Dentro de más o menos un año tiene que haber elecciones en España. Si nadie decide adelantarlas, tienen que celebrarse entre julio y septiembre de 2027. Si nadie decide adelantarlas, serán posteriores a las municipales de mayo de 2027, fecha fija. Viendo cómo el gobierno del Estado español está enfocando los temas y que aquí no importa nada más que conservar el poder, parece que lo único que podría mover calendarios es que algunos alcaldes no quieran pagar unos platos que ellos no han roto.
Después del asunto judicial de su pareja, el de su hermano y los de dos secretarios de Organización del PSOE, a Pedro Sánchez ahora le han imputado a su principal avalador político: el expresidente del Gobierno y exsecretario general del PSOE. Parece que no hay duda de que las cloacas del Estado están trabajando a fondo en el tema y seguro que los jueces —que hacen porque pueden hacer— darán cancha al asunto. Y que hay que respetar la presunción de inocencia. Pero queda feo.
Personalmente, no tengo claro que Pedro Sánchez tenga muchas más opciones que resistir, sobre todo si hacemos caso a lo que dicen que se comenta por Madrid ya hace un par de años, que "de la ley de amnistía Sánchez saldrá encarcelado o exiliado". La gente dice muchas cosas, nunca se sabe. Pero si este es su plan personal, se podría entender que el político no le preocupe demasiado. Pero en política es justamente lo que importa, el plan político. Y ahí, a veces, el precio de resistir es muy alto.
Si todo sigue como se va presentando, que dentro de un año no nos cuenten milongas
Llegar al punto de que en un parlamento se prohíba debatir o votar cualquier cuestión es saltar un límite crítico. Que en Catalunya lo hayamos normalizado por los años de represión de la justicia española no debería despistarnos de la gravedad del hecho. Como catalán, celebro que Junts haya planteado en el Congreso de los Diputados la necesidad de que se convoquen elecciones, viendo que la legislatura no da para más y el cariz que están tomando las cosas. Que el PP se sume por interés, da igual. Dentro de un año habrá preguntas más importantes que contestar. Porque este año se hará largo. Y durante este año pasarán cosas. Cuando dentro de un año se hagan ciertas preguntas, será el momento para que algunos den determinadas respuestas.
Cuando dentro de un año haya una abstención masiva que facilitará la subida de determinadas fuerzas políticas, o directamente haya tanto enfado que provocará la subida de determinadas fuerzas políticas, ¿qué dirán algunos que hicieron por la vivienda? Cuando dentro de un año ocurra según qué, y vengan los sustos y las lamentaciones, ¿qué dirán algunos sobre la financiación autonómica, las infraestructuras del Estado en Catalunya, el funcionamiento de la RENFE o la aplicación de la ley de amnistía? Cuando dentro de un año se vaya a pedir a la gente que vote y, sobre todo, que vote bien, ¿qué dirán algunos sobre lo que hicieron cuando la corrupción impregnó la totalidad del sistema político, pero defendían que un gobierno del PSOE era el mal menor?
¿Qué dirán que han hecho dentro de un año los que han salido a blanquear a Zapatero sin destinar ni un segundo a subrayar que es uno de los presidentes españoles que acumula más incumplimientos con Catalunya, empezando por su "apoyaré" al Estatut d'Autonomia? Cuando dentro de un año se diga que está en juego la democracia, ¿qué dirán los que han impedido que se pueda debatir una propuesta en el Congreso de los Diputados, dando alas al PP para que pueda montar un numerito judicial como principal defensor de la democracia? No tengo una bola de cristal y en política todo puede cambiar de golpe, es cierto. Por eso es tan importante estar cerca del timón siempre que se pueda. Pero si todo sigue como se va presentando, que dentro de un año no nos cuenten milongas. Ahora se está decidiendo lo que pasará dentro de un año.
