Las relaciones entre el poder político y las religiones han sido intensas e institucionalizadas, como mínimo, desde las sociedades neolíticas. Sabemos que, en este período de economías agrícolas y ganaderas, las desigualdades socioeconómicas aumentaron de manera irreversible. Unas minorías pasaron a controlar el poder político y a acumular los excedentes económicos, mientras que las élites religiosas, cada una con sus dioses particulares, se convirtieron en fuentes eficaces de legitimación del poder político. El palacio y el templo han sido los edificios que simbolizan y sintetizan los poderes político y religioso durante siglos.
El judaísmo es básicamente una religión. Las relaciones entre cristianos y judíos no han sido precisamente un lago de aguas tranquilas, especialmente en Europa y a partir de la Edad Media. La diáspora de los judíos se multiplicó a partir de las tres últimas revueltas fracasadas contra los romanos —entre el 70 d.C. y el 135 d.C.; en tiempos de los emperadores Tito, Trajano y Adriano—. La primera y la tercera se dieron en territorio de Judea, mientras que la segunda se produjo en las comunidades judías del norte de África. Esta situación de diáspora perduró dos milenios, hasta el establecimiento del Estado de Israel en el año 1948.
Según la historiografía especializada, la convivencia de las comunidades judías de la diáspora muestra etapas más pacíficas o más conflictivas con las mayorías religiosas cristianas y musulmanas. En conjunto, parece que fue mejor en contextos musulmanes que cristianos.
La islamofobia actual que recorre buena parte de los estados europeos ha sustituido el tradicional y notorio antijudaísmo de tradición cristiana. El historiador Léon Poliakov considera que el primer caso de genocidio antijudío en Europa se produjo en la ciudad alemana de Röttingen en el siglo XIII. De un crimen cometido por una sola persona, la mayoría cristiana hizo responsable a toda la comunidad, que fue masacrada.
A partir del siglo XIII, se desarrollan de manera intermitente, pero continuada, persecuciones, pogromos o genocidios de poblaciones judías. Posteriormente, vendrán las expulsiones de judíos de varios territorios europeos (Francia, Inglaterra, ciudades alemanas, Flandes, monarquía hispánica, etc.) y las "zonas de asentamiento" en la Europa del Este (Polonia, Ucrania, países bálticos, etc.). Estos hechos quedan a menudo hoy enmascarados con el uso de la ambigua noción de "cultura judeocristiana" (una referencia crítica sobre este concepto: el breve libro de Sophie Bessis, La civilización judeocristiana. Historia de una impostura, 2025).
El año 1215 fue un año importante tanto por el tratamiento de las minorías religiosas en tierras cristianas como por el tratamiento político de las religiones en las sociedades liberales. Fue el año del IV Concilio de Letrán y de la Carta Magna inglesa.
IV Concilio de Letrán (Inocencio III; 412 obispos, 900 abades y representantes de poderes seculares): establecimiento de 70 disposiciones (cánones) sobre la regulación de la vida cristiana en Europa. Se obliga a judíos y musulmanes a vestir de determinada manera. Las restricciones matrimoniales quedan fijadas entre primos en tercer grado y familiares consanguíneos (no tenemos datos sobre la eficacia de estas regulaciones). También se establece la conveniencia de una nueva cruzada en Palestina —Amin Maalouf hace notar que, en el contexto musulmán, las cruzadas cristianas se llaman "invasiones francas" (Las cruzadas vistas por los árabes, 1983)—.
Haber situado a Israel en medio de 'Dar-al Islam', la casa del Islam —es decir, en medio de sociedades árabes, persas y turcas—, se ha revelado un muy mal cálculo en términos de estabilidad internacional
Carta Magna. Fue el inicio de lo que, con el tiempo serán los "estados de derecho" impulsados por las reformas políticas inglesas, las revoluciones americana y francesa, y por la Ilustración. Se establecen límites al poder del monarca ante la nobleza en un momento de debilidad real por pérdidas territoriales en Francia (Juan I de Inglaterra). Inicio de las prácticas de habeas corpus contra detenciones ilegales; garantías de juicios en las causas. A pesar de las fluctuaciones en su aplicación, la Carta se considera el primer momento de la defensa de derechos individuales en el atrasado mundo cristiano medieval (con relación a la ciencia y cultura de territorios musulmanes).
La etapa posterior a la Ilustración cambia el estatus de los judíos, al considerarlos formalmente "ciudadanos", experimentando un aumento de su "integración" en los estados de Europa occidental (no de la oriental). Sin embargo, permanece la estigmatización social y cultural en las sociedades europeas, que se esforzarán por deshacerse de las respectivas comunidades judías.
Este objetivo se puede rastrear en el sionismo cristiano de carácter antisemita (siglo XIX) que propugna el establecimiento del Estado de Israel en Palestina. En términos documentales, este es un objetivo explícito en la Declaración de Balfour (1917, Primera Guerra Mundial), que establece el compromiso de crear una "casa nacional judía" junto con unos derechos civiles y de autogobierno de las poblaciones no judías de Palestina. Se trata de una política que favorecía el nacionalismo judío preconizado por T. Herlz (El Estado Judío, 1896), el cual veía lúcidamente que los principales aliados de los sionistas favorables a la creación del Estado de Israel eran los antisemitas europeos.
Otro ejemplo de la lucidez visionaria de Herlz, con todas las connotaciones del momento, es su comentario, a menudo citado, dirigido al sultán del decadente imperio Otomano de principios del siglo XX: "Suponiendo que Su Majestad, el Sultán, nos concediera Palestina, podríamos, a cambio, encargarnos de administrar todas las finanzas de Turquía. Estableceríamos allí una parte de la muralla de Europa contra Asia, una posición avanzada de la civilización frente a la barbarie. Como Estado neutral, mantendríamos contacto con toda Europa, que debería garantizar nuestra existencia".
Después de la Primera Guerra Mundial, en el Protectorado británico, se producen en las dos décadas siguientes repetidas inmigraciones de población judía, las cuales desencadenan conflictos armados entre ambas comunidades. Un ejemplo es la importante revuelta palestina de 1936, reprimida contundentemente por los británicos.
La mala gestión británica de Palestina sentó las bases del desbarajuste posterior en la zona. Una situación en la que todavía nos encontramos; hoy, en términos aún más exacerbados. La indisimulada política expansionista israelí de las tres últimas décadas, la construcción del "Gran Israel", incluye tanto guerras exteriores como unos asentamientos internos de población judía en territorios palestinos que hagan imposible el establecimiento de un Estado palestino". Después de haber dinamitado los acuerdos de paz de Oslo (1993), la "solución de los dos estados" hoy resulta una declaración retóricamente vacía por parte de unos actores internacionales que no ofrecen, ni piensan, en ninguna solución fáctica para la población palestina.
A pesar de las razones de la política de reparación a la población judía después del holocausto nazi, haber situado a Israel en medio de Dar-al Islam, la casa del Islam —es decir, en medio de sociedades árabes, persas y turcas—, se ha revelado un muy mal cálculo en términos de estabilidad internacional. No es que hoy la geopolítica de la zona tenga una mala pieza en el telar de la convivencia. Más bien es que se ha permitido que no haya telar. En elLevantee mediterráneo, los palacios y los templos continúan resultando, en la práctica, indistinguibles en las políticas interiores e irreconciliables en las exteriores. Hay poca geografía y demasiada historia.
