El pasado jueves Antoni Gelonch se planteaba lo siguiente en X: “¿Por qué el Govern tuitea sobre el inicio del Ramadán, y no sobre el inicio de la Cuaresma? ¿No pueden publicar un tuit afirmando que durante los próximos 40 días cristianos de todo el mundo intensificarán la oración y la penitencia? ¿Explicar qué significa la Cuaresma como preparación del tiempo Pascual?”. La pregunta surgía a raíz del tuit en la cuenta oficial de la Generalitat que decía: “Ha comenzado el Ramadán, noveno mes del calendario islámico. Durante las próximas semanas musulmanes de todo el mundo ayunarán durante las horas de luz e intensificarán la oración y la caridad. Conmemora el mes en que se empezó a revelar el Corán. ¡Ramadan Mubarak!”. Solo les faltaba un “Allahu Akbar” final para rematar la exaltación que mostraban.

Lo peor es que este paternalismo infantil y servil lo practican partidos y personajes que se consideran defensores del progresismo y que están a favor de la separación entre religión y Estado

Aunque podría parecer una nimiedad, un simple gesto de cortesía, el hecho es que este tuit es toda una metáfora del pensamiento obtuso hacia el islam del buenismo de izquierdas, cuya tendencia a babear ante un imán es directamente proporcional a la urticaria que sienten ante un cura. Y no digamos un rabino, que directamente les debe parecer la encarnación del mal. Lo peor es que este paternalismo infantil y servil lo practican partidos y personajes que se consideran defensores del progresismo y que están a favor de la separación entre religión y Estado. Pero todas estas proclamas grandilocuentes se quedan vacías de contenido cuando la religión es la islámica, justamente la más regresiva y reaccionaria en términos de derechos y libertades. Entonces, aparece un buenismo beatífico, sin ningún indicio de pensamiento crítico, que se emociona con el hiyab o aplaude el Ramadán, convencido de que esto los hace más progres y más de izquierdas que nunca. En paralelo, estos mismos no soportan que se haga un belén en los ayuntamientos, o se indignan si se coloca algún símbolo cristiano en plenas fiestas de Navidad. Y, no hace falta decirlo, consideran normal felicitar el Ramadán, pero no la Cuaresma.

El ejemplo de la retirada de la misa de la Mercè en la programación de la fiesta mayor en las épocas de Colau —que el actual alcalde ha reiterado— es paradigmático de este servilismo pueril. En realidad se trata de un doble y tóxico mensaje: por un lado, desprecian la tradición cristiana que forma parte de la identidad milenaria catalana; por el otro, ensalzan una nueva religión que no defiende los valores occidentales que nos han definido históricamente. Esto no quiere decir que la espiritualidad musulmana no sea tan buena como cualquier otra, sobre todo si se despoja del componente ideológico que desgraciadamente la marca. Pero no se trata de la trascendencia espiritual, porque si fuera el caso, el mismo Govern que hace tuits enamorado por el Ramadán pondría en valor el mensaje de recogimiento y humildad de la Cuaresma. ¿O es que el mensaje de Mahoma es más intenso, humanista y profundo que el de Jesús? Sí, la pregunta es absurda.

Tan absurda como absurdo es todo el asunto. Hay una izquierda que tiene una empanada mental fenomenal, tan cargada de tics anticristianos, como fascinada por el espejismo del multiculturalismo. En el fondo, perciben el islam como la religión de los pobres, el Tercer Mundo, los descastados, en una concepción tercermundista y anticapitalista que ha sobrevivido a la miseria del comunismo. Y, al mismo tiempo, consideran el cristianismo —y sobre todo el catolicismo— como la religión del poder. Es un lío monumental que obvia el cristianismo de base y el sufrimiento de los cristianos en tantos lugares del mundo —Nigeria como ejemplo lacerante— y al mismo tiempo mezcla consignas ideológicas con distorsiones históricas. El resultado llega al absurdo de defender el islam, la religión que, en la actualidad, más se utiliza como arma de dominio y de poder. ¿O qué es Qatar, Irán..., sino poder absoluto? Si añadimos la misoginia y la homofobia, lo hemos completado.

Con un elemento de enorme valor: es en nombre de la religión islámica que millones de personas musulmanas sufren segregación, persecución y represión. Y en el caso de las mujeres, directamente esclavitud. Todo esto que se hace evidente cada día —solo hay que seguir el sufrimiento de los iraníes, por ejemplo— no existe nunca en el buenismo de izquierdas, siempre preparado para demostrar la maldad de las religiones..., excepto si es la islámica. Entonces, fuegos y artificios y a hacer tuits desde un gobierno de izquierdas, laico, progresista, bla, bla, bla y quisquilloso.

 

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