Parece realmente sorprendente que, después de todos los fiascos de gestión que ha tenido, muchos de ellos en Catalunya, el ministro de Transportes, Óscar Puente, aún continúe en el cargo. Le debe ayudar ese tono chulesco que utiliza y que utiliza como parapeto ante las críticas, y sobre todo su enorme capacidad para hablar solo de lo que él quiere: espadachín de Pedro Sánchez ante las críticas de la derecha y dardo siempre afilado contra la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Nada que decir en estas dos facetas tuiteras, pero resulta que es ministro, tiene unas responsabilidades y es exigible que su departamento funcione. Si no, que se vaya o le cesen. Cosa que no sucederá, ni la una ni la otra.
El bochornoso caos de los trenes este miércoles en Catalunya, con motivo de los desplazamientos hacia el sur del país, no ha merecido en todo el día ningún comentario suyo. Su tiempo en las redes sociales estaba en Sánchez y Ayuso. El responsable de Adif en Tarragona, Benjamín Mola, ha admitido que ha habido un problema de previsión. Suena a broma de mal gusto, pero eso es lo que ha dicho el responsable. También que a partir de las 21 horas había empezado a utilizar el servicio muchísima gente, coincidiendo con el final del eclipse. ¿En qué mundo vive el tal Mola? Porque la Generalitat había recomendado a los ciudadanos utilizar el tren para hacer desplazamientos a las comarcas del sur de Catalunya.
El bochornoso caos de los trenes este miércoles en Catalunya no ha merecido en todo el día ningún comentario del ministro Óscar Puente
¿Y por encima de Mola, nadie lo había supervisado? Vayamos a Renfe, cuyos responsables han señalado que pusieron todos los esfuerzos, pero que hay un problema de material: "Desgraciadamente, no tenemos más trenes". La única solución que se le ocurría era "dejar de dar servicio al resto de viajeros del territorio". Por cierto, ¿esa utilización cada vez más habitual de la expresión territorio qué es? ¿Tanto cuesta decir Catalunya o el país? Ya sé que responde a una estrategia de lenguaje político y mediático, pero la utilización abstracta de Catalunya como un espacio administrativo es un serio retroceso identitario.
Este mismo jueves, la compañía Vueling ha anunciado que recuperaba el puente aéreo Barcelona-Madrid a partir del 5 de octubre, un año y medio después de anunciar que dejaba de ofrecer esta ruta. Cuando Vueling lo abandonó, el tren estaba ganando claramente la batalla al avión, pero la crisis del AVE en febrero de 2026 ha hecho cambiar todas las previsiones. Ya hay suficientes datos para asegurar que los cortes en el trayecto del AVE, las limitaciones de velocidad, las incidencias y la reducción de circulaciones han favorecido al tráfico aéreo. El viajero que quiere ir y volver al día, y necesita una agenda cerrada de reuniones, no puede confiar hoy en la alta velocidad.
Pero, claro, de eso el ministro Puente tampoco quiere hablar. Y eso que ha sido reprobado en el Congreso de los Diputados hasta tres veces y otra más en el Senado. Y ahí sigue.