El sábado pasado TV3 no debía emitir FAQS pero los responsables del espacio y de La Nostra decidieron preparar a marchas forzadas (y correctamente, a mi modo de ver) un programa de urgencia para entrevistar al president Torra a raíz de su recentísima inhabilitación. Debemos loar el curro de los compañeros redactores, que llenaron creativamente una hora de programa mientras el 131, que estaba en el Parlament donde se debatía este mismo asunto, viajaba de la Ciutadella a Sant Joan Despí. Antes que todo esto pasara, Laura Borrás (que se encontraba en Madrid en la primera sesión de investidura de Sánchez) ordenó que todos los diputados de Junts per Catalunya se desplazaran a la cámara catalana con el objetivo (literalmente) de abrazar al president. La decisión incomodó a más de uno que ya había planeado quedarse el fin de semana en el kilómetro cero y a quién parecía una frivolidad delirante volver a Barcelona para regresar en el primer AVE.

Borràs y su séquito no llegaron a tiempo al Parlamento, con lo cual nuestra querida Laura, que no se rinde ni por las inclemencias de lo espaciotemporal, llamó a los responsables del programa para que se acreditara a todo el grupo mientras se dirigía como una bala a los estudios de TV3. Llegó justo cuando el president se sentaba en la mesa con Cristina Puig; aprovechando la publicidad previa a la entrevista, y por sorpresa de los presentes, Borràs irrumpió con los diputados en el estudio para abrazar al Molt Honorable. La escena fue tan surrealista que, faltando pocos segundos para empezar la emisión, el director general de El Terrat, el colega Agustí Esteve, tuvo que entrar en plató para sacar a los convergentes casi a empujones. Acabado el masaje, la presidente en funciones de la Corpo, Núria Llorach, acompañó al presidente al vestíbulo de la tele, donde toda la delegación (y adosados) le esperaba aclamándole. El primer abrazo, como no, para Laura.

Pagaros los abracitos vosotros mismos, dejad de okupar la tele pública y no os burléis más de la gente del país con tanta cara dura y mala leche

La anécdota enmarca a la perfección el nivel actual de la política catalana, sometida a caprichos infantiles y a un narcicismo que se reviste de una supuesta solidaridad y de una pretendida empatía pero que sólo esconde una jeta descomunal (que, cabe recordar, sufragamos entre todos). Ni en tiempos de Jordi Pujol se había permitido que un grupo político en pleno desembarcara, o podríamos decir okupara, la televisión pública por el simple capricho de calentarle los brazos a la máxima instancia del país. En esos tiempos la mafia al menos guardaba las formas. Pero ahora no, y es así como ―insisto, todo dibujado de alegría y mimitos― uno puede llegar a tolerar que diez políticos irrumpan en un estudio de televisión simplemente porque les sale del coño, como si apoyar a un president fuera lo mismo que la llegada por sorpresa de unos colegas para visitar a un reciente divorciado y hacer con él unas birras de consuelo. Ésta es la peña que nos manda.

Si la señora Borràs, o quien sea, tiene ganas de abrazar al president tras una inhabilitación judicial (que se ha buscado el solito, por cierto), que tenga la bondad de pagarse el AVE y los hoteles que se dejaron vacíos de su bolsillo y que se espere fuera de la televisión pública para hacer una performance de partido. Porque si pretendes una cosa tan bestia como llevar el país a la independencia, primero tendrías que aprender a comportarte en público. Como se ve por enésima, es esta gentuza, y no el deep state español, la que nos roba y ataca nuestros derechos fundamentales con una impunidad vergonzante. Pagaros los abracitos vosotros mismos, dejad de okupar la tele pública y no os burléis más de la gente del país con tanta cara dura y mala leche. Gentuza.

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