La renovación de Marc Márquez con Ducati Lenovo Team se ha convertido en uno de los movimientos estratégicos más relevantes del actual mercado de MotoGP. Tras reencontrarse con la victoria y recuperar sensaciones sobre la Desmosedici, el escenario lógico parecía una continuidad inmediata. Sin embargo, el retraso en el anuncio oficial y las condiciones contractuales que se están negociando evidencian que la operación es más compleja de lo que aparenta.

El mercado de fichajes en la categoría reina se activa cada vez con mayor antelación, pero en este caso las conversaciones avanzan con cautela. La clave no estaría en las cifras económicas, sino en la duración del compromiso. Márquez pretende un contrato de 1+1 temporadas, es decir, un primer año garantizado con opción a un segundo, mientras que Ducati preferiría un acuerdo cerrado por dos cursos.

Esta diferencia no es menor. En 2027 entrará en vigor un nuevo reglamento técnico que redefinirá el equilibrio competitivo entre fabricantes. La incertidumbre es total para todas las fábricas, y ese horizonte condiciona las decisiones actuales. Mantener margen de maniobra se convierte en una prioridad estratégica para cualquier piloto que aspire a seguir luchando por títulos.

El trasfondo del 1+1 y la sombra de Honda

No es ningún secreto que el cambio normativo altera las perspectivas deportivas de medio plazo. En ese contexto, la fórmula 1+1 permitiría a Márquez evaluar el rendimiento real de Ducati en el nuevo ciclo antes de comprometerse a largo plazo. Si la marca italiana mantiene su hegemonía, la continuidad sería natural. Si el equilibrio se desplaza, el piloto conservaría libertad para explorar alternativas.

Marc Marquez Ducati

Ahí es donde aparece con fuerza el nombre de Honda. La firma japonesa mostró signos de recuperación en la recta final de 2025 y dentro del paddock se percibe optimismo respecto a su adaptación al reglamento de 2027. Un eventual regreso del ocho veces campeón no es una hipótesis descartada en determinados círculos.

La relación histórica entre Márquez y Honda añade un componente emocional y estratégico. La marca japonesa fue el pilar de su etapa más exitosa y, en un contexto de reinicio técnico, la posibilidad de reconstruir un proyecto ganador desde cero adquiere atractivo. La simple existencia de esa opción refuerza la posición negociadora del piloto frente a Ducati.

Ducati ante una decisión estructural

Para Ducati, aceptar un contrato 1+1 implica asumir una incertidumbre que no encaja del todo con su modelo de estabilidad deportiva. La marca italiana ha consolidado una estructura competitiva sólida y aspira a continuidad en su alineación oficial. Un acuerdo de dos años ofrecería previsibilidad tanto en el plano técnico como en el estratégico.

Por otro lado, la dimensión deportiva y mediática de Márquez le otorga capacidad para marcar los tiempos del mercado. Su decisión condiciona movimientos en cadena: otros pilotos, equipos satélite y fabricantes aguardan antes de cerrar acuerdos definitivos. La negociación no es únicamente bilateral; afecta al ecosistema completo de la categoría.

Cabe destacar que la discusión no gira en torno al salario, sino al control del futuro. En un entorno donde las transiciones reglamentarias redefinen jerarquías, conservar flexibilidad puede resultar más valioso que asegurar estabilidad inmediata. Márquez busca mantener el poder de decisión en un momento clave para el campeonato.

La resolución del contrato marcará el rumbo de la próxima etapa en MotoGP. Si Ducati cede a la fórmula 1+1, consolidará la continuidad a corto plazo pero asumirá un riesgo estratégico en 2027. Si exige dos temporadas cerradas, forzará una definición más contundente por parte del piloto. En cualquier caso, el desenlace no dependerá de cuestiones económicas, sino del equilibrio entre ambición deportiva, planificación técnica y capacidad de anticipación ante el nuevo ciclo reglamentario.