Los ciudadanos de Castilla y León están llamados este domingo a las urnas. Será la tercera autonomía que vota en este nuevo ciclo electoral, después de Extremadura y Aragón y antes de unas andaluzas que, como tarde, se tienen que celebrar este verano. Se prevé que los castellanos y leoneses proyecten la misma tendencia que se ha visto en estas otras dos comunidades y que los sondeos pronostican de cara a unas próximas elecciones generales: el PSOE a la baja y el PP como partido favorito de los españoles pero cada vez más dependiente de un Vox en auge. Si esto se cumple, el actual presidente Alfonso Fernández Mañueco intentará repetir un nuevo mandato volviendo a pactar con los ultras. Fue precisamente en esta autonomía —un feudo histórico de los populares— donde en 2022 se probó por primera vez la coalición entre PP y Vox. Las elecciones de este domingo pueden ser, también, el last dance autonómico de Ciudadanos

Este año, a causa del incremento de la población de Segovia, el parlamento de Castilla y León tendrá un procurador más: 82 diputados representarán a los ciudadanos de esta autonomía, de manera que la mayoría absoluta se alcanzará a partir de los 42 escaños y no de los 41 como en la actual legislatura. Las últimas encuestas coinciden en proyectar un resultado similar al de Extremadura y Aragón, pero más contenido. Es decir, el PP se mantendría en los 31 procuradores, el PSOE perdería fuerza sin sufrir un doloroso batacazo y pasaría de los 28 a los 26 representantes; y Vox se dispararía con menos fuerza: los ultras pasarían de los 13 a los 18 diputados. Según el consenso demoscópico, la suma de populares y voxeros es la única manera de alcanzar la mayoría absoluta; los socialistas no tendrían ni la oportunidad de intentar juntar fuerzas con otras formaciones de izquierdas, regionalistas o provinciales: se calcula que Izquierda Unida consiga un procurador; Unión del Pueblo Leonés, tres; Soria Ya, dos; y Por Ávila, uno. 

La autonomía más extensa del Estado —marcada actualmente por la despoblación, el envejecimiento, la ruralidad y los graves incendios del pasado verano— ha sido gobernada por el PP los últimos treinta y nueve años. Ha logrado mayorías absolutas en las elecciones de 1991, 1995, 1999, 2003, 2007 y 2011. El primer popular en tomar el poder en esta autonomía fue José María Aznar en 1987. Antes de dar el salto a la política estatal, convertir Alianza Popular en el Partido Popular y presidir el Gobierno, fue el jefe del ejecutivo en esta comunidad.

La campaña permanente de Extremadura, Aragón y Castilla y León embarranca los pactos PP-Vox

El objetivo del PP en estas elecciones es mantener el actual número de procuradores y, después, pactar con Vox la constitución de un nuevo Gobierno. Como las elecciones de Extremadura (diciembre), Aragón (febrero) y Castilla y León (marzo) se han celebrado de forma consecuente, la formación de extrema derecha se ha negado a llegar a ningún pacto de gobierno con el PP mientras estuvieran en marcha las campañas electorales. Por eso, la semana pasada los ultras tumbaron la investidura de María Guardiola como presidenta de la Junta extremeña.

Ante la imposibilidad de llegar a acuerdos, las direcciones estatales del PP y de Vox acordaron cambiar la estrategia de negociación. Génova 13 se está implicando de forma directa en estas conversaciones que deben servir para desatascar las gobernanzas de las tres autonomías. Los ultras ya no piden cargos dentro de los nuevos ejecutivos autonómicos, al menos dentro de esta nueva primera fase de la negociación. Después de que el partido de Santiago Abascal tumbara la investidura de Guardiola, Alberto Núñez Feijóo tachó a Vox de “estafa”, con el argumento de que los dos partidos están condenados a entenderse y a sumar fuerzas. Por este motivo, continúa abogando por el pacto después de las elecciones en Castilla y León. 

La primera vez que se forjó un pacto de coalición autonómica entre PP y Vox fue, precisamente, en Castilla y León. Esta suma de fuerzas se normalizaría a partir de las elecciones autonómicas y municipales de 2023 y, a través del discurso del miedo, Pedro Sánchez consiguió retener la Moncloa una legislatura más después de las generales anticipadas de aquel año. Ahora, a Mañueco le tocaría pactar con el actual líder de Vox en este territorio, Carlos Pollán; sucesor de Juan García-Gallardo, el joven candidato que en 2022 consiguió unos ya muy buenos resultados con 13 diputados y que ahora podrían aumentar hasta los 18.

PSOE, un candidato no sanchista

El PSOE ya tiene asumido que no conseguirá gobernar esta autonomía después de estas elecciones. El escenario más optimista —muy, muy optimista— para los socialistas es que el auge de Vox sea tan pronunciado que consiga dividir el voto de la derecha hasta el punto de que el PSOE supere al PP. Las encuestas, sin embargo, sitúan al partido del presidente del Gobierno por debajo de los populares. Si se confirman los pronósticos, los socialistas castellanoleoneses no sufrirían un batacazo tan doloroso como los aragoneses; y aún menos que los extremeños. Carlos Martínez, además, es un candidato no sanchista. No tiene una guerra abierta con el líder del partido como en el caso del manchego Emiliano García Page, pero en las primarias de 2014 apoyó a Eduardo Madina y no a Pedro Sánchez. En 2017 también apostó por Susana Díaz; y años antes lo hizo por Carme Chacón, no por Alfredo Rubalcaba como sí fue el caso de Sánchez. Estas últimas semanas, además, también se ha mostrado crítico con el pacto del presidente español con Oriol Junqueras para un nuevo modelo de financiación que respeta el principio de ordinalidad en el caso de Catalunya.

El last dance de Ciudadanos?

Una de las curiosidades de estas elecciones autonómicas es que Castilla y León puede convertirse en la última pista de baile de Ciudadanos. En las elecciones de 2022, el partido con el que Albert Rivera aspiraba a hacerle un sorpasso al PP consiguió solo un diputado en esta comunidad. Ha sido, hasta ahora, la gran excepción en el mapa político español. Ahora, si el pronóstico de las encuestas se cumple, podría desaparecer para siempre. En este last dance, la cabeza de cartel se llama Mitzin Mariana. Ya no es Francisco Igea, un exmiembro de UPyD que fue expulsado de Ciudadanos y, para colmo, en esta carrera electoral ha pedido el voto por Izquierda Unida. Todo indica que acabarán desapareciendo de la política de la misma manera que entraron: ondeando la bandera de la catalanofobia. En esta campaña han blasfemado contra los supuestos privilegios de Catalunya en materia de financiación. 

El espacio a la izquierda del PSOE y las formaciones territoriales

En las elecciones de 2022, Podemos e Izquierda Unida se presentaron juntos. Pero este año se presentan por separado, una fórmula que en Aragón se vio fracasada. La única formación situada a la izquierda del PSOE que salió bien parada en los comicios celebrados en febrero fue la Chunta Aragonesista. En Extremadura, en cambio, la suma de Podemos e Izquierda Unida consiguió aumentar el número de representantes de cuatro a siete. En Castilla y León, Izquierda Unida se presenta con la marca Sumar. Según los sondeos, se calcula que esta candidatura obtenga un escaño. Podemos, en cambio, desaparecería del mapa.

En cuanto a las formaciones territoriales, Unión del Pueblo Leonés —que reivindica una autonomía propia para León, Zamora y Salamanca— mantendría los tres escaños que tiene actualmente. Soria Ya, una formación dedicada a representar la llamada “España vaciada”, pasaría de tres a dos procuradores; mientras que Por Ávila mantendría un diputado en el hemiciclo autonómico.