Este es el tercer artículo que publico en este diario sobre el controvertido proyecto de ocupación de La Ricarda (un espacio natural altamente protegido) para construir una ampliación de 500 metros de una de las pistas del aeropuerto de El Prat. Lo que personalmente podía y quería decir sobre el tema se puede consultar en artículos anteriores en ElNacional.cat y en La Vanguardia (del día 11 de julio). Personalmente, no me he podido pronunciar sobre si se debe o no ocupar La Ricarda, sencillamente por falta información y defecto de transparencia.

Como las posiciones de los agentes económicos con respecto al proyecto siguen atascadas donde estaban, es decir, comprando el relato que hace Aena y deslumbrados con hipotéticos centenares de miles de puestos de trabajo, en oportunidades que se podrían perder, etcétera; como la mayoría de medios de comunicación, con todos los respetos, compran este relato; como personas a título individual me comentan que no se puede renunciar a convertir el aeropuerto en un hub internacional; como que por parte de Aena no llega ninguna información más que no sea retórica en estado puro, y presión y prisa sobre los que tienen alguna parcela de poder en la decisión de sacrificar La Ricarda, escribo lo que querría que fuera mi último artículo sobre el tema en este diario.

El panorama que está dejando el falso debate sobre La Ricarda es decepcionante. Despoja de manera descarnada la falta de calidad de los procesos de toma de decisión en los que intervienen intereses privados y criterios políticos. En Catalunya hemos tenido unos cuantos de cosecha propia (sin intervención del Estado), y ahora lo vemos con La Ricarda. Me refiero a síntomas que me ha parecido ilustrativo agruparlos por actores implicados en la decisión.

En ausencia de análisis rigurosos y transparentes sobre necesidad, costes y beneficios y sobre análisis de alternativas al sacrificio de este espacio, no puede haber debate. No se puede debatir sobre lo que no se conoce

El primero es que una empresa, ahora Aena, se saque de la manga de hoy para mañana (por urgencia interna sobrevenida) que el crecimiento de El Prat pasa por ocupar La Ricarda. En ausencia de análisis rigurosos y transparentes sobre necesidad, costes y beneficios y sobre análisis de alternativas al sacrificio de este espacio, no puede haber debate. No se puede debatir sobre lo que no se conoce. En este sentido, si yo fuera un decisor político, exigiría antes de sentarme en la mesa para negociar La Ricarda unos análisis coste-beneficio del tipo que exige la Federal Aviation Administration norteamericana para recibir apoyos en proyectos aeroportuarios (una exhaustiva guía de temas por contemplar en un documento de 164 páginas que el lector puede consultar por internet).

Además, Aena tendría que decir de manera clara qué inversiones están vinculadas con La Ricarda. La empresa mezcla conceptos, habla de 1.700 millones de inversión cuando ya tenía (y tiene) 1.059 previstos para una terminal satélite que, hasta hace cuatro días, estaba previsto realizar independientemente de alargar la pista hasta La Ricarda. Si han cambiado los criterios, que lo explique, pero, mientras, sería recomendable que desprogramara la canción de los 1.700 millones.

Sin estudios rigurosos y sin transparencia, seguiremos moviéndonos en el espacio de la necesidad imperiosa de La Ricarda y de las vagas promesas de Aena y sus "palmeros" del maná que caerá del cielo con inversión, empleo, más riqueza, etcétera. Que lo demuestren, que los expertos acreditados y neutrales opinen, y entonces se podrá hablar de ello.

Algunos agentes sociales y medios de comunicación "compran" a pies juntillas el relato de necesidad y de promesas de Aena. Allí donde hay un euro de inversión, se ve una oportunidad de empleo y de generación de riqueza, y hay que defenderla. Pero, a ver, estamos hablando de un espacio público protegido y hay que sopesar bien las cosas. Llevándolo al límite, no me imagino al empresariado dando apoyo a una inversión que creara miles de puestos de trabajo para hacer una acequia y unos cuantos millares más para taparla, ¿verdad?

Los otros agentes implicados en la decisión son los políticos. Aquí encontramos alcaldes y cuadros del partido gobernante en España (que es quien manda en materia de aeropuertos, mal nos pese) que hacen seguidismo de las instrucciones del partido y de los intereses de Aena. Eso no es objetivo. Hay otros ayuntamientos, Generalitat, etc. que se encuentran entre el sí y el no, a caballo entre la desinformación y de la falta de análisis rigurosas. Y los hay que están instalados en el no, por principio medioambiental y en razón de los modelos económicos que tienen in mente.

A todos los implicados, incluida Aena, les diría que tuvieran presentes unas palabras que ilustran la baja calidad imperante en el abordaje del polémico proyecto. Son de la consellera Teresa Jordà en el Ara (24/07/21), sobre la compatibilidad de El Prat y La Ricarda: "Por ahora sólo hemos visto un powerpoint". Todo un síntoma. Así es precisamente cómo no se tienen que tomar decisiones que nos afectan a todos.