Se cumple el 80 aniversario. Toda una vida. El 1 de septiembre de 1939 los nazis invadieron Polonia y así comenzó la Segunda Guerra Mundial. Otra guerra. Solo hacía 21 años de la finalización de la Gran Guerra, que fue una verdadera carnicería. Francia está plagada de monolitos que conmemoran el sacrificio de la generación de 1914. Todas las plazas tienen su recuerdo fúnebre. No costó mucho añadir a estos monumentos conmemorativos los nombres de los muertos en aquella segunda guerra. La Europa negra esculpida en piedra. La guerra empezó por la ambición de un régimen que copiaba los sueños imperiales de otros tiempos. El supremacismo nazi había sustituido la estulticia de los gobernantes europeos que con una irresponsabilidad extrema llevaron Europa hasta el abismo. Hitler no temía la guerra. Por el contrario, la buscaba. Y la encontró después de que las futuras potencias aliadas dudaran sobre cómo sortear el régimen nazi y no lastimarse. Para satisfacer a Hitler cedieron en todo, le concedieron ventaja con una gran irresponsabilidad. La Guerra Civil española se perdió o, dicho de otro modo, se convirtió en el preludio de la crisis de la democracia europea, porque Churchill y compañía impusieron una neutralidad, que no observaron ni los nazis ni los fascistas, que condenó la República. La condescendencia aliada también contribuyó a diluir la ajustada victoria del Frente Popular de Léon Blum, en abril del fatídico verano de 1936, sobre la derecha nacionalista de Charles Maurras.

Ese mismo verano de 1936, Jesse Owens ganó cuatro medallas de oro en las Olimpiadas de Berlín. Era el primer atleta negro que lo conseguía. Léon Blum era el primer judío –y además judío socialista– que se convertía en primer ministro de Francia. En el gobierno que formó incluyó otra novedad: tres mujeres. Pronto se constató que el hecho de que un negro, un judío y tres mujeres ascendieran al olimpo de la gloria pública no garantizaba nada en absoluto. Fue un espejismo. En realidad, la animadversión contra Owens no era una obsesión particular de Goebbels, artífice del intento de convertir los JJ.OO. en un gran escenario propagandístico con la ayuda de la cineasta Leni Riefenstahl, los EE. UU. no le reconocieron los méritos deportivos hasta ¡1990! Lo que se dice pronto, ¿verdad?, sobre todo si se tiene en cuenta que Owens murió en 1980. Blum dirigió el gobierno francés en dos ocasiones, la primera duró 382 días, la segunda 26. Fue el judío efímero. Entre el 15 y el 16 de julio de 1942, París vivió la peor batida de su historia contra los judíos. Más de 13.000 personas, la mayoría mujeres y niños, fueron detenidas e internadas en el Velódromo de Invierno durante cuatro días, en condiciones inmundas, antes de ser deportadas a los campos de exterminio de la Alemania nazi. Apenas en 2012, en plena oleada de un antisemitismo nuevo pero igualmente mortífero, se organizó la primera exposición para dar a conocer la vergonzosa operación conocida como la Rafle du Vél d'Hiv. No solo los alemanes fueron culpables del Holocausto. A partir de Núremberg, y gracias a la insistencia de dos juristas, el catedrático de derecho internacional Hersch Lauterpacht y el fiscal y abogado Rafael Lemkin, los crímenes contra la humanidad y los genocidios son perseguidos internacionalmente. Desde entonces, estos dos conceptos jurídicos sirven para describir, respectivamente, el plan sistemático para asesinar individuos y el asesinato de muchas personas con la intención de destruir un grupo étnico, religioso, cultural, etc. Y sin embrago, el antisemitismo sigue vivo y los genocidios aniquilaron comunidades enteras en Camboya, Ruanda o en la antigua Yugoslavia. 

¿Y las mujeres? En Francia, a diferencia de la España republicana, en 1936 las mujeres no podían votar ni podían ser elegidas. Léon Blum, el judío, nombró subsecretarias, un cargo equivalente a ministra, a tres mujeres. La sufragista Cécile Brunschvicg, de Educación Nacional; la hija del matrimonio Curie, Irène Joliot-Curie, de Fomento de la Investigación Científica, a pesar de que dimitió el 28 de septiembre de 1936; y la maestra Suzanne Lacore, de Protección a la Infancia. Ninguna de las tres no tomó jamás la palabra en la cámara del palacio de los Borbones, sede del legislativo francés. Por lo tanto, fue una presencia silenciosa, aunque activa, que duró poco. Después de la renuncia del primer gobierno Blum, en junio de 1937, ningún ministerio de la Tercera República estuvo encabezado por una mujer. Cuando Léon Blum asumió la presidencia del segundo gobierno (13 de marzo-10 de abril de 1938), no renovó la apuesta feminista del primero. A veces las osadías se marchitan pronto. Además, las mujeres francesas tuvieron que esperar hasta 1944 para tener reconocido el derecho de voto. ¡Han transcurrido solo 75 años!

El mundo ha envejecido mal durante estos 80 años desde que Hitler comenzó aquella guerra devastadora. La extrema derecha vuelve a los gobiernos de Europa y su influencia es obvia en el seno de la UE

La historiadora Lynn Hunt cuenta en La historia. ¿Por qué importa?  (Alianza, 2019), que el Departamento de Historia de la Universidad de California, Berkeley, en 2017 solo contaba con nueve mujeres entre los veintiséis profesores titulares, y el de la Universidad de Sídney trabajaban quince mujeres de treinta y siete profesores. En la sección de Historia Contemporánea y Mundo Actual del Departamento de Historia y Arqueología de la Universidad de Barcelona, que es donde yo trabajo, ahora mismo están contratadas siete mujeres, entre treinta y cuatro profesores, ninguna de ellas es catedrática. Solo lo son cinco hombres. Las catedráticas son hoy dos profesoras eméritas, las todavía activas, a pesar de estar jubiladas, Mary Nash y Susanna Tavera. Andamos como los cangrejos: a la precariedad laboral hay que sumarle, también, esta discriminación sutil pero persistente contra las mujeres. En la facultad no tenemos profesores negros ni magrebíes. Y no será porque Catalunya no sea una sociedad mestiza o porque en las aulas no se pueda ver esta diversidad. No piensen ustedes que en el Reino Unido, paradigma del multiculturalismo, la cosa sea mejor. Hunt aporta en su libro los datos de la Higher Education Statistics Agency (HESA) y son muy reveladores: el curso 2015-2016, menos del 2% del personal académico contratado por las universidades británicas era negro y tan solo un exiguo 8% era asiático. ¡Boris Johnson no es el culpable de todo lo que ocurre en ese país!

El mundo ha envejecido mal durante estos 80 años desde que Hitler comenzó aquella guerra devastadora. La extrema derecha vuelve a los gobiernos de Europa y su influencia es obvia en el seno de la UE. Un día Tadjani excusa Mussolini y al día siguiente un juez español protege la memoria de Franco, el macabro dictador que incluso banalizan algunos de los antiguos ministros del PSOE por pura xenofobia anticatalana. La democracia se hunde por la falta de resistencia de los demócratas y porqué muchos intelectuales, antes libres, se han convertido, contraviniendo la recomendación de Camus, en militantes que escriben. Estamos inmersos en la era de la extrema fragilidad de todo. Y de todo el mundo. Las democracias, afirma Achille Mbembe en Polítiques de l’enemistat (Alfons el Magnànim, 2019), “se han convertido en imprevisibles y paranoicas”, enemigas del pluralismo, que han convertido en un ornamento, en cuanto que falsas reguladoras de la diversidad propia de la humanidad. El triunfo de políticos iliberales en los EE. UU., Rusia, Hungría, Italia, Kenia, Tanzania, Brasil, China o España, entre algunos estados consolidados, demuestra la senectud planetaria de la democracia cuando los gobiernos están en manos de los Trump, Putin, Orbán, Erdogan, Xi Jinping, Kenyatta, el príncipe Mohammed bin Salman, Kim Jong Un, Museveni o el nacionalista español Josep Borrell, entre otros muchos dirigentes que intentan encerrar el mundo actual en la caverna. El gran Chéjov dio un consejo a un joven dramaturgo que por lo que parece algunos políticos de todos los tiempos siguen a pies juntillas: “Si en el primer acto dices que hay una pistola colgada en la pared, en el segundo o en el tercer acto esa pistola debe ser activada”. En eso estamos.

Jordi Barbeta
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Bernat Dedéu
Opinión Desencanto Bernat Dedéu