Ni se sabe cuándo empezó todo, pero seguramente hablamos de siglos. Y durante estos centenares de años un silencio que, hombre, es muy feo. Sobre todo viniendo de quien venía. Lo veían todo y callaban. Y de propina, ninguna misericordia con las víctimas. Ningún apoyo. Ningún calor. Han dejado miles de niños violados y víctimas de abuso desamparados y, sobre todo y nunca mejor dicho, dejados de la mano de Dios. Del Dios en el que los niños sí creían. Ellos, que tenían la exclusiva de decidir y administrar la moral de toda la sociedad, han inyectado en la sociedad la inmoralidad más indigna. Y han sido cómplices. Todos.

Han callado y, además, han tapado. La cobardía del silencio, el abandono indigno de las víctimas y la perversión moral de taparlo haciendo como si no hubiera sucedido. Las violaciones y abusos a menores se han resuelto trasladando al violador o el abusador a otra parroquia. Y ya está. Eso ha sido todo durante años. Ah no, claro, y el perdón. Dos padrenuestros y pa casa que no ha sido nada. A casa el violador o el abusador. Y la víctima también, pero esta ya se espabilará, que no ha sido nada.

Han callado, han tapado, han permitido y ahora sabemos que también han destruido las pruebas. ¡Tenían las pruebas y las han destruido para evitar tener que rendir cuentas! Se acaban los adjetivos. Pero ¿qué tipo de gente extraña son? Ellos, precisamente ellos, fulminando todos los récords mundiales de deshumanización e impunidad ante el delito. El terrenal y el moral.

Una banda internacional dedicada a promover violaciones y abusos de menores y su impunidad es total y absoluta. Cualquier otra organización criminal habría acabado en manos de la justicia. Ellos no. "No, es que la justicia nos la aplicamos entre nosotros y, como tenemos línea directa con Dios, hemos hablado con él y hemos decidido que somos inocentes. Y total, tampoco es para tanto".

Ya lo dijo el pasado 6 de febrero el arzobispo de Tarragona, Jaume Pujol, que los abusos sexuales de menores realizados por curas "no son tan graves" porque seguramente son fruto "de un mal momento". A ver, ¿quién no tiene un mal momento y se dedica a abusar de menores, verdad? Y lo más terrible es que piensan eso. Lo dicen con una naturalidad total y absoluta porque, efectivamente, lo encuentran normal. No es para tanto y existe un bien supremo que son ellos. Y ellos, por el poder que se han otorgado, cometen delitos gravísimos pero porque tienen un mal momento. Y, naturalmente, un mal momento es un pecadito menor.

Los que hacen lo mismo que ellos, pero no están protegidos por la organización, también tienen malos momentos, sí, pero ellos acaban en prisión, vaya por Dios.

Y ahora va el Papa y convoca en el Vaticano una cumbre contra la pederastia en la Iglesia. Huy sí, ahora por fin se tomarán medidas. Y el Papa dice que basta ya de tapar los casos y que hace falta un plan para acabar con la situación. ¡Hoooombre, ya era hora! Pero no hay ninguna medida concreta. Ni una. Ni hay ningún castigo contra los violadores y los abusadores. Ni para sus encubridores. Una vez más todo es humo, humo y humo.

Ah, y a las víctimas, nada de nada. Ni un abrazo de consuelo. Aunque, viendo el panorama, mejor que se la den a treinta kilómetros de distancia. Por si acaso estamos en pleno mal momento.

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