Carlo Sechi (L'Alguer, 1946), es una de las figuras más destacadas en la defensa de la lengua catalana en la ciudad sarda. Implicado activamente en la promoción del catalán desde los años sesenta, cuando la lengua pasaba por un momento muy delicado a raíz del estallido del turismo y de un aumento de la presencia del italiano a partir de las reformas escolares y el auge de la televisión. Sechi fue uno de los fundadores del movimiento Sardenya i Llibertat, con el cual consiguió ser primer concejal de su municipio en la década de los años ochenta y después, entre 1994 y 1998, síndico, es decir, alcalde, con el foco puesto en hacer aumentar la presencia del catalán en las instituciones para dotarla de más prestigio a ojos de los alguereses.
Promotor de numerosas iniciativas, en 1985 fundó la Obra Cultural de L'Alguer y también puso en marcha la Biblioteca Catalana de la ciudad. En 1996 fue reconocido con la Creu de Sant Jordi por su trabajo incansable, que ha mantenido en los últimos treinta años. Esta semana, Sechi, que se caracteriza por ser optimista de naturaleza, fue galardonado con el premio especial del jurado de los premios Martí Gassull i Roig, que cada año otorga la Plataforma per la Llengua. De visita en Barcelona para asistir a la entrega de premios, Sechi repasa en esta entrevista la situación de la lengua catalana en L'Alguer y mira el futuro con esperanza a pesar de las adversidades
Lleva muchos años implicado en la defensa de la lengua catalana en L'Alguer. ¿Cuál diría que es la situación de la lengua en su ciudad hoy en día?
Estamos obligados a ser optimistas. Esto nos ayuda a hacer, a trabajar, pero, además, tenemos elementos que nos llevan a serlo. Vemos que una comunidad entera tiene todavía un espíritu de reivindicación. Los militantes son una parte más reducida, naturalmente, pero hay una comunidad algueresa, que quiere incluir también a los recién llegados que siempre se han integrado lingüísticamente o que manifiestan simpatía, consideración, respeto y positividad por el hecho de que una comunidad identitaria histórica como L'Alguer haya tenido la capacidad y la fuerza para salvar la lengua y la tradición cultural.
La presión turística fue muy fuerte y trajo como lengua de comunicación el inglés. Muchos jóvenes eligieron aprenderlo para poder tener oportunidades para trabajar
¿Usted diría que el catalán en L'Alguer está mejor que años atrás?
No, eso no lo digo porque sería decir una mentira. L'Alguer tuvo una situación crítica, a principios de los años sesenta, cuando una serie de circunstancias hicieron presión para cortar la transmisión de la lengua a las generaciones futuras. Hubo una fortísima presión de recién llegados de otros pueblos de Cerdeña, pero sobre todo del resto de Itàlia. Eran de una clase social media-alta y reivindicaban el italiano como una lengua de emancipación y de evolución. Había muchas altas figuras del polo petroquímico de Porto Torres que eligieron hacerse una casa en L'Alguer. Esto se vio como un hecho positivo, pero condicionó muchísimo el uso de la lengua. El otro aspecto es la presión turística, que en los años sesenta no quiero decir que fuera una agresión, pero tuvo una presencia muy fuerte. Era un turismo prevalentemente inglés y nor-europeo que traía como lengua de comunicación el inglés. Por eso, muchísimos jóvenes eligieron aprender el inglés para poder tener oportunidades de trabajar. El tercer motivo fue la reforma escolástica del estado italiano, que trajo la obligatoriedad de la escuela entre los diez y los catorce años, totalmente en italiano. Finalmente, la entrada de la televisión en todas las casas y también en italiano, que supuso un cambio radical en la manera de ser, de comunicar y de vivir en L'Alguer.
¿Cómo se superó esta situación?
Nunca se ha perdido el interés ni el entusiasmo. En los años sesenta hubo el viaje del reencuentro catalán (en agosto del año 1960, 150 catalanes fueron en crucero a L'Alguer y conocieron la ciudad) que despertó un sentimiento catalanista y un interés por Catalunya y la lengua catalana. De aquí surgieron iniciativas, intercambios, también vinieron los valencianos y los roselloneses, vino el Orfeó Català y los Castellers de Vilafranca... Todo esto generó curiosidad y fortaleció los sentimientos de pertenencia. Es cierto, se ha reducido enormemente el porcentaje de los catalanohablantes, pero ha habido siempre un clima positivo, de optimismo y de consideración. Cabe decir que Cerdeña siempre ha tenido el orgullo de tener L'Alguer. Nos ha visto como una oportunidad de tener una comunidad reconocida universalmente. Que los sardos siempre hayan respetado el catalán nos ha ayudado enormemente.
Los gobiernos italianos han expresado indiferencia por el catalán y por L'Alguer, pero nunca hostilidad ni represión
¿Han tenido la misma sensación por parte del estado italiano?
No. El estado italiano ejerció una represión muy fuerte en la época fascista, pero no en Cerdeña y tampoco en L'Alguer. La represión más dura de Mussolini fue en el norte de Italia, el sur de Tirol, el área eslovena o en el Valle de Aosta, pero en nuestras confrontaciones no. Los gobiernos que le siguieron han manifestado, podríamos decir, una cierta indiferencia, pero nunca hostilidad ni represión. Cuando en los años setenta y ochenta comenzó la batalla por aplicar el artículo 6 de la Constitución, sobre las minorías lingüísticas, los partidos de izquierdas, la democracia cristiana, los comunistas y los socialistas nos expresaron solidaridad. La derecha fue más prudente, pero nunca fueron hostiles. Cuando tuvimos relación con los portavoces del parlamento, siempre encontramos disposición por parte de ellos. La ley de tutela de las minorías lingüísticas no se aprobó hasta finales del año 1999, pero llegó.
Usted tuvo también responsabilidades políticas en L'Alguer, como concejal primero y después como síndico. ¿Cómo promocionó la lengua?
Siempre he dicho que una lengua se salva y se ayuda y se promueve si se habla. Y eso es lo que hice dentro del ayuntamiento comunal, en los mítines políticos, en la producción de los carteles, la propaganda política electoral… Siempre lo hice exclusivamente en catalán. Cuando fui elegido y durante una larga temporada estaba solo, era el único representante del movimiento nacionalista de izquierda Sardenya i Llibertat, y era el único que en las asambleas municipales hablaba en catalán. Esto demostró que era una lengua útil para hablar de cualquier tema y defender cualquier argumento. Nunca fallamos. Haciendo esto animamos también a muchísima gente joven y nos ganamos el respeto de mucha gente mayor, que supieron apreciar el hecho de que la lengua en la cual ellos pensaban, empleaban en el trabajo o en la calle, tenía también dignidad dentro de las instituciones. Pero, sobre todo también, empleé el catalán en forma escrita, haciendo y comunicando iniciativas del municipio en nuestra lengua. Esto ha dado dignidad y ha animado a muchos alguereses.
¿Diría que este es su legado?
Sí. En aquel momento pusimos en marcha muchas relaciones. Yo fui concejal de Cultura y Deportes en los años ochenta y activamos una serie de iniciativas que tuvieron una repercusión importante a nivel no solo pancatalanista, sino internacional. Trajimos las fiestas de cultura popular Pompeu Fabra, a quien los ciudadanos de L'Alguer conocían como el unificador de la lengua, pero superficialmente. Esto nos dio la oportunidad de profundizar en su figura. En 1985 vinieron el presidente Pujol y el consejero Rigol, para hacer un acto de hermanamiento con el Gobierno Autonómico de Cerdeña en Càller, pero se confirmó en L'Alguer, con la presentación de un libro coeditado entre la Asamblea Regional Sarda y el Parlamento de Cataluña. Pero, sobre todo, nosotros trabajamos en los años 90 para pedir al Institut d'Estudis Catalans que abriera las puertas en la ciudad. Tenía la sensación de que había mucha prudencia para frenar el reconocimiento del catalán y el trabajo que hacíamos para protegerlo. Ya teníamos una revista periódica, L'Alguer, publicábamos libros en catalán respetando la unidad de la lengua catalana, pero salvando y recuperando y tutelando las peculiaridades de nuestro catalán. Para nosotros no era una forma egoísta de salvar nuestras peculiaridades, sino que enriquecíamos la gran lengua catalana a través de las peculiaridades algueresas. Finalmente, en 1997 firmé un convenio con el IEC de respeto y colaboración. Fue muy significativo para L'Alguer, que representa la extrema periferia de la área lingüística.
¿Quién habla hoy catalán en L'Alguer?
La lengua no hace distinciones ni de nivel social ni de edad. Si lo evaluamos porcentualmente, podríamos decir que es poca gente, pero hay muchas personas que hablan catalán y que lo recuperan, también recién llegados, italianos que han elegido vivir o tener una casa en L'Alguer y que aprenden la lengua porque les fascina el hecho de que la ciudad pueda ser una comunidad lingüística catalana. Disfrutan la lengua, escriben. En el concurso de poesía Rafael Sari, por ejemplo, participan personas que no son catalanohablantes, pero que tienen el orgullo y la sensibilidad de contribuir. Esto demuestra la atención, la consideración y el gozo de las personas que vienen a L'Alguer y ven en la lengua una riqueza.
Cuando dice recién llegados, ¿a quién se refiere?
A personas de todo el mundo. A la gente de Cerdeña que viene a L'Alguer, los alguereses les tienen que hacer un monumento porque se integraban lingüísticamente. Lo veían como una forma de emancipación y también de consideración y respeto por una lengua que no era la suya, pero que empleaban el catalán para poder vivir dentro de la comunidad catalana de L'Alguer. La fuerte presión turística provocó que hubiera muchos matrimonios mixtos entre sards y personas del norte de Europa. Estas personas también han manifestado un respeto muy importante por nuestra lengua. Siempre habrá gente con curiosidad e interés que aprenden catalán, colaboran y contribuyen a la recuperación y al futuro de nuestra lengua.
Los musulmanes van una vez en la vida a la Meca. Los catalanes tienen que venir a L'Alguer
Muchos catalanhablantes saben de la tradición del catalán en L'Alguer, pero nunca han estado allí. ¿Qué les explicaría de su ciudad?
Yo siempre digo a los catalanes que tienen que hacer como los musulmanes. que van una vez en su vida a la Meca, pues ellos tienen que venir una vez en la vida a nuestra ciudad. Cada vez pasa más, gracias a las oportunidades de viajar que hay hoy en día, sobre todo en la temporada de verano y de vacaciones. En temporada baja también vienen muchos catalanes. Siempre tienen la puerta abierta en la calle Arduino, donde convivimos la Plataforma per la Llengua y la Obra Cultural. Si hay una persona dentro de la sede, la puerta está abierta. Cuando ven los carteles en catalán, a la gente le entra la curiosidad. Con un “hola” es suficiente para tener confianza y les explicamos todo lo que hacemos, que tenemos la única biblioteca en catalán de Italia. Las visitas de catalanes a L'Alguer ha dado vida a un fenómeno: mucha gente está poniendo a sus hijos el nombre de la ciudad. Es una cosa fantástica. En Tarragona dicen que son el balcón del Mediterráneo. Nosotros decimos que somos el balcón más bello del Mediterráneo.
Haciendo un poco de retrospectiva, ¿qué lección se lleva de todos estos años haciendo activismo por el catalán? ¿Qué autocrítica hace?
Que hay que reivindicar el uso del catalán siempre. Yo creo que hay dos grandes objetivos que todavía están vigentes. El primero, el uso del catalán en las instituciones. Las instituciones públicas deben emplear el catalán constantemente, siempre. No es suficiente que manifiesten simpatía y respeto por la lengua. Si no la hablan y no la usan para las actividades institucionales, eso es muy poca cosa. El uso de la lengua en el ámbito institucional fortalece el sentimiento de pertenencia de la gente común, que ve en el ejemplo institucional una señal de consideración por una lengua que puede ser auténticamente de prestigio. El otro es introducir la lengua en la escuela. En L'Alguer, como en toda Cerdeña, las escuelas dependen totalmente del Ministerio del Estado italiano y de las disposiciones italianas. Pero el gobierno autonómico puede reivindicar una autonomía escolástica, cosa que han hecho otras regiones que han ejercido el derecho autonómico y han elegido proponer la enseñanza de la lengua materna en las escuelas estatales. En L'Alguer, todas las escuelas son estatales y, por lo tanto, sería fácil. Antes de todo, habría que reivindicar la autonomía ante el Estado y después elaborar proyectos para introducir la lengua sarda en Cerdeña y el catalán en L'Alguer. Para conseguirlo, eso sí, hace falta la formación del profesorado. Las familias están a favor de enseñar la lengua materna, incluso aquellas que no son catalanohablantes, pero que desean y sostienen que los hijos puedan aprender la lengua. Todo esto depende de los gobiernos autonómicos y de los ayuntamientos, que deberían presionarlos para conseguirlo.
¿El futuro de la lengua en L'Alguer depende de esto? ¿De las instituciones y de la escuela?
Hoy la lengua todavía tiene un alto nivel de consideración y tenemos posibilidades y oportunidades de trabajar para salvarla. Sabemos que es un porcentaje muy pequeño, pero cada día hay alguien nuevo que descubre el interés por la lengua, que escribe un artículo, una poesía, un recuerdo o que empieza a hablar en catalán. También hay jóvenes, niños, que la usan para hacer bromas, para jugar entre ellos. Esto es la base, es lo esencial para conseguir un uso más frecuente. Hemos celebrado cuatro ediciones del concurso Canta L'Alguer, promovido por la Plataforma per la Llengua. Los jóvenes que lo han ganado, antes hacían música en italiano. Después del concurso han empezado a componer, cantar y a hablar entre ellos en la lengua propia. Esto es un resultado extraordinario que nos demuestra y nos anima a hacer aún más para promover el catalán entre los jóvenes.
Hace un año se publicaron los datos de uso social del catalán en Cataluña que demuestran un retroceso de la lengua. Usted, desde la distancia, ¿cómo ve la situación del catalán en el país?
Somos conscientes de que hay problemas. Que la juventud estudia en catalán, pero juega en el recreo en castellano. Esto es la sociedad de hoy. Hace falta militancia activa, el orgullo de un pueblo con identidad que no puede renunciar a la lengua materna. Se pueden hacer muchas cosas, pero es vital y necesario ir más allá, que se fortalezca la presencia del catalán, por ejemplo en la actividad deportiva, que está ligada a los jóvenes y también a las personas recién llegadas. Pienso en la colla castellera que se ha creado en L'Alguer. Nosotros no tenemos tradición de castells, pero hace dos años se quiso crear para tener un ámbito donde se pudiera hablar exclusivamente en catalán. La idea es que esto después también pase con los amigos o la familia.
Es necesaria militancia activa, el orgullo de un pueblo con identidad que no puede renunciar a la lengua materna
Siempre ha defendido los lazos entre los Països Catalans. ¿La relación actual entre estos territorios es suficientemente fuerte?
Nosotros, el movimiento Serdenya i Llibertat, durante los años ochenta y noventa, ya tuvimos mucha relación con los nacionalistas de izquierdas de Mallorca, con Iniciativa per Catalunya… En el ámbito cultural, creo que nos tenemos que centrar en una propuesta que se puso en marcha años atrás y que no creo que haya funcionado si tenemos en cuenta lo que era su primer objetivo su funcionalidad: la Federació Llull. Nació por voluntad de Òmnium, la Obra Cultural Balear y la Associació Cultural del País Valencià. Yo, como presidente de la Obra Cultural de L'Alguer envié una carta y me dijeron que no era posible porque la federación era para entidades de dentro del estado español. Asistimos a una de las primeras asambleas, pero nunca hemos tenido la oportunidad de formar parte de ella. Pensamos que la federación debería superar las fronteras de los estados. Hay que encontrar un espacio de encuentro y colaboración para hacer iniciativas que den fuerza a un uso común de la lengua, cada uno con sus particularidades.
