La Dirección General de Tráfico ha introducido una modificación de calado en el sistema de obtención del permiso de conducir que afecta directamente al examen práctico. El cambio se centra en el tipo de vehículo utilizado durante la prueba y supone una adaptación normativa a la evolución del mercado automovilístico. La medida redefine el modo en que los aspirantes pueden acceder a la conducción de vehículos con cambio manual o automático.
Hasta ahora, quienes se examinaban con un coche automático obtenían el permiso con una limitación específica que les impedía conducir vehículos con cambio manual. Esa restricción obligaba a repetir el examen práctico completo si posteriormente se quería eliminar la condición. El nuevo enfoque modifica este esquema y elimina la necesidad de volver a someterse a toda la prueba.
Formación adicional en lugar de nuevo examen
La principal novedad consiste en que los aspirantes podrán examinarse con un vehículo automático sin quedar vinculados de forma permanente a ese tipo de transmisión. Si más adelante desean conducir un coche manual, no deberán repetir el examen práctico, sino completar una formación adicional de siete horas en una autoescuela.
Este sistema introduce un modelo más flexible que distingue entre la evaluación inicial de aptitudes para conducir y la ampliación de competencias específicas. El conductor que obtiene el permiso con automático demuestra igualmente dominio del tráfico, respeto por la señalización, capacidad de anticipación y control del vehículo, aunque sin gestionar embrague y cambio de marchas.
Cabe destacar que el cambio responde a una transformación estructural del mercado. La proliferación de vehículos electrificados e híbridos, que funcionan exclusivamente con transmisión automática, ha reducido de forma notable el peso del cambio manual en las matriculaciones recientes. En este contexto, mantener la obligatoriedad práctica del manual como única vía sin restricciones empezaba a perder coherencia con la realidad tecnológica.
La medida no elimina la posibilidad de conducir vehículos manuales, pero sí reorganiza el proceso para acceder a esa habilitación. La formación adicional actúa como un complemento específico, centrado en la técnica del embrague, la coordinación de marchas y el control del vehículo en situaciones propias de este tipo de transmisión.
Adaptación normativa a la nueva movilidad
El debate sobre si examinarse con automático supone una vía más sencilla pierde relevancia al analizar el fondo de la reforma. Lo destacable en este caso es que la modificación no reduce la exigencia general del examen práctico, sino que ajusta el modelo formativo al tipo de vehículo predominante en el mercado.
La conducción segura no depende exclusivamente del uso del embrague, sino de la capacidad para interpretar el entorno, reaccionar ante imprevistos y mantener el control del vehículo en cualquier circunstancia. El nuevo sistema reconoce esta realidad y permite que la obtención del permiso se adapte al perfil tecnológico del automóvil actual.
Al mismo tiempo, la exigencia de una formación reglada para conducir un manual garantiza que quienes deseen ampliar sus competencias reciban instrucción específica antes de hacerlo. Este enfoque modular introduce coherencia entre la evolución del parque móvil y la normativa de acceso a la conducción.
La reforma marca un punto de inflexión en el modelo tradicional del carnet de conducir. La transmisión automática deja de ser una excepción condicionada y pasa a integrarse plenamente en el sistema, reflejando la transformación progresiva de la automoción hacia soluciones cada vez más automatizadas.
