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Se han cumplido dos años del regreso efímero de Puigdemont y de la llegada de Salvador Illa a la presidencia de la Generalitat. Y, a pesar del eclipse político de ese día, recordarán que llegó con el mensaje de que ahora tocaba gobernar. Gestionar bien. Hacer políticas más que política. Después de la década del procés. Y, por lo tanto, este es el terreno de juego en el que debe juzgarse primero al Govern. Sin que esto signifique que no se le deba analizar también desde el punto de vista del eje nacional, puesto que ya ha quedado suficientemente demostrado que esta ambición marca decisivamente la gestión, empezando por la financiación y siguiendo por las competencias, ámbitos en los que ha habido mucho ruido y escasos resultados, como demuestra el intento de gestionar la Renfe… sin mayoría.

En fin, que se tenía que gestionar y se dejó el Govern en manos de un antiguo gerente, Albert Dalmau, ahora con cargo de conseller. Se tenía que apaciguar el debate político y, por lo tanto, controlar los medios públicos y los privados lo máximo posible. Y se ha hecho. Un spoiler. Ahora tocará más debate político. Lo verán pronto en la tele. Señalando a la extrema derecha como enemigo. Que esto ayuda mucho y ya lo ha ensayado Pedro Sánchez. Luego volveré a ello.

El caso es que se tenía que gestionar y, sin caer en la demagogia de decir que todo es culpa de este Govern —porque es evidente que hay cosas que vienen de lejos y que durante el procés ciertamente se abandonó el día a día—, es evidente que los trenes no van bien, la principal arteria vial del país no va bien, la escuela no va bien —y arrancará el curso con huelga y con una consellera más que cuestionada—, la consellera de la DGAIA ha dimitido por la puerta de atrás, la vivienda es el principal problema de los catalanes… y podríamos seguir con un largo etcétera.

¿Saben cuándo les interesará reanudar el debate en el eje nacional, que significa financiación y competencias? Cuando se haga realidad el sueño de que gobierne el PP

El balance de los dos primeros años de Govern Illa, por lo tanto, no es bueno. O no convence. Lo reflejan las encuestas. Y eso que no existe oposición. Total, que la Generalitat tiene un president sin ambición nacional, con ninguna idea de país más allá del "sosiego", pero que tampoco administra bien, y con unos principios que pueden variar en función de los intereses del PSOE. De no visitar a los presos políticos a reclamar el regreso de Puigdemont. Un president que tiene el carisma en su cero carisma y que lo disimula todo regañando.

Y vuelvo al tema de la vuelta del debate político. ¿Saben cuándo les interesará reanudar el debate en el eje nacional, que significa financiación y competencias? Cuando se haga realidad el sueño de que gobierne el PP. Lo que Maragall y Montilla nunca pudieron disfrutar. Bueno, Maragall lo disfrutó solo cuatro meses, entre diciembre de 2003 y marzo de 2004. Luego estuvieron las mentiras de Aznar, y lo que tenía que ser un tripartito cohesionado por el PP en la Moncloa se convirtió en un Dragon Khan. Después, Montilla cohabitó con el PSOE, con los resultados evidentes. Y eso que tanto Maragall como Montilla no le pusieron las cosas precisamente fáciles a Zapatero. Nada que ver con la alfombra roja y las vacaciones compartidas de Salvador y Pedro. Pero, en fin, que el eje nacional ya verán cómo resucita el día en el que gobiernen el PP y Vox. Entonces, pedir será gratis y se apuntará todo el mundo.