El número de visitantes extranjeros que han venido a Catalunya en 2025 a hacer turismo ha superado la cifra emblemática de los 20 millones (un poco por encima de los 19,9 del año anterior, y también de los buenos años 2019, 2018 y 2017, en los que superó los 19 millones). El gasto declarado por los turistas extranjeros también ha alcanzado un récord histórico, situándose en 24.800 millones de euros.
Estas cifras, que se pueden consultar en el Idescat, las adelantaba hace un par de semanas el conseller de Empresa i Treball, Miquel Sàmper. A diferencia de una intervención suya realizada meses atrás, en la que afirmaba que el turismo creaba puestos de trabajo y que la calidad de estos puestos (venía a decir) era algo secundario, en esta ocasión el conseller ha hecho una presentación de datos más en sintonía con lo que necesita este país respecto a este sector.
En mi entender, el mensaje más relevante que envía Sàmper al presentar los datos del año pasado es que el sector se está orientando hacia un modelo de más valor, y para hacerlo descansa en aspectos como que el gasto declarado de los turistas ha aumentado más que el número de turistas (pudiéndose deducir de esto que cada turista ha gastado más); también una mejora en la desestacionalización, porque pierden peso los turistas del período junio-agosto; asimismo, una mejora de la rentabilidad del sector hotelero. En una frase de síntesis muy significativa de la voluntad política, dijo que la actividad turística en Catalunya ha cerrado 2025 alcanzando el reto de pasar del volumen al valor y con unos resultados alineados con el eslogan “(+) Catalunya, mejor turismo” [referida a la estrategia de marketing de la Agència Catalana de Turisme con horizonte 2028].
De la voluntad a la realidad existe una distancia, pero bienvenido sea el enfoque de la promoción turística hacia más valor añadido y, si es verdad, la reducción del sobredimensionado turismo de masas. Sin embargo, reconociendo la buena intención, no queda claro que 2025 haya significado tanto progreso como indica el conseller al afirmar que Catalunya ha consolidado un modelo turístico de más valor durante el año pasado. Veámoslo.
Con un sector tan grande y que se apoya en bajos salarios, podemos crecer en actividad, pero el país no puede progresar ni económica ni socialmente
El gasto medio por persona mostró una tendencia a aumentar con los años, para situarse actualmente un poco por encima de los 1.200 euros, mientras que el gasto diario por persona está estancado a lo largo de los últimos años en unos 200 euros diarios. Estos son valores monetarios corrientes. Es cierto que en 2025 el gasto de los turistas extranjeros ha aumentado en un 4,5%, pero a este crecimiento habría que quitarle el aumento de precios. Por ejemplo, el de los hoteles, cafés y restaurantes creció un 4%; el de las bebidas alcohólicas, un 3,7%, y los demás bienes y servicios, un 3,7%. Si se tienen en cuenta estos aumentos, el gasto sería prácticamente el mismo que el año anterior en términos reales. Y el gasto diario por turista (teniendo en cuenta que el número de visitantes ha aumentado un 1,2%) no habría aumentado, sino que habría disminuido ligeramente
Es decir, en materia de aportación de actividad, el turismo extranjero de 2025 nos habría dejado, en valores reales, prácticamente en el mismo lugar donde estábamos en 2024. En cualquier caso, la noticia es que no hayamos empeorado, lo cual, en un sector sobredimensionado como el que tratamos, puede considerarse una buena noticia.
El conseller ha aprovechado para hacer una glosa del turismo asiático, un turismo de alto valor añadido y en fase de crecimiento intenso. En este terreno, tiene toda la razón: el número de turistas que vienen a Catalunya desde China, Japón y Corea del Sur en 2025 superó el millón de personas, con crecimientos importantes de los procedentes de China (21%) y de Corea (+30%). Aunque estos países solo aporten el 5% del total de visitantes, tienen una buena dinámica y parece que para 2026 presentan también muy buenas expectativas, son gente que gasta. Con datos de 2024, realizan gastos medios por viajero superiores a los 2.000 euros, con Corea a la cabeza (2.648 € por visitante, más del doble de la media turística global). Por cierto, en el ámbito del turismo transoceánico, destaca el crecimiento del proveniente de Argentina (un 26% más que en 2024), pero el de Estados Unidos, que aporta 1,8 millones de turistas, cayó un 5%. En cualquier caso, más allá de esta caída, a medida que países lejanos aumentan su nivel de vida, con China a la cabeza (¡son muchos y muchos millones!), no hay muchas dudas de que se está anidando nuestro atractivo turístico para gente proveniente de muy lejos y que tiene como factor positivo que generan más gasto y ayudan a orientar el sector hacia más valor, hacia un turismo mejor.
A pesar de los matices y las tendencias, es bueno no olvidar que en Catalunya predomina el turismo de masas (en Barcelona, en Salou, en Lloret...) y que esta es la principal justificación de que haya creado miles de puestos de trabajo. Hasta el punto de significar el 14% de la ocupación total del país, y de tener que cubrirse con personas inmigrantes porque aquí no tenemos suficiente mano de obra (a septiembre de 2025, el 38% de los afiliados a la Seguridad Social en el sector de Hostelería son extranjeros). Y una característica básica relacionada con la anterior, los bajos salarios. Sirva de referencia que, con los últimos datos (del cuarto trimestre de 2024 hasta el tercer trimestre de 2025), estamos hablando de un sector que actualmente registra un coste salarial para la empresa de 15,7 € por hora efectiva de trabajo. Esto significa que estamos ante uno de los salarios más bajos de Catalunya, concretamente un 21% por debajo de los del conjunto de la economía y un 27% más bajos que los del sector industrial. Y con un sector tan grande y que se apoya en bajos salarios, podemos crecer en actividad, pero el país no puede progresar ni económica ni socialmente.
