La Dirección General de Tráfico (DGT) ha reforzado su posicionamiento en torno al futuro del automóvil en España con un mensaje claro: el fin de los combustibles fósiles es un objetivo estratégico. Su director, Pere Navarro, ha explicitado el horizonte temporal que marcará la transformación del parque móvil en la próxima década.
“El objetivo es acabar con los combustibles fósiles. Punto. En 2035 prohibir matricular este tipo de vehículos. Es ideal para España. No tenemos petróleo y si alguien en Europa tiene sol, viento e hidráulica somos nosotros”, ha afirmado Navarro. Sus declaraciones sitúan el foco en la prohibición de matricular vehículos nuevos de gasolina y diésel a partir de 2035, en línea con el calendario marcado por la Unión Europea.
El planteamiento no implica la retirada inmediata de los coches de combustión actualmente en circulación, pero sí fija una fecha de cierre para su comercialización como vehículos nuevos. De este modo, la próxima década se perfila como un periodo decisivo para la electrificación del transporte en España.
2035 como punto de inflexión para el mercado
La prohibición de matricular nuevos vehículos de combustión a partir de 2035 marcará un antes y un después en la industria automovilística. Fabricantes, concesionarios y proveedores deberán adaptar su oferta a un escenario dominado por modelos eléctricos o de cero emisiones.
En este sentido, la medida busca acelerar la transición energética y reducir la dependencia de los combustibles fósiles importados. España carece de recursos petrolíferos propios, pero dispone de un elevado potencial en energías renovables, especialmente solar, eólica e hidráulica. Este contexto energético es uno de los argumentos que refuerzan la estrategia defendida por la DGT.
No es ningún secreto que el transporte por carretera representa una parte significativa de las emisiones contaminantes. La electrificación del parque móvil se presenta como una herramienta clave para cumplir los compromisos climáticos y avanzar hacia un modelo más sostenible.
El cambio, sin embargo, plantea desafíos relevantes. La red de infraestructuras de recarga deberá ampliarse de forma considerable para absorber un aumento masivo del vehículo eléctrico. Asimismo, la evolución tecnológica de las baterías y la reducción de costes serán factores determinantes para consolidar esta transición.
Un proceso gradual con impacto a largo plazo
Aunque el horizonte de 2035 puede parecer cercano, el impacto sobre el parque móvil será progresivo. Los vehículos de combustión ya matriculados podrán seguir circulando más allá de esa fecha, aunque previsiblemente con mayores restricciones en determinadas áreas urbanas y bajo una presión fiscal creciente.
Cabe destacar que la edad media del parque automovilístico español supera ampliamente la década, lo que ralentizará de forma natural la sustitución completa por modelos eléctricos. Aun así, la prohibición de nuevas matriculaciones establecerá un límite estructural que condicionará las decisiones de compra en los próximos años.
Lo destacable en este caso es que la estrategia no se limita a una cuestión medioambiental, sino que incorpora una dimensión económica y geopolítica. Reducir la dependencia energética exterior y aprovechar el potencial renovable nacional se presentan como pilares de la hoja de ruta.
La próxima década será determinante para medir la capacidad de adaptación del sector y de los consumidores. La desaparición de los combustibles fósiles como opción para nuevos vehículos redefine el mercado y anticipa un cambio profundo en la movilidad tal y como se ha entendido durante más de un siglo.
