jóvenes explican que fueron retenidos, rociados con espray de pimienta y obligados a cortarse parte del pelo. Un barbero marroquí afirma, por su parte, que fue detenido y apaleado después de negarse a afeitar a dos menores.

Otros testimonios describen un procedimiento aún más grave: ser introducidos en vehículos militares y trasladados hasta zonas boscosas próximas al CETI, donde aseguran que fueron golpeados. Uno de los denunciantes mostraba un ojo morado y varias marcas alargadas en la espalda.

¿Qué pueden hacer los militares en Ceuta?

Este es uno de los puntos más delicados de la denuncia. El Ejército fue movilizado después de la entrada masiva de finales de julio para reforzar la respuesta del Estado. Defensa define oficialmente su misión en Ceuta como de "presencia, vigilancia y apoyo". Además, el decreto que declaró Ceuta situación de interés para la seguridad nacional diferencia las funciones atribuidas a los ministerios: a Defensa le asigna capacidades humanas, logísticas, sanitarias, de transporte, vigilancia, infraestructuras y apoyo general; en cambio, sitúa expresamente bajo Interior la seguridad ciudadana, el mantenimiento del orden público, el control fronterizo, la identificación de extranjeros y la policía judicial.

Es una distinción importante porque, si se confirmaran actuaciones como las descritas —retenciones, cacheos, confiscación de pertenencias o traslados de migrantes—, habría que determinar con qué cobertura legal se habrían llevado a cabo y bajo qué órdenes. De hecho, la cuestión ya había llegado a la política antes de que se conocieran estas denuncias. El PP ha reclamado que los militares desplegados en Ceuta puedan disponer temporalmente de la consideración de agentes de la autoridad, precisamente para ampliar su capacidad de actuación y su protección jurídica.

Una nueva herida en una ciudad todavía en crisis

Las acusaciones aparecen en una Ceuta que todavía no ha recuperado la normalidad más de un mes y medio después de la entrada masiva de finales de julio. Miles de migrantes continúan en la ciudad y centenares de menores todavía no han podido ser incorporados plenamente al sistema de protección. Este martes, el Gobierno español calculaba que entre 700 y 1.000 menores continuaban en las calles de Ceuta. Ahora, sin embargo, las denuncias que ha publicado el diario introducen una cuestión diferente y especialmente sensible que el Gobierno español deberá investigar: si algunos de los efectivos enviados para reforzar la seguridad y apoyar durante la emergencia han traspasado los límites de su misión.

A esta situación humanitaria se suma un clima de fuerte tensión. En las últimas semanas también se han producido agresiones contra agentes y militares e incidentes entre migrantes y fuerzas de seguridad. Según denunció UGT Ceuta en un comunicado este martes, tres vigilantes de seguridad del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta resultaron agredidos y tuvieron que ser trasladados al Hospital Universitario por los golpes recibidos cuando intentaban intervenir en una pelea entre los migrantes acogidos en estas instalaciones. Los vigilantes fueron agredidos este lunes después de intervenir en una pelea entre residentes del CETI de origen subsahariano y marroquí, a la que se añadieron más personas.