¿Hacemos una prueba? Imagine que en medio del centenar de noticias que le llueven cada hora aparece una donde se relaciona un titular de tipo "Indultan el expresidente Alberto Fujimori" con la fotografía que le adjunto:

Evidentemente, el mensaje primario que te entra en el cerebro es: "Mira, indultan a un pobre señor mayor que está en el hospital muriéndose". ¿Ahora bien, cuál es la realidad?

Empezemos por la cuestión médica. Un servidor no sólo no es médico sino que veo sangre y me desmayo. Por lo tanto, mi valoración médica del estado de salud de Alberto Fujimori tiene el mismo valor que cero. Ahora bien, he pasado unas cuantas noches en urgencias y he pasado unos cuantos días en varios hospitales y he visto gente muriéndose, gente muriéndose un poquito menos, gente fastidiada en general y gente que hacía cara que saldría airosa del trance. Y si observamos con atención la foto de aquí encima y el vídeo de aquí debajo colgado por el hijo de Fujimori del preciso instante en que reciben la noticia del famoso indulto... a ver... cara de muerto, poca. Y le diré más, este hombre es capaz de leer el móvil sin gafas, entiende lo que dicen y... en general hace buena cara. Y le añadiré todavía más, según me han explicado varios profesionales sanitarios por twitter, Fujimori lleva un pulsómetro en el dedo para medir el oxígeno en sangre, un manómetro para medir la tensión arterial y los electrodos necesarios para hacerle un electro. O sea, que este señor está controlado, lo están monitorizando, sí, pero no le están administrando ningún tratamiento a vida o muerte, ni sangre, ni calmantes, ni de nada.

Por lo tanto, podemos concluir, con todas las prevenciones necesarias, que aprovechando una cierta situación de salud precaria lógica por la edad de la persona que nos ocupa, estamos ante una escenificación mediática pensada y ejecutada para ofrecer una imagen irreal de una situación inexistente. Para justificar un indulto del cual ahora explicaré los detalles, se ha decidido crear un falso pero efectivo relato humanitario que permita desviar la atención de la autentica causa de este indulto.

Y es que el presidente del Perú, Pedro Pablo Kuczynski, ha indultado a Fujimori, condenado a 25 años de prisión por violación del derechos humanos y por corrupción. Pero no lo ha hecho porque tenga un corazón que no se lo acaba sino para salvar su propio culo. Asediado por el caso Odebrecht y a punto de ser destituido, Kuczynski tenía dos opciones: o irse o conseguir 10 votos que lo salvaran. Y empezó a negociarlos a dos bandas y en secreto. Por un lado con Keiko Fujimori, la hija mayor del señor que en las imágenes está en la cama y hermana del otro señor, y por el otro con la izquierda peruana. Sin embargo, para añadir más sustancia a la situación, resulta que Keiko no quería el indulto de su padre porque, todavía ahora, tiene miedo de que si vuelve al primer plano político le birle su propia silla, La jugada de Keiko era echar a Kuczynski, hacerse con el poder y después solucionar la cuestión de su padre. Pero lo que sucedió al final es que Kuczynski decidió salvarse pactando el indulto del hombre que más divide a los peruanos. O sea, en el mismo movimiento, traicionó a Keiko, traicionó la izquierda que había confiado en él, pactó bajo mano con Alberto Fujimori y con su hijo pequeño Kenji, consiguió los 10 votos necesarios partiendo en dos el fujimorismo y allí continúa. ¡SEN-SA-CI-O-NAL! ¡¡¡Este tipo es un CAM-PE-ÓN!!!

Y la gran guinda de la jugada de Pedro Pablo Kuczynski ha sido obviar todo eso y aparecer ante la opinión pública con cara de salvador de pobres desvalidos diciendo que todo lo ha hecho en nombre de su gran humanidad, que hay que olvidar viejos rencores y que viva la reconciliación. Y con esta imagen tan bonita de la salud precaria se un señor mayor recorriendo el planeta queda tapada la corrupción del indultador y los crímenes del indultado. ¡¡¡IN-SU-PE-RA-BLE!!!

Y dentro de cien años, todos calvos...