Los usos de los espacios han cambiado: hoteles de lujo que eran monasterios. Librerías que eran capillas. En algunos lugares europeos, tiendas de cómics que habían sido lugares sagrados, o incluso salas de baile y discotecas en antiguas ermitas. Algunos espacios se vuelven a revitalizar con propuestas que consiguen vincular el pasado y son fieles a la memoria.
Es el caso de la Casa Adret —la casa más antigua de Barcelona—, que también se puede visitar en rutas arquitectónicas por la ciudad. Se ha reformado y es una casa catalogada en la judería de la ciudad condal. Es parte de un antiguo palacio que ya se restauró en los años sesenta. Las obras recuperaron el patio original, donde se construyó una nueva escalera de acero que reencuentra la presencia imaginaria de una escalera original medieval. Cuando llevé a los alumnos de Gobernanza Global y Religiones de visita, la fotografía obligada los situó en los escalones de esta especial escalinata. El edificio es del siglo XII y hace diez años se dejó listo para inaugurar, en 2017, la Casa Adret.
Hoy es un laboratorio cultural judío: conciertos, visitas, recitales, mesas redondas, reuniones de proyectos europeos, presentaciones de libros, stand-ups de comedia, cursos de cultura judía… La gestión de la entidad Mozaika (Asociación Plataforma Mozaika para la Promoción de la Cultura Judía de Catalunya) radica en los destinatarios: judíos y no judíos, artistas y visitantes singularizan los públicos. No es una isla en medio de la judería ni una excentricidad en la Barcelona multicultural. Es un deseo de interculturalidad, de mezcla fructífera de posos culturales diferentes. Ellos lo llaman promover "visiones judías múltiples, sin censurar posiciones ideológicas, siempre que se mantenga la ética del respeto y la convivencia".
Han nacido para popularizar la cultura judía y acercarla a un público más amplio, haciéndola accesible y compartiendo dudas y algunas certezas con todo el que se quiera acercar. Aspiran a "deshacer prejuicios, estimular la curiosidad, sacudir el debate, las disciplinas y los estilos, navegando por los propios mares y más allá, para convertirse en un punto de encuentro con el arte y la libertad que facilite la comprensión mutua, el diálogo y la paz".
No es una isla en medio de la judería ni una excentricidad en la Barcelona multicultural. Es un deseo de interculturalidad, de mezcla fructífera de posos culturales diferentes
El contexto de discursos de odio antisemitas latentes reclama construir puentes culturales y de conocimiento mutuo. Septiembre, que coincide con el año nuevo judío, es también un momento marcado por los Días Europeos de la Cultura Judía. Los celebran diversas ciudades europeas y este año el lema es "Amor". Se programan actividades que presentan canciones, historia de la literatura o del pensamiento que subrayan cómo se ha declinado el amor en la poesía yiddish, la música sefardí y se abren espacios patrimoniales para entender el amor hacia una lengua, una comunidad o una memoria compartida. Más allá del grueso de la programación de este fin de semana, los días culturales judíos mantienen su ritmo. La próxima cita destacada será el 17 de septiembre en la Casa Adret con el concierto Mar Sefarad, un proyecto liderado por el dúo formado por Ofer Ronen y Layla Akbal. El repertorio oscila entre las canciones sefardíes, los piyyutim y las melodías de la tradición hispánica.
También se ha dedicado una visita a saber cómo se expresaba el amor en la Barcelona judía medieval, donde se evidencia que Barcelona acogió durante la Edad Media la comunidad judía más grande de Catalunya y de toda la Corona de Aragón. Un núcleo de gran trascendencia histórica donde, entre los callejones del call barcelonés, sobresalieron figuras preeminentes de la teología, la filosofía, la poesía y la cábala. De entre todos los habitantes de este entorno vibrante, sin embargo, el que consiguió más renombre fue Salomó ben Adret (1235-1310). Líder del judaísmo catalán de su época, Ben Adret se ganó una autoridad como maestro talmudista y jurisconsulto. Con el título de Rabino de Barcelona, su influencia traspasó las paredes de la judería y sirvió a tres monarcas de la Corona de manera consecutiva —Pedro II, Alfonso II y Jaime II— como máximo responsable de los asuntos judíos. Recuperar la Casa Adret ha sido reubicar al rabino líder y asesor medieval y también hacer espacio para proyectos como HerStories, una iniciativa con financiación europea que recoge la historia de siete mujeres judías europeas de Alemania, Polonia, Grecia, España, Hungría, Eslovaquia y la República Checa. Las trayectorias de estas mujeres reflejan el impacto profundo de la persecución, la deportación y la huida, del mismo modo que laten gracias a experiencias de supervivencia, resistencia y reconstrucción personal. A través de la voz de siete entrevistadas, el proyecto ha conseguido revivir los recuerdos de la infancia antes de la tragedia; nos hablan del primer amor, de la escuela, de sueños, de esperanzas y de las luchas cotidianas del día a día. Juntas, estas historias de vida muestran la riqueza y diversidad de la experiencia de las mujeres judías, y se convierten en un espejo de la misma historia europea del siglo XX. Un legado de memoria compartida que convive y se complementa con propuestas gastronómicas, proyectos de investigación, festivales de literatura judía, publicaciones y talleres de diálogo interreligioso en el corazón del casco antiguo de la capital catalana.
