La tormenta perfecta es aquella en la que todo parece conjurarse para que pase un suceso. Normalmente, se suele aplicar en ámbitos de la economía o de la política, cuando confluyen varias circunstancias con una serie de sucesos inesperados que provocan una reacción en cadena que cambia la manera de pensar o actuar, normalmente, de forma dramática. La tormenta perfecta requiere que haya unas condiciones, es decir, un contexto interno de la sociedad, y unos sucesos externos ―que son como la cerilla o el mechero en la mecha de los petardos, que inician una reacción en cadena―. También todos sabemos que cuando tenemos las ruedas del coche desinfladas, es mucho más probable que tengamos un accidente de coche, sobre todo si el firme de la carretera por donde circulamos no está firme y vamos a mucha velocidad. Y este accidente que estamos imaginando, también puede pasar si las ruedas tienen más presión de la cuenta, o si los neumáticos de las ruedas están gastados. La situación final quizás será diferente y el lugar donde tendremos el accidente podrá variar, pero el mal estado de los neumáticos, junto con el hecho de conducir rápidamente, o sobre un firme inestable o demasiado liso, nos abocan tarde o temprano (más bien temprano) a quedarnos tirados o a un accidente de coche.

De igual manera, podemos entender cómo se producen algunas enfermedades genéticas con estos ejemplos, particularmente cuando hablamos de enfermedades psiquiátricas y neurológicas comunes, como el trastorno por falta de atención e hiperactividad (TDAH), la esquizofrenia, la migraña, la enfermedad de Parkinson, de Alzheimer o la esclerosis múltiple. Para que se produzcan, hace falta un contexto interno y unos sucesos externos, es decir, unas instrucciones genéticas que presentan cambios importantes (las ruedas que no están a punto), y sucesos ambientales (la velocidad y la carretera) que, conjuntamente, provocan una respuesta, la tormenta perfecta. Un artículo muy reciente, publicado en Science por el consorcio Brainstorm (que acoge a más de 500 investigadores de 649 afiliaciones, entre ellos, dos compañeros míos de la Universitat de Barcelona), justamente analiza millones de variantes genéticas de casi 1.200.000 personas (sí, sí, más de un millón de personas de todo el mundo, incluso, quizás alguien muy próximo a nosotros) con el fin de comprobar si hay variantes genéticas relativamente frecuentes que predispongan a sufrir hasta 25 enfermedades neurológicas y trastornos psiquiátricos. Siempre hay que considerar que cualquier característica del cerebro y del comportamiento que queramos analizar es genéticamente compleja y, por lo tanto, hay que analizar muchos genes diferentes, que pueden contribuir con un pequeño efecto, sea a favor o en contra, y que hay redes de interacción génicas que todavía hacen más complejo el análisis. Eso implica que se tienen que analizar muchos datos mediante el análisis de asociación en todo el genoma (GWAS, podéis leer un artículo donde hablo de este tipo de análisis), y los autores estudian si hay una correlación entre variantes genéticas en nuestra secuencia de DNA que todos podemos compartir, pero que nos hacen más o menos vulnerables a un tipo de trastorno. Pues bien, los autores han encontrado que los trastornos psiquiátricos, como la esquizofrenia, trastorno bipolar, trastorno depresivo mayor y TDAH, tienen una base genética compartida de un 40%.

¿Y qué quiere decir exactamente eso? Pues quiere decir que hay instrucciones genéticas que hacen al cerebro vulnerable, mucho más sensible y poco resiliente, y que cualquier situación ambiental puede desequilibrar a las neuronas y causar una alteración. Es como un coche donde muchas cosas no están del todo ajustadas. Entonces, cualquier factor externo ambiental desencadena la tormenta perfecta, como el exceso de velocidad cuando los neumáticos están gastados y no se adhieren bien, el patinazo o el accidente son muy probables. Pero es que este dato es muy relevante, nos está diciendo que lo que no está funcionando del todo correctamente en el cerebro de las personas que sufren estos trastornos psiquiátricos son, en muchos casos, las mismas vías neuronales (mirad en el esquema adjunto cómo confluyen estos diferentes trastornos) y, por lo tanto, abre nuevas vías de investigación para encontrar terapias eficientes, que quizás podrían ser similares o compartidas. Con el ejemplo del coche, tanto si tenemos las ruedas gastadas, pinchadas o desinfladas, al fin y al cabo, si cambiamos los neumáticos, podríamos solucionar los tres problemas. Y eso es una visión de los trastornos psiquiátricos que hay que tener en cuenta y que hasta ahora no sabíamos.

Todavía más, los científicos estudian si los trastornos neurológicos (como las enfermedades neurodegenerativas del Parkinson o el Alzhéimer) también tienen variantes genéticas comunes. En este caso, sin embargo, en general no pueden identificar patrones o vías moleculares compartidas (excepto con la epilepsia). Por eso, en el esquema adjunto, veréis que cada enfermedad neurológica vendría favorecida, en principio, por variantes genéticas que afectan a vías neuronales y metabólicas muy diferentes.

gema|yema marfany enfermedades psiquiatriques

Las enfermedades psiquiátricas (anorexia, trastorno bipolar, esquizofrenia, trastornos de déficit de atención e hiperactividad...) comparten vías genéticas, mientras que las enfermedades neurológicas son genéticamente diferentes. También se muestra la relación con ciertas características de la personalidad y de los efectos ambientales (de los autores del trabajo).

Los autores no se quedan sólo con el estudio de las variantes genéticas y su relación con la aparición de trastornos psiquiátricos o enfermedades neurológicas. También tienen datos de las costumbres y condicionantes personales de los pacientes y las personas que participan en el estudio. Por eso, pueden establecer que un condicionante externo muy importante es el factor educativo. Demuestran que hay una correlación negativa entre la gente que estudia más y durante más tiempo con respecto a sufrir la enfermedad de Alzhéimer o el ictus, pero por el contrario, el alto rendimiento escolar también es más frecuente en las personas que sufren anorexia nerviosa y trastorno bipolar. También encuentran que la gente que tiene inestabilidad emocional tiene una probabilidad más elevada de sufrir un trastorno psiquiátrico o migraña.

No nos tenemos que tomar estos estudios como una espada de Damocles, sino como una ventana de oportunidad. La tormenta perfecta necesita tanto los genes como los sucesos ambientales. Tenemos que minimizar el efecto de estos últimos, si no se puede evitar, hay que diseñar medicamentos más activos y eficaces. Si sabemos que las vías genéticas y metabólicas que hacen que el cerebro sea más vulnerable son las mismas, lo que hace falta es reforzarlas.

Una ventana de oportunidad se nos abre a todos. Si sabemos cómo, se puede evitar la tormenta perfecta.

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