El toque de campana que el lunes dio paso a Christine Lagarde como presidenta del Banco Central Europeo (BCE) tras el adiós de Mario Draghi no tuvo una acogida unánime en el mundo económico por las dudas crecientes que se ciernen sobre la institución. En su discurso-testamento, el italiano remachó la idea de coordinar mejor la economía de la zona, algo que en estos momentos está bastante lejos de la realidad. La capacidad de gestionar grupos que se le atribuye a Lagarde va a ser puesta a prueba sin mucho tardar.

En su presentación ante el Parlamento Europeo, la ex directora gerente del FMI se comprometió a asumir el legado de Mario Draghi, que tiene dos caras, como la moneda del euro.

Por un lado, la economía europea viene dando traspiés trimestre tras trimestre. La previsión actual del BCE es un crecimiento del 1,1% para 2019, que puede verse afectado por el contagio que están sufriendo los consumidores por efecto del debilitamiento de la actividad industrial y manufacturera. 

En su última reunión oficial en Francfort, Draghi propuso para el futuro tipos negativos del 0,5% y compras de activos por valor de 20.000 euros sobre los mercados. Nueve representantes del consejo del BCE se mostraron en contra, entre ellos los de Alemania, Holanda y Francia, países que suman el 53% del PIB de la zona. La disonancia entre la realidad económica y la jerarquía monetaria quedó patente.

Con una inflación en torno al 1% —la mitad del objetivo de equilibrio del 2%—, el sentimiento de que no se encuentra la clave para poner en marcha Europa se acrecienta. Y en ese sentido se recuerda que en Estados Unidos se logró en cinco años recuperar el PIB por habitante de 2008 (comienzo de la gran recesión), cuando en Europa se tardó 10 años.

La compra de deuda pública y privada (QE) no ha estimulado la inversión empresarial y la mejora de la productividad, pero sí ha transferido recursos de los modestos ahorradores hacia las bolsas, lo que ha provocado un fuerte malestar, especialmente en Alemania.

Con la primera economía europea, Chistine Lagarde siempre ha tenido problemas. En su época como ministra financiera del Gobierno francés alzó la voz contra Berlín por no promover el aumento de los salarios en la economía alemana, a lo que el Bundesbank respondió que eso ocurriría cuando se crease empleo suficiente para absorber el paro entonces existente. Este año, con pleno empleo en la economía germana, los salarios han aumentado un 4%, gracias también a la presión del sindicato del metal.

 El abandono del Reino Unido de la Unión Europea supondrá para ésta un agujero presupuestario de 11.000 millones de euros

Ahora, en su inicial intervención como primera dama del BCE, Christine Lagarde ha mostrado seguir en la misma línea, acusando a Holanda y Alemania de no invertir en infraestructuras y otras partidas. "Los  países que tienen superávit presupuestario no han hecho realmente los esfuerzos necesarios", dijo citando a ambos países.

En materia presupuestaria, que sería el recambio de la política monetaria como motor del crecimiento, las cosas son más complejas de lo que se esperaba. El abandono del Reino Unido de la Unión Europea supondrá para ésta un agujero presupuestario de 11.000 millones de euros y la contribución de Alemania para compensarlo podría doblarse de 15.000 a 33.000 millones de euros. Holanda también deberá reforzar el presupuesto general. 

En la otra cara de la moneda, el BCE ha tenido un impacto positivo importante. Los empleos en la zona euro tras más de cinco años de recuperación han aumentado en 11 millones de puestos de trabajo.

Se piensa que la unión monetaria y bancaria está a medio hacer y que su culminación permitirá reanimar la economía a través de mayores flujos financieros internos, pero la distancia entre los países del Norte y del Sur sigue siendo muy fuerte, como se evidencia en el debate sobre la puesta en marcha de los bonos europeos.

De manera que serán cuestiones más concretas, como el crecimiento y el empleo, lo que decida a la postre que Europa tenga un Halloween triste o halagüeño.

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