El exlíder de Unió Josep Antoni Duran ha acusado al expresident de la Generalitat en el exilio, Carles Puigdemont, de ser "un iluminado sin conciencia de los riesgos" y a su antecesor en el cargo, Artur Mas, de no tener madera política y autodestruir CiU.

Así lo recoge en el libro El riesgo de la verdad, de la editorial Proa, donde repasa su trayectoria política desde que se afilió a Unió en 1974 hasta su dimisión el 2016; las tensiones a CiU y la posterior ruptura de la federación; contactos con los expresidentes del Gobierno Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, y su relación con los expresidents de la Generalitat Jordi Pujol, Pasqual Maragall y Artur Mas, entre otras cuestiones.

Mas, el "responsable" de la autodestrucción de CiU

Sobre Mas, asegura que nunca hubiera imaginado que "aquella persona un poco distante, con poca madera política, sin que nunca se hubiera caracterizado por ningún exabrupto nacionalista, llegaría a ser el líder del independentismo que llevaría el país contra las cuerdas".

"No conozco ningún antecedente de autodestrucción en todo el mundo de una fuerza política tan consolidada y tan fuerte como era CiU. De esta autodestrucción, Mas es el máximo responsable", sostiene Duran, después de reprocharle haberse dejado influenciar por David Madí y Francesc Homs, que define como personajes de tercera fila decisivos a la hora de marcar estrategias políticas.

Puigdemont, un "tarambana"

Según Duran, nunca perdonará a Madí que influyera sobre Mas para aceptar a Puigdemont, persona a la cual ya no le tenía simpatía porque siempre lo había criticado y porque lo consideraba un tarambana: "Es más de la CUP que de Convergència, y el tiempo me ha dado la razón". En su opinión, Mas sitúa la causa independentista como la única prioridad en Catalunya y cree que el error más grave e irresponsable del expresident fue dejarse presionar por la CUP: "Un hombre del sistema dejó su futuro y el de su nueva bandera en manos de la CUP, de los antisistema. La CUP son para mí la versión más próxima a lo que la CNT-FAI significó en los años 30".

Nunca podrá ser independentista

Después de reconocer que no es ni podrá ser nunca independentista, ni sentimental ni racionalmente, recalca que el movimiento perdió toda posibilidad de reconocimiento y respeto por parte de la comunidad internacional después de la declaración unilateral de independencia, y los acusa también de atacar el discurso que pronunció el rey Felipe VI: "Catalunya se disponía a anunciar la secesión de España y difícilmente se entendería que quien representa a todos los españoles hubiera optado por el silencio".

En pleno juicio a los líderes independentistas en el Tribunal Supremo, a los cuales no considera presos políticos, sostiene que el indulto puede ser una solución si los condenan, y advierte que no se resolverá el conflicto entre Catalunya y el resto de España si no se busca una solución para los encausados. A pesar de criticar la prisión preventiva de todos ellos, censura que el independentismo haga "demagogia populista cuando lo quiere presentar como una represión judicial y como una supuesta muestra de falta de independencia judicial".

También cree que es una falta de respeto comparar el exilio político vivido durante el franquismo con la situación de Puigdemont, "e incluso es una ofensa a los dirigentes que han tenido la dignidad y el coraje de quedarse en Catalunya y dar la cara ante la justicia".

Además de apelar la reconciliación, subraya que la solución al conflicto catalán no requiere necesariamente una reforma de la Constitución, y plantea una disposición adicional que reconozca la base nacional, cultural y lingüística de Catalunya.

Dolido por no ser el heredero de Pujol

En relación al expresident de la Generalitat Jordi Pujol, cree que siempre fue independentista, a pesar de no considerarlo responsable del giro de CDC, y reitera que lo utilizó en la crisis con Miquel Roca y cuando pensó en Artur Mas para sucederlo y no en su persona.

Aunque el democristiano insiste en el libro que no le interesaba ser el candidato a la presidencia de la Generalitat pero sí liderar el catalanismo político, admite que sí que pensó que "podía y tenía que serlo" después del abrazo que Pujol le dio en un mitin en 1999, que se interpretó en clave sucesoria.

No obstante, poco después Pujol le informó en una reunión de que designaría a Mas como conseller en cap de la Generalitat, después de lo cual le respondió que el día que lo hiciera tendría su dimisión como conseller, y añade: "Asistí a su toma de posesión con cierta incomodidad y, sobre todo, con una corbata bien chillona para que la miraran más que a mí".

También se refiere a la confesión de Jordi Pujol sobre que tenía dinero en Andorra, y aunque le afectó, reivindica que su reacción fue de respeto comparado con "la de muchos de los suyos y más próximos", que nada le hará olvidar toda su obra como president de la Generalitat y que cree que no lo condenarán.

El exlíder de Unió insiste en que nunca ambicionó ser ministro pero sí era partidario de que CiU se implicara en la gobernabilidad de España, cosa que Pujol nunca quiso, y sobre Aznar cree que el auténtico era el que gobernó durante su segunda legislatura y lo define, salvando las distancias, como "un Reagan o una Thatcher a la española".