Tarde o temprano tenía que pasar. Cuando se habla de problemas geopolíticos, acaba apareciendo Tucídides. Y yo que me alegro, ya que aparte de ser uno de los padres de la filosofía política, sus interesantes tesis han sido estudiadas y utilizadas muy a menudo durante toda la historia de Occidente. Me ha sorprendido gratamente que esta vez fuera Duran i Lleida quien lo citara. Y lo hizo en su brillante artículo en La Vanguardia, donde habla de la llamada “trampa de Tucídides”. Este es un concepto geopolítico derivado de las ideas de Tucídides y popularizado recientemente por el historiador inglés Graham Allison. Para Allison, muchos conflictos bélicos se desencadenan porque las potencias dominantes entran en guerra con las potencias emergentes, empujadas por el miedo al futuro dominio del nuevo entrante. Y este, sostienen algunos, sería el criterio que podría llevar, por ejemplo, a Estados Unidos a entrar en guerra con China.

Muchos otros ejemplos de geopolítica se pueden extraer de la lectura del maravilloso libro de Tucídides La historia de la guerra del Peloponeso, que no dejaré de recomendar, con un éxito más que incierto. El libro es largo y mezcla discursos de filosofía política con la propia historia de la guerra entre la liga de los pueblos de la península del Peloponeso fieles a Esparta y las ciudades fieles a Atenas de la periferia marítima que configuran el pequeño archipiélago griego. También aparecen los bárbaros, llamados así por no ser griegos, pero que son centros de cultura más que ancestral, como Egipto o Persia. La guerra duró casi treinta años y la acabó ganando Esparta, por unos cuantos autogoles que se hizo la propia Atenas. Esto os lo dejo para que vayáis, si queréis, leyendo y juzgando. Pero —y lo digo salvando muchas distancias— es como si nuestra guerra mundial la hubieran acabado ganando los alemanes y no los aliados.

Espero haberos dado suficientes argumentos para que queráis saber algo más. De hecho, lo que a mí más me sedujo durante los cinco años que estuve estudiando y eligiendo sus ideas para hacer una tesis, es que de él pueden extraerse algunas reglas de comportamiento humano en cuanto a la forma de confrontarnos políticamente entre nosotros. La más importante, a efectos de este artículo sobre Trump, es: “cuando podemos y tenemos suficiente fuerza, los hombres tenemos tendencia a utilizarla”. La llamaría “la regla de oro de Tucídides”. Repito: cuando tenemos fuerza, ya sea militar, económica, pretendidamente moral, o industrial, la usamos.

Cuando podemos y tenemos suficiente fuerza, los hombres tenemos tendencia a utilizarla

En este sentido, Trump se ha encontrado de nuevo con una “América” que tiene en sus manos la mayor economía mundial, que tiene el ejército más grande y que posee, igualmente, una gran carga moral, mediática e intelectual por haber estado haciendo de árbitro del mundo en los últimos ochenta años. Y como a Trump ya no le quedan, a priori, más mandatos, y tiene poca vida por delante, está dispuesto a emplear toda esta fuerza. Trump ha mostrado, con los últimos hechos en Venezuela, que está dispuesto a utilizar la fuerza militar. También ha demostrado, en la guerra de los aranceles, que utilizará la fuerza económica. Y mediáticamente ya lo conocéis: controla los medios sin escrúpulos. Por lo tanto, nada le es imposible, geopolíticamente hablando, porque, siguiendo la regla de Tucídides, tiene fuerza y la quiere utilizar. Esto no es nuevo y le ha valido un cierto descrédito a mi querido Tucídides, acusado de promover la realpolitik como la de Trump

Y nada más lejos de su pensamiento. Tucídides no dice que deba emplearse la fuerza. Dice que la tendencia del hombre es a utilizarla, que no es lo mismo. Por eso cuando hablo con acreditados politólogos y bienintencionados políticos, no dejo de ponerme triste. No ven que la solución fácil, ni siquiera inmediata, ni existe ni se la espera. Estamos donde estamos porque durante los últimos ochenta años hemos apostado por una manera de hacer política en Europa pactista y antibelicista. Así, desde la tranquilidad de nuestro oasis social e intelectual, dejábamos que EE.UU. vigilara las fronteras. Incluso nos pagaban la fiesta. Y si no nos gustaban sus comportamientos, nos manifestábamos y los increpábamos, mientras disfrutábamos de su pax romana. Ahora las cosas han cambiado, porque Roma, la Roma que Tucídides solo intuyó, el macroimperio que Atenas nunca pudo construir, nuestra Roma del siglo XXI, está a punto de dejar de ser una república, con un Nerón-Trump dispuesto a convertirse en el primer emperador americano. Supuestamente, la democracia americana es mucho más sólida que la ateniense y resistirá la embestida de la tiranía trumpista. Esta será la auténtica guerra. Y pondrá a prueba las instituciones democráticas de nuestra Roma. Porque Atenas, perfectamente simbolizada por la vieja Europa, hace tiempo que solo existe en nuestro imaginario.