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Cada vez que llega el momento de repostar, muchos conductores se hacen la misma pregunta. ¿Merece la pena pagar más por la gasolina de 98 octanos? La respuesta de la mayoría de mecánicos es que, en un coche diseñado para funcionar con gasolina de 95, gastar dinero en combustible premium suele ser una inversión inútil. En algunos casos, incluso puede considerarse una forma elegante de vaciar la cartera sin obtener ningún beneficio real.

Parte de la confusión se debe a una idea muy extendida. Mucha gente cree que la gasolina más cara es automáticamente mejor. Sin embargo, el número de octanos no mide la calidad del combustible. Tampoco indica que tenga más potencia o más energía. Lo que realmente señala es su capacidad para resistir detonaciones prematuras dentro del motor. Por esa razón, la gasolina de 98 octanos está pensada para mecánicas muy concretas.

Gasolinera Barcelona archivo Europa Press

La gasolina 98 no es para cualquier coche

Principalmente motores de alta compresión, deportivos de elevadas prestaciones o determinados modelos premium desarrollados para aprovechar sus características. En estos vehículos sí puede marcar diferencias en rendimiento, suavidad de funcionamiento y eficiencia.

La situación cambia por completo cuando hablamos de coches convencionales. Si el fabricante recomienda utilizar gasolina de 95 octanos, el motor ha sido diseñado específicamente para funcionar con ella. La electrónica, la gestión de la inyección y los parámetros de combustión están optimizados para ese combustible. Utilizar una gasolina superior no modifica esas configuraciones.

Gasolinera. Foto Freepik

No hará daño a tu motor, pero sí a tu bolsillo

Los talleres insisten en que no aparecerán milagros. El coche no correrá más. Tampoco gastará menos combustible. Ni aumentará significativamente su autonomía. Muchos usuarios creen notar mejoras, pero en la mayoría de ocasiones se trata simplemente de una percepción subjetiva. Los datos reales rara vez muestran diferencias apreciables en un vehículo normal.

Además, el ahorro potencial puede ser importante a largo plazo. La diferencia de precio entre ambos combustibles puede parecer pequeña en cada repostaje. Sin embargo, sumando depósitos durante todo un año, la cifra final puede ascender a varios cientos de euros. Dinero que podría destinarse a mantenimiento, neumáticos o revisiones mucho más útiles para la salud del vehículo.