Denzel Washington, multiaclamado actor y hombre de fuertes convicciones cristianas, recomienda dejar los zapatos cerca de la cama, porque así por la mañana cuando te levantas los ves, te arrodillas a su lado y aprovechas para rezar, una acción que él recomienda como benéfica y que le ha repercutido positivamente a lo largo de su trayectoria. Lo hace en un país en el que el número de personas que se declaran creyentes bate muchos récords.

Leo en Aleteia.org que el actor de Hollywood, uno de los más queridos y respetados, nunca ha escondido su fe y que habla a menudo de ello. Su padre era un pastor pentecostal y le enseñó a poner la fe en Dios por delante de todo. Él está convencido de que ha tenido un encuentro "próximo" con Dios y que siente el Espíritu Santo: "Una vez, durante una celebración religiosa, me sentí lleno de una entidad sobrenatural, incluso sentí un ligero miedo. Fui llenado por el Espíritu Santo". Aceptamos que hoy, en Catalunya, si alguien nos dice que ha sido llenado del Espíritu Santo nos choca. En su contexto, es habitual oír estas expresiones.

Hablar como Denzel Washington es expresar qué mueve la propia vida. Para algunos es la fama, la ambición, el reconocimiento. Para otros, es intentar ser felices y lo hacen desde su religiosidad, que no los limita sino que los impulsa

Washington ha ganado Oscars en un país en el que la fe forma parte indiscernible de la vida cotidiana (Dios está literalmente en todas partes, también en los billetes de dólar). Lo que me interesa del actor no es sólo su fe en Dios, que celebro y que espero que le acompañe toda la vida. Lo que me gusta es que hable de ella  y no se avergüence. En el mundo del teatro, y de la cultura en general, he visto muchas veces una risita, un menosprecio de superioridad, un deje de soberbia, cuando alguien ha confesado tranquilamente que cree Dios. Es como si fuera incompatible, como si la fe fuera un límite a la vida artística, sobre todo en dramaturgia y escena. Denzel Washington es de los que cuando te habla te recuerda que "todo lo que soy es por gracia de Dios, es un don que me ha mantenido humilde". Reconoce: "No siempre he estado con él, pero Él siempre ha permanecido conmigo". Cuando hace autógrafos, siempre firma igual: "God Bless You" (que Dios te bendiga).

Hay muchas personas —también directores y actores— que viven con una pulsión interna latente que proviene de su espiritualidad. Gente que hace lo que hace, come lo que come, lee lo que lee porque una determinada tradición religiosa le orienta. Asisto con curiosidad a grandes explicaciones sobre las bondades de ciertas prácticas nutricionales y dietéticas como si fueran dogmas universales, que no se ponen en duda, y veo tibiez en las manifestaciones religiosas del personal. Cuando alguien las explicita, incluso parecen despropósitos, o exageraciones. En un programa de televisión que aparejan a gente, salía una persona diciendo que era creyente, y sólo verbalizarlo ya despertó perplejidades en su interlocutor. Hablar de la fe no es proselitismo, que sería intentar convencer a alguien. No. Hablar como Denzel Washington es expresar qué mueve la propia vida. Para algunos es la fama, la ambición, el reconocimiento. Para otros, y lo pueden decir en un entorno que garantiza la libertad religiosa, es intentar ser felices y lo hacen desde su religiosidad, que no los limita sino que los impulsa. Y no hay que decirlo en voz bajita, o en entornos seguros y protegidos. ¿Tú rezas? Sí, yo rezo. Sin coger megáfonos, pero sin poner sordina.

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