Iván Ramírez, mecánico especializado en vehículos eléctricos, ha lanzado una advertencia directa en sus redes sociales sobre los hábitos de carga que están adoptando muchos conductores. “Mucha gente está destrozando la batería de su coche eléctrico sin saberlo”, afirma, en referencia a prácticas cotidianas que, repetidas en el tiempo, aceleran la degradación del componente más costoso del vehículo.
La batería de iones de litio es el elemento central de cualquier coche eléctrico. De su estado depende la autonomía real, la eficiencia energética y el valor residual del automóvil. Aunque los sistemas electrónicos de gestión protegen el acumulador frente a fallos críticos, la forma en que se utiliza y se recarga influye de manera decisiva en su envejecimiento progresivo.
No es ningún secreto que la preocupación por la autonomía lleva a muchos usuarios a priorizar siempre la máxima carga disponible. Sin embargo, mantener la batería en determinados extremos puede resultar contraproducente a medio y largo plazo.
Cargar al 100 % y agotar la batería: hábitos que aceleran el desgaste
Uno de los errores más frecuentes consiste en cargar el vehículo hasta el 100 % de manera habitual. Aunque el sistema lo permita y el indicador marque batería completa, este nivel supone una mayor tensión química para las celdas. Las baterías de iones de litio funcionan en condiciones más estables cuando se mantienen en rangos intermedios de carga.
Los especialistas recomiendan establecer un límite diario en torno al 80 %, reservando la carga completa únicamente para desplazamientos largos o situaciones puntuales. Este margen reduce el estrés interno y ayuda a conservar la capacidad útil durante más tiempo.
En el extremo opuesto, permitir que la batería se descargue completamente hasta el 0 % tampoco es recomendable. Agotar de forma reiterada el acumulador somete a las celdas a un esfuerzo adicional que contribuye a su deterioro. Lo más adecuado es conectar el vehículo cuando el nivel desciende aproximadamente al 20 %. Mantener la carga entre el 20 % y el 80 % favorece un equilibrio más saludable para el sistema.
Este patrón no es una simple recomendación teórica, sino una consecuencia directa de la química interna de las baterías. Los extremos de carga implican mayores tensiones y una degradación más rápida de los materiales activos.
El impacto de la carga rápida y el factor térmico
Otro de los aspectos que señala Iván Ramírez es el uso intensivo de la carga rápida en corriente continua. Su principal ventaja es la reducción del tiempo de espera, algo especialmente valorado en viajes largos. Sin embargo, este tipo de recarga implica potencias elevadas y una generación de calor considerable.
Lo destacable en este caso es que la temperatura es uno de los principales enemigos de las baterías de iones de litio. El calor acelera los procesos químicos internos que reducen progresivamente la capacidad de almacenamiento energético. Aunque los sistemas de refrigeración mitigan parte de este efecto, el uso frecuente de carga rápida incrementa el estrés térmico del conjunto.
Siempre que sea posible, la carga lenta en corriente alterna resulta más adecuada para el uso diario. Este método permite una transferencia de energía más gradual y estable, reduciendo el impacto sobre las celdas.
Adoptar hábitos como evitar cargas constantes al 100 %, no agotar la batería y priorizar la recarga lenta contribuye a prolongar la vida útil del acumulador. La gestión adecuada de la batería no solo influye en la autonomía inmediata, sino también en la durabilidad y el rendimiento del vehículo eléctrico a lo largo de los años.
