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Con el Govern de Salvador Illa todo tenía que ser buena gestión, buen gobierno y nada de política, como si la gestión fuera algo políticamente neutral. Sin embargo, el balance de este año ha sido todo un desastre. Es difícil encontrar un sector que no exprese su irritación, y abundan incidencias de todo tipo, en las obras, en los servicios —han tapado el escándalo DGAIA—, en las escuelas y en la gestión de los recursos humanos.

Ciertamente, el PSC no es lo que era. No solo porque haya dejado de ser catalanista, sino porque antes los socialistas formaban buenos equipos y promocionaban gente competente. Los municipios gobernados por el PSC han dejado una herencia indiscutible y también dieron sus frutos los gobiernos tripartitos de Maragall y Montilla, pese a los sobresaltos del Dragon Khan con ERC. Sin embargo, ahora los resultados de la gestión socialista indican todo lo contrario. No es un mal exclusivo del PSC, basta con mirar a los demás, pero en el caso del PSC, al concentrar tanto poder, casi un monopolio, las consecuencias son mayores y peores.

Especialmente revelador, y grave, por diversos motivos, ha sido el escándalo sobre la exclusión de Catalunya del informe PISA. Nadie podía imaginar que se pudiera llegar a tal nivel de degradación. Catalunya ha sido excluida del informe PISA porque el Departament d'Educació eliminó de las pruebas a los estudiantes con dificultades, con la evidente intención de adulterar los resultados. El Govern ha hablado de un "incidente técnico". No se sabe qué es peor, que se haya hecho trampa a conciencia o que la trampa se produjera por falta de supervisión.

En cualquier caso, es escandaloso, pero lo más grave es que no preocupe tanto el bajo nivel de la educación en Catalunya como el hecho de que se sepa. Difícilmente se podrán tomar las medidas adecuadas para mejorar la enseñanza si se desconoce la magnitud de la tragedia, pero, con la actitud de "si cuela, cuela", lo que se pretende no es resolver el problema, sino evitar que el problema deje en evidencia la incompetencia del Govern.

Salvador Illa prometió gestión, y la gestión socialista ha resultado un desastre. No hay sector que no exprese su irritación, el escándalo PISA marca un récord de degradación, y el servilismo hacia el PSOE actúa como un hándicap para el progreso de Catalunya

Y la cosa no acaba aquí, porque resulta que la OCDE avisó con meses de antelación al Ministerio de Educación, y este, a su vez, a la Generalitat. La reacción del Govern de Illa ha sido ocultarlo hasta que la noticia trascendió fuera del calendario escolar y con todo el mundo a punto de irse de vacaciones, para soslayar las críticas. Este es un recurso recurrente del president Illa, que para gestionar el desastre de los servicios sociales con las entidades del tercer sector ya hizo un cambio de departament de forma casi clandestina, aprovechando el día en que toda la atención estaba puesta en el Mundial de fútbol.

El escándalo PISA tendrá consecuencias, y sería deseable que provocara la catarsis que necesita el sistema para salir de la crisis. Pero, por el momento, el Govern solo procura esconder la cabeza bajo el ala, esconder la suciedad debajo de la alfombra y, lo que es peor, volver a entregar al sindicato USTEC la bandera de la protesta, otro agente disruptivo del sistema especializado únicamente en el chantaje laboral.

Hay otro detalle significativo de todo lo ocurrido. El Ministerio de Educación, dirigido por Milagros Tolón, se ha apresurado a desmarcarse del desbarajuste catalán. En Madrid gobierna el PSOE, el partido hermano del PSC. Cuando la gestión en Catalunya del Gobierno socialista del Estado hace aguas por todas partes, el Govern de Salvador Illa se apresura a taparle las vergüenzas. Cuando el problema es el contrario, el Gobierno del PSOE no tiene inconveniente en descargar las responsabilidades sobre el PSC. Es la típica relación subordinada. La culpa nunca la tienen los señores; la culpa la tiene el servicio.

Esta relación también tiene evidentes efectos políticos. Han sido los sectores del establishment catalán, desde la patronal Foment del Treball hasta el mundo académico y La Vanguardia, quienes han vuelto a poner el grito en el cielo, por enésima vez, porque el Estado sigue maltratando a Catalunya en lo que respecta a las inversiones ejecutadas. El 8,6 % destinado a Catalunya representa menos de la mitad de su peso en el PIB y de su población. Ese mismo año 2025, en Madrid la ejecución de las inversiones del Estado fue más del doble que en Catalunya. Y eso ocurre cuando en Catalunya gobierna el PSC y el Gobierno del Estado depende políticamente de los diputados del PSC, ERC, los Comuns y Junts. En Madrid, en cambio, gobierna Isabel Díaz Ayuso, enemiga declarada del Gobierno de Pedro Sánchez. Eso demuestra que el lobby madrileño es más potente, pero, sobre todo, que la complicidad política no da frutos cuando la prioridad del PSC es no hacer nada que perjudique al PSOE. El servilismo es inherente a la incompetencia, y viceversa, y nunca se agradece: siempre se recibe con desprecio.