Cada vez es más importante estar bien informado. Sobre cualquier cosa. Porque la capacidad de formarnos nuestro propio criterio depende, fundamentalmente, de la cantidad de datos que tengamos sobre una cuestión, y entender así los distintos intereses que se esconden detrás de cada fuente.
Lo sabemos, la mayoría que estamos interesados por las cuestiones políticas somos conocedores de la perspectiva necesaria que da el hecho de comparar información, de buscar respuestas y procurar ser prudentes a la hora de hacernos un esquema mental, pues las cosas no son lo que parecen.
Somos conscientes también de que tener información es clave a la hora de consumir. Quizás no seamos del todo conscientes de la necesidad de conocer diferentes elementos que intervienen a la hora de ofrecernos un producto. Y tener una actividad responsable pasa, inexorablemente, por cargarnos con argumentos que nos aporten seguridad a la hora de elegir.
En definitiva: estar informados nos protege, aunque a veces sintamos que cuanto más sabemos, más indefensos somos. En cualquier esfera de nuestras vidas, tenemos la obligación de preocuparnos por conocer de qué se trata la decisión que vamos a tomar.
Acceder a información veraz es un derecho que está consagrado en nuestra Constitución, aunque sea evidente que carecemos de protección para los engaños. Por eso, por el interés que existe en ocultarnos información relevante, también se convierte en un deber por nuestra parte estar alerta y desconfiar de entrada.
Los medios de comunicación en muchos casos no están por la labor de ofrecernos información contrastada y veraz. Sirva un ejemplo anecdótico lo sucedido esta semana con el caso de ese gallego, que decía llamarse Manel Monteagudo, que había aparecido en varias ocasiones en distintos medios contando “su historia” personal. Esa en la que relataba cómo a raíz de un golpe en la cabeza estuvo 35 años en coma, durante los cuales pudo crear una familia junto a la mujer que era su novia en el momento del accidente. Medios como El Mundo dieron un impulso a esta historia creando un videorreportaje que pronto se hizo viral. Una historia que no encajaba en varios puntos, finalmente ha terminado por destapar la verdad: Ni se llamaba Manel Monteagudo ni había estado en coma jamás. Pero nadie hizo su trabajo hasta que fueron los usuarios de las redes, los lectores, quienes comenzaron a criticar el contenido de la pieza por resultar del todo inverosímil.
Digo que este es un simple caso que encarna la burda mentira que nos ofrecen medios que deberían contrastar las informaciones que publican como ciertas. Y si algo tan exagerado ha sucedido a vista de todos, a nadie se le escapa lo que sucede con cuestiones más sutiles, cada día, sobre cualquier tema.
Procuro seguir cada año las piezas que en el Suncine se presentan. Porque aprendo, porque me sirven para modificar algunos hábitos en mi vida
Estamos faltos de información libre, comprometida con contarnos la verdad (y nada más que la verdad) y que se preocupe por lo que a nosotros, ciudadanos y consumidores, nos importa realmente.
Sin embargo, a veces encontramos oasis en los que podemos nutrirnos de datos, realidades que casi nadie expone. Durante las dos últimas semanas ha tenido lugar el Festival Internacional de Cine de Medio Ambiente en Barcelona y paralelamente en México. En él han podido verse obras que nos muestran denuncias y propuestas sobre asuntos de primera necesidad. De esos de los que se ha hablado en la COP26 también estos días, y de los que se habló en la reunión del G20 de Roma. Cómo intentar frenar el destrozo de nuestro planeta, cómo aprender a quererlo, a respetarlo y cómo conocer secretos que se esconden en todo lo que utilizamos.
El Festival lleva 28 ediciones y año tras año nos ofrece conocimiento y disfrute. Pues las obras que en él se presentan (este año han sido seleccionadas unas 140 de las más de tres mil que fueron candidatas) cuentan con un trabajo artístico que merece ser visto.
Procuro seguir cada año las piezas que en el Suncine se presentan. Porque aprendo, porque me sirven para modificar algunos hábitos en mi vida y también me permite acceder a material que puedo compartir con mis hijos, para que puedan aprender de una manera preciosa cuestiones tan importantes.
He podido entrevistar durante la semana a distintos directores y creadores que han participado en el Festival. Conocer de primera mano lo que sucede con la pesca en Gambia, descubrir la cantidad de antibióticos y de metales que contiene el pescado que consumo, disfrutar de la naturaleza de la mano de un padre y un hijo que descubrieron juntos especies en peligro de extinción… Hemos sido más de tres millones y medio de personas las que hemos puesto nuestros ojos, corazón y conciencia en muchos de los asuntos que se han expuesto en este Suncine. Lo bueno es que desde su página web siguen disponibles en abierto documentales, largometrajes, cortos para poder verlos durante el año. Y creo que este derecho que se nos brinda, el de la información, debemos ejercerlo y asumirlo también como un deber. Porque lo que allí se cuenta es información de la que dependen nuestras vidas, nuestra salud y nuestro porvenir.
Estar informados es la primera premisa para poder pasar a la acción.
