Escribo este artículo sin conocer el resultado final de la Champions entre las mujeres del Barça y del Lyon. Tanto da, pues nuestras jugadoras ya han conseguido regalarnos una lección magistral de poder y de atención mediática que bañará de humildad el ego insufrible de los machos y, sobre todo, marcará un camino maravilloso de emancipación femenina. Desde hace ya demasiado tiempo, y en Catalunya la tara es especialmente visible, el feminismo ha castrado a las conciudadanas encarcelándolas en la apología del discurso victimario y la desgracia, tomando la desdicha y el agravio como el único hilo reivindicativo. Afortunadamente, las mujeres del Barça han revertido esta dinámica tan nefasta para demostrar una cosa tan evidente como que para afirmarse y ser libre no hay nada mejor que ganar. Aquello que los cursis denominan empoderamiento (en casa le decimos poder) consiste en marcar más goles que el otro.
Una sola diana de Alexia Putellas ha hecho más por las mujeres catalanas que todas las turras insufribles de Bel Olid y Marta Roqueta. Un simple pase de Aitana Bonmatí, cortito y al pie, es más efectivo que todos los simposium sobre igualdad de género que los sociatas nos han hecho pagar a precio de oro en el CCCB. Las mujeres jóvenes del país quieren emanciparse mirando al cielo, necesitan historias de estrellas que las desvelen: nadie triunfa llorando como el pobre Junqueras. Gracias al once del Barça, el universo de la feminidad ha podido alejarse de individuos que solo han brillado en el activismo y la queja (necesaria, solo faltaría, sobre todo por la asquerosa persistencia de los hombres en haceros daño) y ahora, por fortuna, las jóvenes catalanas pueden reivindicar la victoria sin ambages. El Barça femenino ha demostrado una cosa tan poco nuestra como que ganar tiene que ser lo más normal del mundo.
Desde hace ya demasiado tiempo, el feminismo ha castrado a las conciudadanas encarcelándolas en la apología del discurso victimario y la desgracia, tomando la desdicha y el agravio como el único hilo reivindicativo. Afortunadamente, las mujeres del Barça han revertido esta dinámica tan nefasta para demostrar una cosa tan evidente como que para afirmarse y ser libre no hay nada mejor que ganar.
¿Quién osaría poner una sola mano sobre Jennifer Hermoso? ¿Qué macho se atrevería a vacilar ante la mirada glacial de Fridolina Rolfö? A las mujeres del Barça no las toca ni Dios, y muy pronto casi no las acariciará ni el fucking aire que respiramos porque serán estrellas mundiales tan inaccesibles como los respectivos machos. Ya le he dicho al presidente Laporta y al amadísimo Xavier Puig que tengan la bondad de hacer justicia y hagan el favor de regalarlos un aumento de sueldo a todas nuestras maravillosas jugadoras (¡si hay que sacar pasta de alguno de los patatas que hemos heredado de la época Satanás Bartomeu, adelante!). Después de normalizar el triunfo, aquello que necesita reivindicar la ciudadanía femenina de la tribu, anclada en un anticapitalismo nefando y espantoso, es entender que la igualdad de género consiste en hacer pasta, mucha pasta. Los derechos, pese a quien pese, se ganan sumando ceros.
Todo eso que explico, as usual, es bien sencillo de entender, pero la humanidad siempre ha aprendido las cosas más fundamentales gracias a héroes, diosas y relatores geniales. Los catalanes, especialmente bobos, hemos tenido que esperar un grupo maravilloso de mujeres que han vencido la moral de esclavo del país para ofrecernos la buena nueva. Mientras el Govern de la Generalitat dice a las mujeres que se emancipen a fuerza de decir todes e imitar el lenguaje de una manera ridícula, hoy las jugadoras del mejor equipo del planeta bloquearán el cuerpo del rival, si hace falta, pondrán la pierna para que las lionesas se caigan en el suelo deshechas de impotencia y, evidentemente, intentarán hacer lo posible para despistar a la árbitra y marcar en fuera de juego. Ganar, ganar y volver a ganar. Gracias, maravillosas culés. No parecéis de este país, y como más alto picáis, más valiosa será vuestra lección contra el derrotismo insufrible de la tribu.
Ahora basta de charlotear, que empieza el match. Lo importante, solo faltaría, no es participar. Solo participará el subcampeón.
