De la leyenda que rodea la frase “es la economía, estúpido” que presidía una de las paredes del despacho de Little Rock (Arkansas) donde James Carville preparaba la estrategia de Bill Clinton para las elecciones de 1992, me gusta destacar una idea: “Si la gente tiene problemas económicos, todo lo demás es secundario”. Tenían la estrategia tan clara que colocaron la frase en un lugar bien visible para todos, como recordatorio permanente para evitar distracciones y centrarse en lo que realmente importa.
Esta historia ha hecho fortuna en comunicación política: “simplifica el mensaje”, “prioriza lo que realmente preocupa a la gente”, “no te disperses”, y es una práctica que seguimos recomendando para las campañas electorales —y para el día a día, de hecho—. Pero el éxito que tiene para explicar cómo comunicar no lo tiene a la hora de las propuestas concretas, que es lo importante. Lo más relevante no es que lo escribieran en la pared, sino su verdad: “Si la gente tiene problemas económicos, todo lo demás es secundario”. Parece que el propio Partido Demócrata estadounidense ha redescubierto este conocimiento y está empezando a corregir su propuesta segmentada, dirigida a grupos que no están conectados entre sí, por una más generalista dirigida a quienes no llegan a fin de mes.
En Catalunya también estamos de suerte, en este sentido, y ya hace unos meses que desde Junts per Catalunya se ha empezado a plantear la defensa de la clase media sin ningún tipo de complejo y, para empezar, quiere liberarla del “infierno fiscal que sufre”. Me parece un gran acierto de Junts y estoy seguro de que, como a Clinton, les servirá para conectar con una gran parte del electorado. Motivo por el cual no les faltarán críticas de los partidos de izquierdas, acusándolos de defender a los ricos.
Junts ha elegido la clase media; el 'establishment' ha elegido el PSC
Hace tiempo que el progresismo está en muy baja forma intelectual. Cuatro dogmas, ninguna autocrítica y perdiendo votos. Siempre desde la superioridad moral. En este caso, hay que decirles que los ricos están en Madrid y que los ricos no pagan impuestos. No querer entender que el sistema falla por la pereza de tener que moverse de los eslóganes que utilizaban sus padres y ponerse a buscar soluciones es la manera en que la izquierda de este país está llevando a sus votantes a la extrema derecha. No se trata de unirse, se trata de trabajar. El sistema falla y hay que cambiarlo. Hace unas décadas, basados en la economía productiva, la mayoría de la sociedad pagaba impuestos. Ahora, basados en la economía financiera, los ricos no los pagan. Y por mucho que se someta a la clase media al infierno fiscal que denuncia Junts, la recaudación no alcanza para pagar un sistema de estado del bienestar de calidad. Además de esta presión, cada año 22.000 millones de euros van a Madrid y no vuelven.
El establishment catalán también se fue a Madrid y no ha vuelto. Históricamente, la burguesía catalana estaba comprometida con la economía productiva y, con mayor o menor intensidad, con la buena marcha del país. CiU era el partido que mejor los representaba. Ahora, quien mejor representa al establishment catalán es el PSC. Un segmento de la sociedad centrado en la economía financiera —no productiva— y totalmente entregado al Estado español por si puede obtener algunas migajas del pastel. Han cambiado país por pastel.
Lo que antes iba unido por el interés en la economía productiva y el país, ahora ya no lo está, por el interés en la economía financiera y el rechazo al proceso de independencia. La unidad se sostenía porque el tronco central del país estaba de acuerdo. Ahora, la clase media es la gran perdedora del cambio de modelo: paga más impuestos por unos servicios públicos masificados y de mala calidad. Junts ha elegido la clase media. El establishment ha elegido el PSC. Clase media contra establishment. Es la economía, estúpido.
