Oh, qué sorpresa más sorpresiva. E inesperada. La justicia ha retirado el tercer grado a la expresidenta del Parlament, Carme Forcadell, y a la exconsellera Dolors Bassa. Como anteriormente lo hizo con los presos políticos que están en Lledoners. O sea que ellas, también, van al apartado de "cosas nunca vistas y que nos pinchan y no nos sacan sangre".

Y ahora usted me dirá: "He oído a juristas diciendo que, por la pena a la cual fueron condenados y la que han cumplido, es lo que toca". Sí claro, si no fuera porque la ley es como la plastilina. Y como usted sabe, una de las grandes virtudes de la plastilina es que puede ser modelada a gusto. Y si no, que se lo pregunten a personas que han sido involucradas en otros casos y que se vieron favorecidas por la simple, pero trascendente, circunstancia consistente en que jugaban en el otro equipo. Porque esto va de que, dependiendo de con quién vas, con la plastilina te hacen un barrote o una lima. Sobre todo cuando juegas con los que arbitran.

La decisión de hoy es como la película aquella donde el imperio contraatacaba. ¿Un aviso? Sí. Pero también algo más. Y no menos importante. Es decirles directamente a los afectados: "Iremos a por vosotros hasta el final". Y a los de su cuerda, enviarles un mensaje: "Mientras sigáis votando lo que no toca, esto irá así. O sea que id haciendo, que ya os lo iréis encontrando. Y en todos los formatos". Y no, la solución para que eso no sea así no es sentarse en ninguna mesa con ningún gobierno. Y en este paquete del "mire, no hace falta" también va incluido el gobierno más progresista de la historia. Porque, ¿sentarse para hablar de qué? Ah sí, de los indultos. Y de la amnistía. Y del cambio de la ley. Y de mecánica cuántica. Y del libro 100 recetas con bacalao. ¿Y cuando resulte que nos encallamos en el punto 1, el dedicado a decidir el punto de sal del bacalao, qué?

Y la culpa no es de los gobiernos que se sientan en la Moncloa para acabar discutiendo sobre las veces que hay que cambiar el agua y si es mejor guardar el bacalao en la nevera o fuera. Los circunstanciales inquilinos no pintan nada en esta historia. Eso es un tema de Estado. Y el Estado no hace rehenes. En este caso menos. Desde hace siglos. Es una máquina de segar que va pasando y lo deja todo bien recortadito. Y el césped que molestaba, queda triturado en un capazo.

¿Recuerda aquello de Rajoy cuando le preguntaban si permitiría el 1-O? Al principio siempre decía: "Es que no puedo". Sinceridad total y absoluta. Alguien le debió decir que lo vistiera un poquito mejor y un buen día añadió: "No puedo, ni quiero". Y entonces sí. Es que de los sentados en el consejo de ministros, por no mandar no manda ni el ministro del Interior en su propio departamento. Un ministro, por cierto, más de los "suyos" imposible. Tal como demuestra su hoja de servicios anterior a la llegada al departamento. ¿Si Grande-Marlaska no puede echar de su cargo ni a un Pèrez de los Cobos por lo que él considera que fue una deslealtad, ¿cómo caray tiene que tramitar una amnistía o un indulto? O nada. Y si lo acabara haciendo algún día no será porque él lo decida, sino porque se lo permiten. ¿Quién? Pues los del imperio.

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