José Zaragoza, actualmente diputado del PSOE en Madrid, en marzo de 2025, dijo en el programa "Cafè d’idees" de La 2 que desde el año 2011 se había dejado de invertir en Rodalies de Catalunya “porque estábamos en la batalla y no en la colaboración”. Los maquinistas de RENFE torpedearon un acuerdo sobre un posible traspaso de Rodalies a la Generalitat diciendo que, si se aprobaba, harían huelga. Ayer no fueron a trabajar para quejarse de la falta de inversión y de mantenimiento por parte del Estado. El conseller de Presidència —en funciones de president—, la consellera de Territori y la consellera de Interior dijeron el miércoles que el jueves se restablecería el funcionamiento de los trenes. El jueves por la mañana no funcionaba ningún tren ni se daba información. La consellera Sílvia Paneque asumió la presidencia del consejo de administración de Rodalies de Catalunya el viernes pasado, cuando se formalizó el acuerdo para constituir la empresa mixta; ayer y anteayer no funcionaba ningún tren en Catalunya. El presidente Illa —a quien deseo una total y rápida recuperación— dijo que había que “centrar mucho la energía de este curso político en gobernar” y que “gestionar bien y con eficacia como Govern demuestra el buen funcionamiento de las instituciones”.
¿Hace falta que continúe? Puedo seguir, ¿eh? Desgraciadamente, este Govern da muestras con demasiada frecuencia y en casi todos sus ámbitos —si no en todos— de gestionar muy mal; de contar con poca gente con la capacidad necesaria para liderar en lo que conviene. ¿Esto me preocupa? Sí, pero relativamente, ya que, por suerte, Catalunya es mucho más que su gobierno y ya en otras ocasiones la fuerza de la gente ha superado épocas de malos gobiernos. Incluso ha superado épocas en las que no teníamos instituciones. ¿Qué me preocupa, realmente? Pues si esta tesis sigue siendo cierta. Porque, viendo la reacción de la gente y de las organizaciones de la sociedad civil a todo lo que ha pasado esta semana, me pregunto si no nos hemos muerto por dentro. ¿Es así?
¿Nos hemos muerto por dentro y creemos que todo lo que hay que hacer cuando se nos mean en la cara y dicen que llueve es un tuit ingenioso o decir que la culpa es de los políticos que no lograron la independencia?
¿Nos hemos muerto por dentro? ¿Ha sucedido todo esto y ya no pediremos dimisiones si nos dejan sin trenes por incompetencia, falta de mantenimiento y carencia de inversiones comprometidas que se ejecutan en Madrid? ¿Ya no nos importa no poder ir a trabajar? ¿Ya no nos importa saber si llegaremos al destino a la hora prevista? ¿Damos ya por sentado que, para movernos en transporte público, debemos destinar más de dos o tres horas al día de nuestra vida, todos los días, porque no funcionan ni los trenes ni las carreteras? ¿Nos hemos muerto por dentro y creemos que todo lo que hay que hacer cuando se nos mean en la cara y dicen que llueve es un tuit ingenioso o decir donde haga falta que la culpa es de los políticos que no lograron la independencia? ¿Nos hemos muerto por dentro y somos dóciles? ¿Nos hemos muerto por dentro y a nadie se le ocurre analizar, con la preocupación que se supone, lo que significa a nivel económico que el gobierno no sea capaz de hacer funcionar los trenes durante dos días seguidos? ¿Lo damos por sentado y sin remedio? ¿Nos hemos muerto por dentro y los jóvenes en las universidades solo hacen exámenes? ¿Y las entidades cívicas ven las grandes manifestaciones como los buenos momentos de juventud, cuando aún había ilusión, no como ahora, que parece que llegue el ocaso?
¿Nos hemos muerto por dentro y los partidos políticos son incapaces de ver que hay momentos en los que hay que reaccionar con gran intensidad para cambiar las cosas? Quizá todo es demasiado reciente y se necesita un poco más de tiempo.
También es verdad que estamos ante una época nueva que está naciendo y lo que antes servía quizá ahora no sirva tanto. Debe de ser esto y la reacción llegará. Suerte, porque por un momento me he preguntado si nos habíamos muerto por dentro y lo que vemos solo son zombis de un gran movimiento, el catalanismo.
