Hacía días que veía pasar por mi TL (‘timeline’ en inglés o ‘cronología’ en castellano) de X el Menjòmetre (el buscador de comederos, una web creada al 100% con IA por Segell Fosc, cuyo objetivo es ser lo que no es la Administración pública: transparente), y no os lo negaré, a mí todo esto de la transparencia, quieras que no, me intriga, llámame cotilla o llámame coherente, pero me hace una especial ilusión saber dónde van a parar los impuestos que pago cada año y que cada vez son más altos; así que no dudé ni treinta segundos en empezar a seguir la cuenta, no fuera a ser que se me escapara alguna noticia y tuviera un ataque de FOMO (‘fear of missing out’ en inglés o ‘miedo a perderse algo’ en castellano).
No me sorprendió demasiado lo que se decía allí, es del dominio público que en las subvenciones muy a menudo hay gato o amigo encerrado. El ser humano tiene una cierta tendencia a la avaricia cuando no ha hecho un trabajo profundo de introspección. Todos sabemos cuán perverso es el sistema en el que vivimos. Un sistema que castiga al usuario honesto e inocente que paga al contado sus impuestos (como los autónomos, por ejemplo) y que premia a los trileros. Solo hay que ver cómo los delincuentes multirreincidentes campan libres por las calles, a pesar de haber violado, atracado o robado incontables veces. Todos sabemos que la mayor parte de los impuestos que amablemente pagamos (por más agobiados que estemos) no van a parar donde deberían, sino más bien lo contrario, muchas veces acaban en el bolsillo de algún político sin escrúpulos. Os dejo un ejemplo reciente aquí. Tenemos completamente interiorizado que nuestro dinero va a acabar en paradero desconocido; ya vamos lo suficientemente estresados durante el día como para dedicarnos a investigar dónde irá a parar. Hemos acabado normalizando que una buena parte de nuestro dinero se va a destinar a enriquecer a una minoría de gente que tiene todo el tiempo del mundo para inventarse artimañas para desviarlos hacia su cuenta corriente.
Es muy triste que, para que los catalanes podamos saber dónde va a parar realmente nuestro dinero, tenga que aparecer el Menjòmetre. Cualquier persona que haya intentado consultar dónde van a parar las subvenciones a través de las webs de la Administración pública va a descubrir lo que es el caos (nada es sencillo ni intuitivo, todo es complicado); es más transparente un muro de hormigón que la Administración. Si se quisiera ser transparente, se sería. Es muy sencillo hacer un Excel y poner un par de columnas que digan cantidad y destinatario; solo hace falta querer hacerlo. Querer es poder, dice el refrán (cuyo autor no debía ser de la Administración pública).
El dinero está, lo que no hay es ética a la hora de administrarlo
Como era de esperar, los que se alimentan de este sistema perverso ya han corrido a calificar este acto heroico —que beneficia al pueblo en vez de a las élites— del Menjòmetre (o de Segell Fosc) de extrema derecha. Es el cuento de nunca acabar. No piensas como el sistema dice que tienes que pensar: eres de extrema derecha. Pones en peligro los sueldos desorbitados de las élites: eres de extrema derecha. Te haces preguntas y pones en duda la información que te llega: eres de extrema derecha. Yo misma seré de extrema derecha por haber escrito este artículo. Incluso se me acusará de formar parte de Segell Fosc. Me juego un pronombre feble.
¿Por qué carajo no podemos saber dónde va a parar todo nuestro dinero (hasta el último céntimo)? ¿Verdad que cuando compras una cosa quieres verla antes de pagarla? Pues con los impuestos pasa lo mismo: queremos ver lo que hemos comprado con el dinero de los impuestos. Básicamente porque empiezo a sospechar que todo esto que nos hacen creer de que falta dinero es más falso que la teoría que dice que el castellano está perseguido en Catalunya (¡ojalá!): el dinero está, lo que no hay es ética a la hora de administrarlo. Digamos las cosas por su nombre de una vez. Si todo el dinero que pagamos se invirtiera realmente donde toca (en mejorar la sanidad, los servicios sociales, el sistema educativo, las infraestructuras…) sin desviarse a los bolsillos de una pequeña élite sin escrúpulos que no da palo al agua, viviríamos realmente en la sociedad del bienestar —que siempre se nos ha prometido para que no dejemos de pagar pero que hasta el día de hoy solo ha disfrutado esta élite narcisista. Resulta que eres de extrema derecha y populista por pensar y decir esto. Qué fácil es con una sola frase convertirte en víctima (y expiar la culpa) cuando en realidad eres el verdugo, ¿verdad? Cómo cuesta renunciar a los lujos que has conseguido a costa de la ignorancia de los demás, ¿verdad? Con todo el dinero que recaudan, hay de sobra para mejorar la sanidad, la educación, los servicios sociales, la vivienda, las infraestructuras… Repito: solo hace falta quererlo. Pero, claro, para quererlo primero se tiene que querer renunciar a todos los lujos que has conseguido a través de las subvenciones, licitaciones públicas, amiguismos, clientelismos… No es fácil, pero es necesario, “Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero" (1Tm 6,9-10).
